Estas son las mujeres que luchan contra el cambio climático en México


Desde antes del amanecer, las redes sociales se llenaron de imágenes que mostraban una ciudad distinta. Era un hecho inusual que no se registraba desde hace seis años. Roma, la capital de Italia, había sido cubierta por la nieve. El Coliseo, el Vaticano y otros monumentos históricos fueron arropados por una inusual cobija blanca. A 1,500 kilómetros al norte, en París, Francia, la temperatura alcanzó los -3 grados centígrados. Europa había sido cubierta por el frío.

Debido al mal clima, Anne Hidalgo, alcaldesa parisina, tuvo que cancelar su visita a la Ciudad de México, donde sería protagonista de un foro sobre cambio climático. Irónicamente, los posibles efectos de ese fenómeno en su ciudad le habían impedido viajar. El evento, realizado la semana pasada, fue convocado por Women4Climate, un movimiento creado por la red mundial C40 que busca apoyar proyectos locales de mujeres que tengan como fin reducir las emisiones de carbono.

La Ciudad de México fue la segunda urbe, después de París, en apoyar los programas de Women4Climate. Por ello, desde el año pasado se lanzó un concurso para elegir a diez mujeres con proyectos innovadores que impulsen cambios ambientales en la capital mexicana. Después de varios meses de estudiar las 76 propuestas que llegaron, se eligieron a las ganadoras.

Estos son tres de los proyectos seleccionados:

Aprovechamiento del agua

Juana Martínez vive en Iztapalapa. Es ingeniera química por la Universidad Nacional Autónoma de México y se ha especializado en la protección ambiental, en el cuidado y suministro de agua y diseña sistemas de tratamiento del líquido y estudios de impacto ambiental.

Su interés por el medio ambiente surgió debido a que la escasez de agua es algo común en su colonia: Lomas de la Estancia. Cuando era niña y abría el grifo del lavadero o del lavabo, apenas caían unas gotas que resultaban insuficientes para lavar los trastes o enjuagarse las manos. Han pasado los años y la situación no ha cambiado en la zona a pesar de que regularmente es abastecida con pipas de agua.

El proyecto que la hizo parte de Women4Climate se llama Las favelas en Iztapalapa: una oportunidad de entender su formación y formas de vida para la contención de la mancha urbana. Consiste en analizar las capacidades de adaptación de los vecinos de Iztapalapa que habitan en asentamientos a los cuales no llega el líquido.

—¿Qué mecanismos han desarrollado para hacer frente a la escasez de agua?

—En la delegación no existe algún proyecto gubernamental para crear un sistema de captación de agua. Pero entre los vecinos se han creado métodos para aprovecharla al máximo. Uno de ellos es la recolección del líquido, por medio de cubetas, cuando llueve o al bañarse, para después utilizarlo para limpiar el patio o al jalar la palanca del inodoro.

El aumento en la temperatura y la sequía son consecuencias evidentes del cambio climático, por lo que se prevé que la Ciudad de México requería en un futuro más agua para satisfacer las necesidades hídricas de sus habitantes.

Pero también los desastres naturales agravan el problema. La escasez del líquido, producto del sismo del pasado 19 de septiembre afectó a colonias como la Narvarte y la Roma. Durante semanas sus habitantes sufrieron lo que viven diariamente los vecinos de Iztapalapa.

Juana considera que sería de gran utilidad compartir los métodos que usan las personas de su demarcación para enfrentar este problema que es cada vez más frecuente en el centro de la ciudad. Para hacerlo propone realizar encuestas y entrevistas a los afectados, con el fin de plasmar en un documento la capacidad para adaptarse a la falta del líquido y a partir de éste generar políticas públicas para beneficio de los capitalinos.

Movilidad sin autos

El eslabón perdido entre individuos motorizados y una sociedad multimodal es el proyecto de Marianely Patlán, una urbanista que propone reducir el uso del automóvil particular en la ciudad para disminuir las emisiones de carbono y los efectos del cambio climático. Para lograrlo, busca explicar de qué forma nos movemos en la CDMX.

Asegura que para escoger qué medio de transporte usaremos en el día, hombres y mujeres nos fijamos en distintos factores. Los hombres, por ejemplo, buscan rapidez y comodidad, mientras que las mujeres anteponen su seguridad.

—¿Cómo funciona el factor de la seguridad para la elección de trasporte?

