Las mujeres que se masturban mucho también tienen problemas para venirse


Este artículo se publicó originalmente en VICE AU.

En ciertos foros de internet, el “síndrome del abrazo de la muerte” es el término con el que se describe una dolencia no científica que afecta al pene cuando la persona se masturba de forma muy frecuente y agresiva. Esto acaba provocando insensibilidad, disfunción eréctil y dificultad para alcanzar el orgasmo. Según una columna de Savage Love de 2003, en la que probablemente apareció el término por primera vez, el síndrome del abrazo de la muerte suele darse en hombres que, después de masturbarse frecuentemente y de la misma forma durante su adolescencia, tienen problemas para llegar al orgasmo con sus parejas.

El síndrome del abrazo de la muerte no es un término científico ni una patología médica reconocida, pero la masturbación idiosincrática —es decir, masturbarse usando la misma técnica repetidamente hasta depender de ella para llegar al orgasmo— es un fenómeno muy documentado. Entre los hombres, quiero decir. Como tantos otros asuntos, cuando está relacionado con el placer sexual femenino, la información es más bien escasa.

Sin embargo, “este fenómeno también se da en mujeres”, señala la sexóloga y terapeuta sexual Isiah McKimmie, “aunque no con tanta frecuencia como en los hombres. A veces las mujeres aprenden a masturbarse y llegar al orgasmo de una forma específica, lo cual resulta difícil de reproducir durante el sexo con la pareja”.


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Anna, estudiante de Derecho, asegura que “empecé a masturbarme a muy temprana edad y me acostumbré a alcanzar el orgasmo de una manera muy específica; boca abajo y montándome en cosas. Tuve problemas para llegar al orgasmo con una pareja durante mucho tiempo”.

Kelsey, a sus veinte, dice que ha “sido un gran problema” para ella. “Crecí masturbándome boca abajo como montándome en mis manos. Me tomó años de práctica antes de poder hacerlo de otra manera. Incluso ahora, me toma mucho tiempo si no estoy en esa posición”.

Emily es estudiante de Criminología y cuenta que empezó a masturbarse desde muy joven y que ahora tiene problemas para llegar al orgasmo con una pareja. Lo mismo le ocurre a Katie, estudiante de último año de prepa: “Era muy joven cuando empecé a masturbarme y siempre lo he hecho tumbada boca abajo. No soy capaz de llegar al orgasmo si no me pongo en esa posición”.

Es posible que la masturbación idiosincrática se relaciona más con los hombres porque, desde una edad temprana, “se anima a los hombres a que se toquen”, explica Cyndi Darnell, sexóloga y educadora sexual. No suele ocurrir lo mismo con las mujeres, ya que por lo general la vagina se considera “asquerosa e íntima”.

Darnell señala que, como hombres y mujeres se masturban de forma distinta, no existe un equivalente directo del síndrome del abrazo de la muerte, pero sí que existen “similitudes y cosas en común”, y hay mujeres que caen en ciertos patrones de masturbación que pueden acabar siendo un impedimento.

Sin embargo, “eso no tiene nada de malo. No hay por qué entrar en pánico. Es muy fácil cambiar estos patrones, no es algo permanente”.

Respecto a por qué las mujeres parecen hablar menos de este fenómeno, “hay muchos miedos culturales en torno a la masturbación femenina”, apunta Darnell. Un ejemplo es “la adicción al vibrador”, un mito que no tiene ningún fundamento científico que sólo sirve para hacer una patología de los hábitos de la masturbación femenina. Como consecuencia, las mujeres que experimentan dificultades para alcanzar el orgasmo pueden sentirse incómodas rompiendo el silencio.

Como educadora sexual y terapeuta especializada en relaciones, Tanya Koens señala: “La sociedad insta a las mujeres a ser sexys, pero no sexuales”. Muchas mujeres no reciben una “educación del placer” correcta y no se les invita a que exploren cómo funciona su cuerpo.

Asimismo, mucha gente que descubre la masturbación de pequeña o durante la adolescencia rápidamente aprende que es algo de lo que nunca hay que hablar. Con el tiempo, señala Koens, esto puede dar lugar a una “desconexión entre cuerpo y mente” que empeora el problema e impide que la mujer se sienta cómoda y alcance el orgasmo en pareja.


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Darnell coincide en que los tabúes en torno al placer sexual femenino pueden impedir que se hable abiertamente de la disfunción orgásmica de las mujeres y de que se lleven a cabo investigaciones formales sobre la experiencia de las mujeres con su cuerpo. “Por no hablar de los genitales de las personas trans [y no binarias], de los cuales no se habla”, añade.

A pesar de todo, estamos en un momento interesante, ya que la investigación sobre la sexualidad está empezando a abrir sus horizontes para incluir las experiencias de todas las identidades de género. “El viejo modelo clínico que enmarca la sexualidad en el contexto del hombre cisgénero se está volviendo obsoleto. Estamos avanzando, pero queda mucho trabajo por hacer”.

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