Fotos naturales de newyorkinas radicales en los setenta y ochenta


La fotógrafa de Brooklyn Marcia Resnick, ha documentado las comunidades artísticas de Nueva York por más de medio siglo. Cuando estaba en la secundaria en los años sesenta, anduvo con hippies adultos en los clubes de Greenwich Village como el Café Au Go Go y Café Wha?. Y en los setenta, compartió un edificio en Tribeca con vecinos como Laurie Anderson.

Durante los setenta y los años más salvajes de la ciudad, Resnick pasó la mayoría de sus noches en CBGB, Max’s Kansas City, y el Club Mudd. A la vez, también comenzó a fotografiar a los “chicos malos” de la escena artística. Resnick quería ver cómo reaccionaban hombres tan poderosos como Jean-Michel Basquiat, Iggy Pop, y William S. Burroughs cuando la mesa se giraba y una mujer estaba detrás de cámara, sometiéndolos a la mirada femenina.

Resnick estaba encantada por las gregarias mujeres con las que vivió, trabajó, y festejó, y que simultáneamente estaban sacudiendo la escena. Aunque es menos conocida que su serie Bad Boys, que luego fue publicada como el libro Punks, Poets and Provocateurs, NYC Bad Boys 1977-1982, la serie de Resnick Wild Women, captura el espíritu revolucionario y poder creativo de artistas como Joan Jett, Debbie Harry, y Susan Sontag.

Wild Women es un cuerpo de trabajo raramente visto que encarna la ética DIY de la era, y VICE recientemente se sentó con Resnick para hablar sobre cómo fue documentar a sus compañeras y cómo el movimiento feminista revolucionó los años setenta y ochenta.

Izquierda: Debbie Harry en su cuarto de hotel. Derecha: Debbie Harry con verduras después de un show. © Marcia Resnick

VICE: ¿Cómo llegaste al arte y la fotografía?
Marcia Resnick: Siempre amé el arte. Cuando tenía cinco años, mi padre puso un dibujo mío en la ventana de su tienda de impresiones en Brighton Beach. A un cliente le gustó y lo añadió a una exposición en el Museo de Niños de Brooklyn. Esa fue mi primera exhibición de arte.

Fui a la Universidad de Nueva York por dos años, luego fui transferida a Cooper Union, en donde la fotografía comenzó a cautivarme. Asistí al Instituto de Artes de California para la escuela de posgrado, en donde estudié “Arte Post Studio” con John Baldessari, mi mentor fue Robert Heinecken de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles), y tuve a Ben Lifson, un “fotógrafo puro” como mi asesor de graduación.

CalArts me otorgó el máster en fotografía en 1973 durante el primer brote del movimiento feminista. Las universidades buscaban contratar mujeres para equilibrar sus facultades. Cuando la Universidad de Queens me ofreció un empleo, lo tomé. Conduje mi auto por todo el país, tomando fotos en el camino. Para ese momento, había decorado mi carro con los nombres de todos mis novios en el capó. Las palabras “Marcia la destructora” fueron escritas a un lado del carro.

Lydia Lunch en cuatro. © Marcia Resnick

¿Cómo era Nueva York cuando volviste?
Nueva York era peligrosa y al borde de la bancarrota, pero era barata y llena de posibilidades. Encontré un lugar cerca a Bowery y la Calle Houston y me mudé con mi vieja compañera de Cooper Union, Pooh Kaye, una artista y bailarina. Cada una pagamos 70 dólares al mes. Mi salario era de 100 dólares a la semana por enseñar dos clases de cuatro horas de fotografía un día a la semana.

Soho, que quedaba muy cerca, era el centro de arte del mundo. Pooh y yo frecuentábamos inauguraciones de galerías de arte, bares de arte, y fuimos a fiestas en lofts de artistas. Michey Ruskin era el dueño de Max’s Kansas City en donde Warhol y sus super estrellas, artistas “blue-chip”, y celebridades de rock se conocían y pasaban el rato. Pooh limpiaba la casa de Mickey, así que teníamos entrada.

Izquierda: Joan Jett en el billar. Derecha: Laurie Anderson con su violín. © Marcia Resnick

¿Cómo llegaste a vivir en un edificio lleno de artistas?
Encontré un edificio en Canal Street entre Washington y West Streets en el vecindario ahora conocido como Tribeca. Cada piso estaba dividido en dos lofts de 2.000 pies cuadrados. Los dos primeros pisos eran un centro de mantenimiento de metadona administrado por la ciudad. Los lofts de los otros cuatro pisos estaban deteriorados.

Pooh vivía en el otro loft en mi piso y construimos una cocina y un baño para ambas. Mi loft tenía 14 ventanas. Construí un cuarto oscuro muy grande, que implicó bloquear tres ventanas. Durante el invierno dormía en una bolsa de dormir en el cuarto oscuro porque el resto del loft era terriblemente frío. Ninguna cantidad de calor podía calentar el espacio con los vientos soplando desde el río.

