“Sprayfield”: hay un barrio lleno de grafiti de Los Simpson en CDMX


Las nubes se abren y la melodía de Los Simpson suena en mi cabeza mientras camino entre los edificios de colores de “Sprayfield”, el apodo que se ha ganado la colonia Infonavit Iztacalco, una unidad de multifamiliares al oriente de Ciudad de México que en los últimos meses se han ido tapizando con murales de la familia amarilla más famosa de la televisión.

Una mujer cruza un callejón vigilado por un Jefe Gorgory de aerosol. Al doblar la esquina, el profesor Frink ayuda a Homero al Cubo a recuperar su bidimensionalidad. Ahí me espera Herk, el creador de este grafiti, junto a Marco, la mente creativa detrás de Sprayfield y mi guía en este recorrido por las paredes de Iztacalco.

“Este barrio es de nosotros”, me dice Belor, como se le conoce a Marco en el mundo del grafiti. “A través de los años hemos visto cómo las paredes están rayadas pero no hay algo que nos guste o de calidad. Nos llamó la atención hacer algo sobre los Simpsons, que es una de nuestras caricaturas favoritas”.

Más adelante, frente a un mural con los bullies de la escuela primaria de Springfield, nos reunimos con Cáncer y Comer1, otros artistas urbanos con quienes Belor fundó el colectivo Night Lords, que se ha encargado de dar vida a Sprayfield desde noviembre de 2017. Los tres llevan años rayando las paredes de la ciudad, y aunque sus trayectorias siempre habían estado marcadas por la clandestinidad y la riña entre pandillas, con este buscan involucrar a los residentes con los murales para crear una comunidad y recuperar así los espacios públicos.

“Tú ves aquí todas las bardas rayadas, entonces la gente ya tiene un prejuicio y un estigma del grafiti: para ellos es un rayón”, dice Marco. Me explica que los rayones tienden a generar una sensación de suciedad e inseguridad en los habitantes de la colonia pero con los murales de Los Simpson, en cambio, ha notado que los residentes se sienten más involucrados y seguros en su entorno.

Pero convencer a los vecinos de que los dejaran pintar murales en sus casas no fue sencillo. Comer1 —cuyo nombre real es Iván— dice que para pintar los primeros murales fueron casa por casa a presentar el proyecto a los dueños de cada barda que querían intervenir: “Como la gente está acostumbrada a que los rayones sean puros tags y bombas, pues no les gusta. Eso es lo que para ellos es el grafiti”.

Por eso buscaron en un tema que la gente aceptara, y así llegaron a Los Simpson: “Es una caricatura que a todos nos gusta. Es más fácil que los vecinos acepten que pintes su pared si es algo que les gusta y con lo que se pueden relacionar —explica Comer1—. Les propusimos el tema de Los Simpson y les enseñamos algunas fotos de nuestro trabajo para que vieran cómo podía quedar. El primer muro siempre es el parteaguas. Después la gente lo ve y te identifica”.

Menos de seis meses después, el Infonavit Iztacalco cuenta ya con 15 murales terminados y cinco más en proceso. Artistas reconocidos de la escena local del grafiti han venido a plasmar sus obras y el equipo de Night Lords me cuenta que incluso han sido contactados por grafiteros internacionales que quieren sumarse al proyecto.

Para demostrarlo, caminamos un par de cuadras hasta llegar a un mercado rodante. Ahí, en una pared qua abarca un par de casas, un enorme mural de hippies amarillos combatiendo con flores a uniformados con rifles fijan la escena para que el icónico personaje de ZDEY —un grafitero francés— clave una bandera mexicana sobre un vencido Donald Trump.

Aunque el equipo de Night Lords se encarga de negociar con los vecinos para acordar nuevos espacios para que los artistas puedan rayar, Belor dice que cada grafitero de Sprayfield se encarga de traducir un capítulo o algún personaje de la caricatura en un concepto, y que además son ellos mismos quienes financian la operación. “Cada quien tiene que conseguir sus latas, sus pinturas. Por eso el proyecto se ha pausado. A veces empiezan los murales y los tienen que detener hasta juntar más dinero para el material”.

Aunque se trata de un proyecto que busca devolver los espacios públicos a los habitantes de esta colonia, hasta el momento no han recibido apoyo de las autoridades. Pero la participación de los vecinos sí se ha vuelto cada vez más entusiasta. Ya no tienen que tocar puerta por puerta para convencer a los residentes de prestar sus paredes: ahora son estos quienes buscan a Belor, Comer1 y Cáncer para que su edificio sea parte de Sprayfield. Y como ningún artista cobra a los residentes por hacer los murales, algunos vecinos apoyan con escaleras, andamios e incluso materiales.

Comer1, Belor y Herk frente a un mural colaborativo en Sprayfield.

Hacia el final del recorrido nos encontramos con un enorme muro rojo con algunos rayones, nada significativo. Es una escuela primaria. Belor mira la barda y me dice que entre los planes futuros de Sprayfield está llegar a algún acuerdo con las autoridades de la escuela para pintar un mural en esa pared. La meta es que el muro sea más atractivo y que se pierda el estigma del grafiti como algo necesariamente clandestino. “Queremos abarcar todos los muros que podamos, que haya chance con los vecinos para integrar a más artistas que tienen ganas de venir aquí. Y hacer cosas más grandes que estos muros; hacer murales de edificios o de una escuela; pintar los edificios hacia arriba para hacer cosas más chonchas. Igual y armar un Sprayfield 2… y hacer proyectos en otras zonas de la ciudad”, concluye.

Los muros de Sprayfield son tan diversos como los estilos de sus creadores. Mientras Marco me lleva a ver el último mural, puedo ver cómo los vecinos lo saludan a lo lejos, otros incluso se acercan para conversar con él. El proyecto de Night Lords es bien conocido por todos los habitantes del barrio, e incluso por otras colonias del Infonavit, me asegura Belor. Y no solo eso, sino que artistas de todo el país siguen contactando a este crew para unirse al proyecto. Por mientras, ellos siguen negociando nuevos spots con los vecinos para que poco a poco los rayones se conviertan en murales.

Me despido de Belor para terminar este capítulo en un barrio donde los residentes son los protagonistas. Una caricatura que se replica desde Springfield hasta Iztacalco. Me queda claro que no es el final de esta serie, sino el piloto de una historia que apenas comienza en el oriente de la Ciudad de México.

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