Dormí con una manta de 11 kilos para tratar mi ansiedad


Yo nunca había tenido problemas para dormir, pero desde hace unos años, me convertí en una de “esas personas” incapaces de dormir hasta después de las 7 AM, ni siquiera los fines de semana. No paro de dar vueltas cada pocas horas y generé la molesta costumbre de despertarme a las 4 AM y no lograr conciliar el sueño hasta dos minutos antes de que suene el despertador.

El porqué de mi insomnio no es ningún misterio. Sufro ansiedad y me cuesta hacer a un lado mis pensamientos. Tampoco ayuda que lo último que haga sea consultar el celular o la computadora antes de acostarme. Aunque no bebo café, es como si mi cerebro fuera capaz de producir alguna sustancia excitante por sí mismo.

Hace poco salió a la venta Gravity, una manta con un peso añadido y que promete dulces y profundos sueños a todo el que la utiliza. Estas mantas, cuyo peso oscila entre los 7 y los 11 kilos, ya se han utilizado ocasionalmente en contextos médicos, pero la manta Gravity no tiene el aspecto de una clásica manta de hospital. Describen al producto como hecho para el “bienestar” y se comercializa en agradables tonos neutros y tejidos confortables; la campaña de Kickstarter logró recaudar 4,729,263 de dólares de los 21,500 que tenía como objetivo.

Inmediatamente supe que quería probar Gravity y escribir al respecto. Como todavía no estaba disponible, me conformé con probar la BlanQuil, una de las varias imitaciones que han surgido a raíz del éxito de Gravity en Kickstarter. Según las reseñas que leí, supuestamente escritas por otros periodistas insomnes como yo, la BlanQuil también obraba maravillas.

Yo también quería disfrutar de “un sueño tan profundo que por la mañana me levantara muy descansada”, escribió la redactora del New Yorker, Jia Tolentino. Los chicos de BlanQuil me enviaron una de sus mantas gratis para que la probara; su precio es de 169 dólares, poco menos que la manta Gravity, que se vende por 249 dólares.


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Luego de recibir la manta en el trabajo, me la llevé a casa en taxi (¡pesa mucho!) y la abrí de inmediato. Los de BlanQuil también se aplicaron mucho con la estética. La manta tiene un tacto increíble y queda genial en mi cama. La mayoría de estas mantas se rellenan con algún tipo de cuentas para aportarles peso. La BlanQuil parecía una manta normal, el peso no hacía que se resbalara hacia un lado. Eso sí, era un poco difícil de manejar, así que esa noche le pedí a mi pareja que me ayudara a taparme y apagara la luz, mientras yo me preparaba para adentrarme en el sueño más profundo que había tenido jamás.

Una hora después, me desperté. Empecé a moverme, incómoda, bajo el peso de la manta y durante un breve instante me invadió una sensación de pánico. La sensación no era maravillosa, sino más bien aplastante. Encendí el ventilador y lo orienté directamente hacia mí. Quizá era por el calor.

Pasó otra hora y ya estaba despierta otra vez. Saqué una pierna fuera de la manta y sentí un alivio tremendo al no notar su peso. Al rato, volví a meter la pierna a regañadientes e intenté volver a conciliar el sueño. Seguí moviéndome y dando vueltas, como es habitual en mí, aunque esta vez bajo lo que parecía la presión de una mano enorme que me empujaba contra la cama. Al final me cansé, me destapé y tiré la manta al suelo. Aaah… qué alivio. Me sentía ligera como una nube y volví a notar la suavidad de las sábanas debajo de mí.

Varias horas después, a las 5 AM, volví a despertarme, cansada y de mal humor. Eché una mirada de rencor a la BlanQuil. ¿Dónde estaba mi experiencia de sueño trascendental? Miré a mi compañero, que dormía como un bebé. Él tiene la suerte de quedarse jetón momentos después de acomodar la oreja en la almohada, sin importar que afuera haya obras, niños llorando o aspiradoras en marcha. Sus 8 o 10 horas de sueño no se las quita nadie. Antes de salir de casa, le echo la manta BlanQuil por encima.

Luego de unas horas, recibo un mensaje suyo diciendo que le ENCANTA la manta, que no sabía cómo explicarlo, pero que desde que se la puse había dormido aun más profundamente de lo habitual. Como si lo “hubieran soltado en un agujero negro”, sus palabras. Han pasado varias semanas y todavía dice que no puede dormir sin ella. Pero, ¿por qué no funcionaba conmigo la BlanQuil?

Según la empresa que la fabrica, soy la candidata perfecta para este producto, porque está recomendada para el insomnio, el TOC y la ansiedad. Cumplía todos los requisitos. Sin embargo, la manta Gravity también ha sido noticia por sus beneficios, que la periodista Megan Thielking, de STAT News, puso en duda. A raíz de ese artículo, los creadores se vieron obligados a cambiar la descripción del producto en Kickstarter para que no contraviniera las recomendaciones de la FDA.

