Por qué amamos a la gente que no nos ama


Llevo enamorada de la misma persona desde hace 11 años. Digo “enamorada”, pero no es realmente amor, porque nuestra última interacción significativa fue hace unos ocho meses cuando lo atrapé en un baño. Se suponía que iba a ser perfecto: en mi mente yo lo iba a emboscar, decirle que quería tener sexo con él aquí y ahora, y él habría estado tan abrumado y sorprendido por mi actitud, que finalmente me amaría también. Pero lo que en realidad pasó fue que él dijo que no. Y luego rogué. Después él se movió muy respetuosamente, quitó el seguro de la puerta y se fue. Y la mirada de aburrimiento en su cara me perseguirá hasta el día de mi muerte.

Este chico, a quien llamaré Alex, me rechazó por primera vez cuando teníamos 15 años. Se vino en mis medias en una fiesta de 2007, luego dejó de hablarme y recuerdo que me dolió tanto que el shock me hizo vomitar en el tapete de mi madre. Convertí dos besos, un par de medias y cero salidas entre los dos en una relación hecha y derecha. Para él, no nos conocíamos en 2007.

A los 15, llorando en las escaleras con vómito en mi cara, tuve un escape dramático de lo que de otra manera sería visto como una vida adolescente bastante aburrida. Sin embargo, a los 26 cuando sigues detrás del mismo chico (ahora un hombre), preguntarte de qué estás escapando se vuelve algo un poco más deprimente.

Cuando pasé de sentir un amor no correspondido por Alex a una obsesión total hace un par de años, yo estaba viendo a una terapeuta por agorafobia y pánico generalizado. Pero en vez de usar mi tiempo para hablar de no ser capaz de caminar por la calle, o no poder salir de mi cama, o seguir viviendo con mis padres, transformaba cada sesión en una fantasía de una hora. Me recostaba sobre mi espalda, veía el techo y empezaba a hablar de Alex: lo que él podría estar pensando y sintiendo, y por qué él no me amaba como yo a él. A veces decía mentiras: inventaba que me decía cosas dulces o que me daba razones para tener esperanza. A veces me sentía demasiado irritable y avergonzada como para mencionarlo, así que hablaba de otros chicos que creía que también me rechazaban y mi terapeuta decía, “Kitty, ¡no puedo seguirte la corriente!”. En ese momento sentía que mi vida estaba bastante jodida.


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Y es que es la renuncia total de responsabilidad emocional la que hace que el amor no correspondido sea tan extrañamente placentero. Aisha, de 27 años, me explicó por qué siempre está detrás de relaciones condenadas al fracaso con mujeres heterosexuales: “Antes de salir [del closet], siempre tuve relaciones con hombres y siempre los alejaba de mí”, dijo. “Me hacía sentir como si fuera malvada, como un frígida o una psicópata. Todo el tiempo pensaba, ‘¿Qué me pasa y por qué no los quiero?'”.

Pero para Aisha, estar detrás de mujeres heterosexuales, era un alivio a pesar de ser doloroso. “Si persigues a alguien a quien no puedes tener, sueles pensar muy poco en ti; estás pensando en la otra persona. Eso es una distracción, ¿no?”.

Las miles de humillaciones por amores no correspondidos —las súplicas, el pesar, las llamadas a las 5 AM, los encierros en el baño— pueden valer la pena para escapar de todas las decepciones, ambiciones e inseguridades que provocaron un humano. Si esta persona tan sólo te hubiera aceptado, todas las angustias existenciales se resolverían.

Meg-John Barker, psicoterapeuta y especialista en relaciones y sexo, me dijo que el amor no correspondido raramente trata sobre la otra persona. “Con frecuencia ocurre que simplemente no los conocemos lo suficiente como para saber que son todas las cosas que creemos que son”, me explicó. “Bien podría ser que esta persona represente facetas importantes de ti que has dejado de lado o que has reprimido en tu vida. Lo que el sentimiento de amor está indicando es que necesitas aceptar esas partes en ti, no en la otra persona”. También habla de cómo incurrimos en la objetivación: “Queremos que sean algo para nosotros, en vez de amarlos por toda su humanidad. Poner gente en pedestales casi nunca es un acto noble; estas personas suelen terminar cayéndose e hiriéndose con la experiencia. ¿Por qué le harías eso a alguien que amas?”.

Es un círculo vicioso: los amas porque no te agradas a ti mismo. Y si, por alguna mágica razón, hicieras que ellos también te amaran, probablemente los odiarías por eso. Mía, otra adicta al amor no correspondido, habla de su adicción a los romances unilaterales en términos de vergüenza gay. “Es homofobia internalizada. Si salgo con una chica, quiero que sea alguien de quien me sienta muy orgullosa. Tiene que ser imposible. Es terrible, pero no querría salir con alguien de segundo nivel, porque tengo…como…homofobia hacia mí misma”.


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Esto es amor no correspondido en su forma más pura: cuando todo tu cuerpo es poseído por unas ganas incontenibles, pero ni siquiera puedes masturbarte con tu crush porque los amas tanto que te duele imaginar su apariencia; y además, imaginarlos teniendo contacto sexual con el pequeño y repugnante ser que eres sería, de alguna forma, ensuciarlos.

El transporte colectivo es perfecto para este tipo de amor. A sus 31 años, Mia sigue usando tiempo de su trayecto a casa para hacer lo que ella llama como “escenarios”. “Busco una canción que me guste e imagino a la chica que amo y a mí bailando, y a todo el mundo viéndonos y diciendo, ‘Wow, sí que están buenas ellas dos’. Hoy por hoy, esa canción es ‘Barking’, de Ramz”.

Si naciste con la tendencia a enamorarte perdidamente de gente que nunca te va a amar, tal vez estás jodido de por vida. A menos de que te conviertas en alguien más estable, responsable emocionalmente, y libre de vergüenza propia, el amor no correspondido será tu muleta. Y pareciera que mi destino fuese pasar el resto de mis días fantaseando sobre Alex en el metro.

Pero una forma bastante subestimada de romper ese ciclo de dolor sería tener sexo con tu amado o amada. Porque probablemente será una mierda. La cuestión con el amor no correspondido es que en realidad no hay ninguna química sexual entre los dos porque, en esencia, no se gustan. Si así fuera, estarían juntos y pagando el depósito para una casa ahora mismo. Así que en la cama vas a ser una mierda, porque vas a estar nervioso, torpe y raro; y ellos serán una mierda, porque en realidad no sueñan contigo y pueden oler tu desesperación. Si fueras honesto contigo mismo, pararías, pero sigues en las mismas, sin ninguna alegría y a la mañana siguiente te arrepentirías. Lo culero que podría ser el sexo bien podría curarte.

Pero la verdad es que, si eres un veterano en estos temas, tú —como yo— te engañarás a ti mismo. A los pocos días te habrás convencido a ti mismo de que, en realidad, fue “muy tierno”. Te olvidarás del hecho de que nunca hicieron contacto visual y le dirás a todo el mundo que esté dispuesto a escuchar que, aunque no te viniste, estuviste muy, muy cerca.

@kitty__drake

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