El paraíso para los crudos está en Iztapalapa, en la CDMX


Con los años, las crudas (resaca) cada vez son más difíciles de llevar. En mi caso, el mejor remedio para eliminar el dolor de cabeza y recuperar los líquidos perdidos la noche anterior, es algo picoso, que venga del mar y esté acompañado de una cerveza bien fría.

En Iztapalapa, en la Ciudad de México, se encuentra un pedazo de paraíso para los crudos: la marisquería Tío Froy. En este lugar, a cargo de Froylán y su familia, se puede ver la frescura del producto desde que llegas: mejillones, almejas, patas de mula recién abiertas y los diferentes tipos de pescado que maneja, todo a la vista en lo que uno espera la asignación de mesa.

Con un dolor de cabeza cada vez más intenso, decidí empezar la batalla contra la resaca con un par de bebidas. La Seca es un tarro de cerveza con jugo de tomate, una mezcla de salsas, pepino y camarones secos, una verdadera belleza de trago. Después llegó La Chávez, una bola de cerveza, jugo de tomate, mezcla de salsas, camarones y pulpo frescos. Poco a poco sentía la frescura regresar a mi cuerpo.

Los platillos que me ayudarían a recuperar el alma comenzaron a llegar. Empecé con un pulpo a las brasas súper suave acompañado de una salsa picante. Seguí con unas tostadas de sashimi de atún, marinado con salsas especiales de la casa y acompañadas de chilitos serranos y cebolla morada, una verdadera delicia exclusiva del lugar.

Otro de los platillos que llegó a mi mesa fue el ceviche de almeja albina, preparadas en su concha con cebollita y chilito picado. Ya estaba regresando a la vida con estos manjares. Un molcajete con aguachile de camarón, bastante picoso pero que no permite que dejes de comerlo, me hizo sudar y eso fue hermoso pare recuperarme de la cruda.

Casi al final llegó un batallón de camarones preparados de distintas maneras: al mojo de ajo, a la diabla, rellenos de queso y empanizados.

Llegó la hora de pedir uno de los platillos estelares: el pescado a la talla, recién hecho, con la receta original traída de Barra Vieja, en Acapulco. El pescado se derritió en mi boca y fue un verdadero placer degustar este ejemplar.

Ya para cerrar con broche de oro y triunfante sobre mi resaca, probé el mezcal de la casa, excelente como digestivo y después El Torbellino, una bebida a base de vino, vodka, jarabe y refresco de limón. Muy refrescante.

Después de todo lo vivido, ahora espero con ansias la siguiente cruda para curar ese terrible mal de la mejor manera y, ¿por que no? Conectar la peda.

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