Antes, la campaña decía: “Los hechos científicos en los que se basa Gravity demuestran que puede usarse para tratar dolencias como el insomnio, el trastorno de estrés postraumático, el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el estrés circunstancial y los estados de ansiedad prolongados”. Después de publicarse el artículo, la descripción señalaba que la manta podía “usarse” para esos trastornos, pero no para tratarlos.

Al parecer, nadie se ha molestado todavía en cuestionar la efectividad de la manta BlanQuil, que sus creadores anuncian en su web:

MyBlanQuil.com

“Una manta pesada puede servir para tratar dolencias en personas de cualquier edad. Ya sea por un trastorno del desarrollo, autismo, dolor crónico o un trastorno emocional, la manta BlanQuil proporciona un alivio inmediato de estos síntomas”.

No me había parado a estudiar el sitio web de BlanQuil detenidamente antes de probar la manta, pero cuando lo hice, me alarmó leer la cantidad de dolencias que aseguraba poder “tratar” y para las que podía ofrecer un alivio “inmediato”.

Los creadores de esta manta explican en su página que el producto funciona mediante la estimulación con presión, “un reconocido método terapéutico que estimula los puntos de presión del cuerpo”. Sí es cierto que este tipo de mantas se han usado para ayudar a niños con autismo y en personas con demencia prematura. BlanQuil menciona estas aplicaciones:

MyBlanQuil.com

HECHOS CIENTÍFICOS
Aunque la comunidad médica utiliza mantas pesadas desde hace años, sus beneficios han empezado a darse a conocer recientemente gracias a estudios científicos. Hasta ahora, los resultados son increíbles. BlanQuil utiliza las ventajas de la “estimulación mediante presión profunda”, un reconocido método terapéutico con el que se estimulan los puntos de presión del cuerpo que favorecen el descanso, el estado de ánimo y la relajación.

Sin embargo, yo sólo he leído unos pocos estudios y ninguno calificaría como “increíble”· Uno de ellos, una breve investigación, analizaba de qué modo afectaba la manta a 32 personas saludables sin dolencias previas. El estudio reveló que el producto ayudó al 63 por ciento de los participantes a dormir mejor. Lo malo es que no se hizo la prueba con un grupo control ni otro placebo, limitaciones que los autores y otros expertos mencionan en sus trabajos.

También se llevó a cabo otro estudio en la “sala sensorial” de un centro psiquiátrico, en la que la manta pesada era una de las herramientas que podían usar los pacientes. Pero, tal como señalaba STAT, mientras que las personas que usaban la manta mostraban menos ansiedad, también lo hacían las personas que no la usaban. El estudio no era ciego, por lo que cabía la posibilidad de que “los participantes afirmaran notar los efectos positivos simplemente porque se les había inducido a pensarlo”.

Es cierto que no resulta fácil hacer un estudio doble ciego controlado con placebo de una manta pesada (¿cómo puedes no saber si te han dado una manta pesada?), pero tampoco creo que sea imposible, y hasta que no se haga uno, yo dudaría dos veces en usar el calificativo “increíble”. En vista de lo sesgado de la información de la página de BlanQuil, decidí hablar con varios expertos del sueño para que me dieran su opinión.

“Espero que no pienses que soy demasiado directo si te pregunto: Shayla, ¿te gusta que te abracen?”.

Quien me hace la pregunta es Philip Muskin, psiquiatra y especialista del sueño en el Centro Médico de la Universidad de Columbia. Hago una pausa antes de responder. La respuesta sincera es que no mucho, la verdad. Depende de quién me abrace. No me importa, pero no es una forma de afecto que me salga de forma natural.


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“Hay gente a la que le gusta mucho el contacto con los demás”, continúa Muskin. “Incluso venden esas almohadas del tamaño de un cuerpo, y ¿para qué? Pues porque hay gente a la que le gusta la sensación de estar abrazado a algo. Luego hay personas a las que les encanta dormir en una cama enorme sin nadie cerca. No consideramos que la gente a la que le gusta abrazar almohadas sea mejor o peor, ni tampoco a los que le dan un beso de buenas noches a su pareja y se apartan para dormir tranquilos”.

“No es que seas rara”, me asegura. Es simplemente que hay gente a la que no le gusta esa sensación, y seguramente a esa misma gente es a la que no le gustaría dormir con una manta pesada.

Muskin me recuerda que los humanos somos complicados. Algunos sufrimos insomnio, otros ansiedad, hay personas autistas, otras con TEPT, otras con dolor crónico, etc. Y las habrá que duerman plácidamente con una manta pesada y otras que no la soporten. Pero no hay pruebas que respalden una posible relación entre la ansiedad o el insomnio y el sentir alivio al dormir con una manta pesada, me asegura Muskin. De hecho, para él hacer esta afirmación es ir demasiado lejos.

Pero lo que Muskin encontró más indignante de la descripción de la BlanQuil fue una frase que yo ni he mencionado por parecerme suficientemente pseudocientífica como para no creerla: que la manta BlanQuil puede incluso modificar los niveles de los neurotransmisores de sus usuarios.