Después de que vi a Laurie Anderson hacer una presentación acerca de cómo su loft fue consumido por el fuego, la invité a moverse al edificio y se volvió mi vecina del piso de arriba. Con frecuencia, los pacientes perdidos de metadona que estaban drogados, accidentalmente vagaban hasta nuestros cuartos, pero pronto el centro fue movido a otro lugar.

¿Cómo era la vida nocturna en ese entonces?
Los pintores hacían películas. Los escritores hacían presentaciones de arte. Los escultores hacían instalaciones. Los artistas generalmente colaboraban entre sí.

Yo salía cada noche a escuchar música en CBGB, Max’s, y el Club Mudd, que era mi favorito. Era un bar de artistas con presentaciones nocturnas de bandas, shows de arte, teatro, shows de moda de Betsey Johnson, y espectáculos como el Rock n’ Roll Funeral Ball que presentaba maniquíes con jeringas en sus brazos. Celebridades como Joe Strummer, David Bowie, Marianne Faithful, Nico, Grace Jones, y Diana Ross podían estar felizmente mezclados entre el público.

Para aliviar la culpa que sentía por pasar tanto tiempo en los clubes, me convencí a mi misma de que mis incursiones fotográficas en la noche eran mi arte. Empujar a través de la multitud para llegar a los camerinos en los conciertos se volvió una actividad necesaria. Camerinos en los que traté de simular un estudio de retratos. Cuando era posible, organizaba un encuentro en otro momento y lugar.

Patti Astor en la fiesta. © Marcia Resnick

¿Cuáles eran algunos de los proyectos en los que trabajabas en los setenta?
En 1975, con la ayuda del subsidio del gobierno, me autopubliqué tres libros de arte conceptual: Landscape, See, y Tahitian Eve. En 1978, publiqué Re-visions, un libro autobiográfico de fotografías de humor escenificadas.

Después de la introspección de Re-visions, di media vuelta de mi genial trabajo conceptual. Quería explorar un mundo ajeno a mí y moverme a otro tema, lo que me confundió… la especie masculina. Mi serie, Bad Boys, nació de una fascinación por la dinámica de una mujer fotografiando hombres.

Pat Place con el dragón de juguete. © Marcia Resnick

¿Qué te inspiró a crear Wild Women?
Mientras trabajaba en la serie Bad Boys, no pude evitar trabajar en un proyecto aparte que llamé Wild Women. La mayoría de hombres tocaban en las bandas de punk, pero ciertas fascinantes mujeres se embarcaron en sus propios proyectos de arte, música, literatura, y cine.

Patti Smith y Debbie Harry de Blondie, eventualmente se volvieron algo comerciales. Laurie Anderson llegó al número dos en las listas de pop del Reino Unido con su sencillo electrónico vanguardista “O Superman”, para su sorpresa. Hasta ese momento, sus presentaciones de arte multimedia eran conocidas por aquellos exclusivamente del mundo del arte.

Lisa Lyon en una pose de culturismo. © Marcia Resnick

Lisa Lyon fue una pionera que ganó el primer Campeonato Femenino de Fisiculturismo Profesional. Era un símbolo del tipo de vida de sexo, drogas, y rock n’ roll. Después de conocerla, rápidamente nos volvimos amigas. Vestíamos de negro, disfrutábamos la vida nocturna en lo bajo de Manhattan, y fuimos llamadas las “Hermanas Raras” por el fotógrafo Marcus Leatherdale.

¿Cuáles eran algunas de las cosas más radicales que tú y las mujeres de esta era hicieron en ese momento?
Cuando las mujeres se dieron cuenta de que el punto de vista masculino occidental y blanco era inconscientemente aceptado como el punto de vista en el mundo del arte, entendieron que debían cambiar esa situación y nivelar el campo de juego.

Carly Simon en Hurrah. © Marcia Resnick

Mientras estaba en CalArts, Linda Benglis, que era una artista visitante durante un semestre, se hizo mi amiga. Su arte y estilo eran una tremenda influencia. La fotografié luciendo su nuevo corte de cabello hacia atrás en frente de su Porsche amarillo. Cuando volvió a Nueva York después de que le rechazaron un espacio editorial en Artforum, Benglis pagó por una publicidad que consistía en una fotografía de página completa de ella, desnuda y solo con gafas de sol, y masturbándose con un dildo gigante de dos extremos. Ese fue su último “Vete a la mierda” para el mundo artístico.

Bebe Buell y su hija de tres años Liv Tyler. © Marcia Resnick

Trabajar en mi libro Re-visions, que será republicado en 2019 (Edición Patrick Frey, Suiza), fue un ejercicio de aprender de mí misma y de otras mujeres. Me preparó para ser sensible a las mujeres independientes y creativas que funcionan en un mundo de “hombres”. Cada mujer que fotografié me enseñó algo sobre su experiencia. Cada una de las mujeres libres, artistas, escritoras, músicas, bailarinas, diseñadoras, y pioneras sexuales que fotografié tienen un talento y una visión que las volvieron una especie aparte.

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Este artículo apareció originalmente en VICE US.

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