—Hemos identificado que una mujer elige en qué viajar tomando en cuenta la ropa que lleva puesta. No es lo mismo si trae vestido, falda o pantalón; eso influye para optar por un taxi, un microbús o un uber. Si vive en la periferia de la ciudad evita lugares inseguros y con mucha afluencia de gente como el metro, a pesar de que sea más barato.

Además de que en su proyecto ha descubierto que la elección del transporte se condicionan al género y a la percepción de seguridad en el espacio público, también toma en cuenta la exposición a los contaminantes.

La urbanista considera que el medio de transporte ideal para moverse por la ciudad es la bicicleta. Ella lo usa cotidianamente porque además de brindarle mayor libertad, la hace sentirse más segura en las calles y contamina menos.

Pero comenta que es difícil usar bici cuando las distancias que se recorren diariamente son muy largas, por eso, busca brindar alternativas para que las personas elijan el medio más amigable con la naturaleza y que se adapte a las exigencias de cada ciudadano.

“Debemos analizar las necesidades individuales de los usuarios para que decidan cuál es el transporte más eficiente para ellos. Si lo logramos, tendremos una política de movilidad en la que sea prescindible el uso del automóvil particular. La idea es mover menos vehículos y más personas. Si lo logramos tendremos una ciudad más accesible para la gente y más justa con el medio ambiente”.

Concreto auto reparable

Otra iniciativa ganadora es la de Renée Mors, maestra en ingeniería civil por la Universidad Tecnológica de Delft, Holanda, y especialista en Construcción de Edificios, por la Universidad de Ciencias Aplicadas de Amsterdam. Se trata de un proyecto en materia de construcción para que la industria afecte lo menos posible al ecosistema.

Su nombre: Intercambio de experiencias alrededor de la aplicación de materiales auto reparables en la industria de la construcción sustentable. Renée busca que el concreto, uno de los materiales más usado en las edificaciones, se mezcle con bacterias para que alargue su vida útil.

La iniciativa del concreto auto sutentable surgió hace diez años y tomó de inspiración al ajolote, un animal endémico mexicano que tiene la capacidad de regenerar sus tejidos.

—¿Cómo funcionan las bacterias en el concreto?

—Las bacterias que se le agregan a la mezcla del concreto se encuentran en la inmediaciones de zonas húmedas como los lagos. Son altamente alcalinas y tienen un pH muy alto, que al entrar en contacto con el agua producen minerales que actúan bloqueando las grietas que se puedan presentar en el material.

El innovador elemento de construcción es ideal para usarse en tuberías de sistemas de agua, y gracias a sus propiedades reduce fisuras y gastos de reparación.

Su creadora aspira a que en los próximos años este tipo de materiales auto reparables dominen la industria y con ello se reduzca la propagación de carbono en la atmósfera que en algunos casos, como en la fabricación de cemento —un componente del concreto—, representa el 90 por ciento de las emisiones mundiales en los procesos industriales.

***

Otras de las iniciativas ganadoras son: Mariana Silva con Fomentar el mejor aprovechamiento racional de la energía en vivienda y pequeñas y medianas empresas en la ciudad, María Toledo con Conservación y planeación del bosque urbano de la Ciudad de México como estrategia ante el Cambio Climático y Diana Peniche con Manejo energéticamente eficiente del recurso pluvial.

También está Dora Napolitano quien presentó Zurciendo el Planeta – familias sostenible, Olga Macías y el Congreso sustentable: Por una menor huella de carbono, Adriana Ruiz con Valorización de los residuos orgánicos para la producción de energías limpias y Areli Carreón cuyo proyecto es el Vivero de empleos cero carbono.

Durante nueve meses las mujeres desarrollarán su trabajo acompañadas por varios tutores como Marinela Servitje, directora general de Siete Colores; Manuel Perló, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM; Carlos Enrique Galindo, director de Divulgación Científica de Conabio; Adrián Fernández, director de la Iniciativa Climática México y Sharon Fastlicht Kurian de Azcárraga, presidenta del Fideicomiso del Bosque de Chapultepec, entre otros.

Las diez mujeres buscan que a final de año sus proyectos comiencen a generar cambios para que en un futuro cercano las personas de la Ciudad de México y sus alrededores vivamos en un entorno más amigable con el medio ambiente y sean menores los efectos del cambio climático en nuestras vidas.

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