MyBlanQuil.com. Subrayado añadido por la autora

“Para empezar, hay que decir que no es fácil medir los niveles de serotonina y melatonina”, asegura Muskin. “Normalmente, lo que hacemos es usar un sustituto del líquido espinal cerebral de forma que podamos ver la composición de la serotonina. Si vemos una alta concentración de algo llamado ácido homovanílico, se puede decir que seguramente habrá más serotonina. ¿Crees que para afirmar eso han hecho punciones lumbares a la gente que usó la manta? ¿Dejarías que alguien te la hiciera a cambio de una manta gratis?”.

Lois Krahn es especialista en el sueño y profesora de Psiquiatría en la Clínica Mayo. También ella mostró sorpresa por la afirmación sobre los neurotransmisores, y señaló que, incluso en caso de que un estudio midiera los niveles de serotonina en sangre, esto no sería representativo de lo que ocurre en el cerebro más allá del torrente sanguíneo. Medir la melatonina en sangre puede ser un poco más fiable, pero sólo podría hacerse “metiéndose en el dormitorio de alguien en plena noche y haciéndole una extracción”, afirma. “Por eso a mí me da la sensación de que están lanzando una teoría sin datos que la confirmen. No me tomaría nada en serio esa información”.

Cuando pregunté a BlanQuil sobre la parte de los neurotransmisores, un representante de la empresa, en nombre de su presidente, David Fuchs, me contestó: “Esas afirmaciones pertenecen a estudios realizados. En ningún caso son aseveraciones hechas por nosotros”. También me enviaron enlaces a los mismos estudios que ya había visto por mi cuenta, en ninguno de los cuales se medían los niveles de neurotransmisores.

“Como sabes, la manta BlanQuil está diseñada para ‘AYUDAR’ a dormir y a reducir el estrés y la ansiedad”, señaló en otro email el representante, en un claro intento de guardar las distancias, como ya tuvieron que hacer los creadores de la manta Gravity. “El mensaje que ofrecemos es que te ayuda a dormir mejor y es cómoda… usar una manta pesada no deja de ser una elección personal”, adujo. Bueno, en eso estamos de acuerdo. Pero luego, para confundir más las cosas, continúan: “Para que quede claro, la manta BlanQuil ayuda a todo el mundo a dormir mejor. Es un estilo de vida. Intentamos cambiar los hábitos de sueño de las personas, una a una”.

¿Era necesario llevarlo al extremo de hablar de neurotransmisores, estudios “increíbles” y afirmar que puede tratarse toda una serie de dolencias? ¿O quizá soy yo, que estoy resentida porque la manta no funciona conmigo? Si mi experiencia hubiera sido tan positiva como la de mi compañero, ¿me habría importado tanto que los creadores de la manta le atribuyeran todas esas propiedades casi milagrosas?

Me hago esta pregunta muy en serio, ya que mi respuesta sincera constituye un problema mayor en el mercado de los productos para el bienestar. Ahora ya no basta con promocionar un producto como una “posible” solución; ahora todo se vende como LA PANACEA infalible. Si expresas dudas o preocupación respecto a las afirmaciones de la empresa o sus adeptos, te toparás con un muro de negación y a veces incluso de hostilidad. Y por nada del mundo intentes mencionar el efecto placebo.


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Ya he escrito sobre tendencias de bienestar anteriormente, aunque nunca con la intención de convertirme en una destructora de mitos. No me gusta descubrir que algo que promete tanto resulte no ser lo que dice.

La manta pesada no es el producto más horrible y peligroso que existe en el mercado. Lo peor que te puede pasar es perder el dinero. Pero la razón por la que esta manta me provoca tanta frustración es que realmente hay datos que respaldan su efectividad, no hacía falta que las empresas que las comercializan se inventaran afirmaciones extremas. Se ha demostrado que son de ayuda en algunos contextos, y en lugar de expresarlo con franqueza, prefirieron exagerar y anunciarlas como la cura definitiva a todos los males.

Estoy cansada, literalmente, de que lo presenten todo como una solución mágica apoyándose en la “ciencia” para justificar sus argumentos. Simplifica trastornos complejos, da a la gente falsas esperanzas y hace que la gente malgaste el dinero.

Me parece irónico que estos productos recurran a la terminología e investigación científica, teniendo en cuenta que muchos consumidores de este tipo de productos se caracterizan por renegar de la medicina occidental.

No confían en los médicos ni en las grandes farmacéuticas, pero se creen todo ese lenguaje pseudocientífico que usan para publicitar estos productos. “Ahora mismo existe una tendencia a evitar el consumo de sustancias no controladas y a buscar alternativas naturales, por lo que puedo entender el atractivo”, afirma Krahn. En el sitio web de BlanQuil aseguran que el usuario podrá disfrutar de todos los beneficios que anuncian, y “todo sin necesidad de una receta médica”.

“No son más que engaños”, afirma Muskin. “No voy a andar con rodeos. No estoy diciendo que no haya gente a la que le pueda funcionar la manta, pero las afirmaciones que aparecen en internet suenan parecido al lenguaje científico. Es ese uso del lenguaje lo que resta credibilidad”.

Quizá la culpa de que se publiciten de esta forma los productos para la salud es nuestra, de los consumidores. ¿Compraríamos alguno de estos artículos si no los anunciaran así o realmente tenemos la manta que merecemos?

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