La Caravana Migrante 2018 terminará en CDMX por los comentarios de Trump


Desde hace una década, cerca de las celebraciones de Semana Santa parte Caravana Migrante: cientos de migrantes latinoamericanos cruzan México huyendo de sus países de origen en un viacrucis análogo a la Pasión de Cristo. Este año el líder de la caravana es Irineo Mújica, un defensor de los derechos humanos de los migrantes y director de la organización Pueblos Sin Fronteras, que organiza esta marcha. Pero este año fue diferente: en lugar de alrededor de 400 personas, este año se reunieron más de 1,500, la mayoría de ellos provenientes de Honduras, según Pueblos Sin Fronteras.

Aunque su destino este año era un encuentro de migrantes en la localidad de Caborca, Sonora, al norte de México, las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, obligaron a los migrantes a cambiar su ruta. Mújica anunció que la caravana se disolverá en Ciudad de México, a donde llegaron de manera fragmentaria entre el seis y el nueve de abril, luego de arrancar el 20 de marzo en la localidad de Tapachula, Chiapas cerca de la frontera sur del país. Ahora su plan es pedir asilo humanitario en México. Sin embargo, un grupo de aproximadamente 500 migrantes, planea continuar con el recorrido hasta llegar a Tijuana, de manera independiente.

“La caravana se disolverá en Ciudad de México, y no es porque le temamos a Trump, sino porque vamos a solicitar conforme a las leyes internacionales aplicar los tratados para refugiados. Muchos hondureños que hoy nos acompañan ya no pueden volver, allá no es vida”, dijo Mujica el 4 de abril en una entrevista para varios medios mexicanos, entre ellos VICE en Español. “[Trump] solo busca generar un caos, nos quiere como chivos expiatorios, nos quiere erradicar, exterminar y acabar. Ser refugiado y pedir asilo es un derecho internacional, los migrantes que acompañan la caravana no lo hacen porque quieren si no porque es una necesidad de vida. La violencia que se vive en Honduras con el presidente Orlando no es vida para ellos, nosotros solo estamos buscando ayudar a nuestros hermanos centroamericanos”.

Integrantes de la Caravana Migrante 2018 en la Basílica de Guadalupe en Ciudad de México. Foto: Galo Cañas/Cuartoscuro.com

Trump lanzó tres tuits el domingo de Pascua y otros tres la mañana del lunes 2 de abril, asegurando que no habría acuerdo para resolver la situación migratoria de las 700,000 personas que quedarán en un limbo luego de cancelara el programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, (DACA, por sus siglas en inglés) en septiembre de 2017.

“La gran caravana de gente de Honduras, que ahora viene a través de México y se dirige a nuestra frontera, es mejor que se detenga antes de que llegue allí. Nafta está en juego, al igual que la ayuda a Honduras y los países que permiten que esto suceda. ¡El Congreso debe actuar ahora!”, escribió en su red social favorita.

También amenazó a México con cancelar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) si no mejora la seguridad de su frontera y, finalmente, retó a los demócratas a oprimir el botón nuclear en caso de que no aprueben una ley migratoria.

Estos comentarios hicieron reaccionar al mandatario mexicano, Enrique Peña Nieto, quién respondió mediante un video a los tuits que Donald Trump difundió el 25 de marzo: “[Presidente Donald Trump,] si usted quiere llegar a acuerdos con México, estamos listos. Como lo hemos demostrado hasta ahora, siempre dispuestos a dialogar con seriedad, de buena fe y con espíritu constructivo”. En este video también dijo que, si las declaraciones de Trump sobre inmigración estaban relacionadas con problemas de política interna estadounidense, debería solucionarse en su país.

Las autoridades mexicanas han entregado 917 permisos migratorios temporales a integrantes de la caravana; 635 de ellos son oficios de salida que ofrecen a los portadores un plazo de 30 días para partir del país por cualquiera de sus fronteras. El resto de los folios sí autorizan al portador el trámite de visas humanitarias en México.

Migrantes centroamericanos se manifestaron frente al Ángel de la Independencia rumbo a la embajada de Estados Unidos en México. Foto: Andrea Murcia/Cuartoscuro.com

Foto: Andrea Murcia/Cuartoscuro.com

El viacrucis

La noche del jueves santo, la caravana dejó el estado fronterizo de Chiapas y llegó al pueblo de San Pedro Tapanatepec, en el estado sureño de Oaxaca. Ahí durmieron sobre colchonetas en un refugio facilitado por el gobierno municipal. Al día siguiente, mientras la caravana se preparaba para volver al camino, Irineo Mújica dio un pequeño discurso con un megáfono: “En las calles de Honduras la situación es tensa, muchos de los migrantes que hoy participan en el viacrucis vienen a pedir asilo por humanismo y así ingresar a Estados Unidos, no pueden regresar a su país porque vienen huyendo de la muerte, por eso hacemos una denuncia mundial sobre esta situación que vive el país, donde la militarización tomó las calles y sálvese quien pueda”.

Para comprender la situación de Honduras, conforme datos del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), el organismo al que los especialistas dan más credibilidad, este país ha sido durante años el país más violento de América Latina. En 2014, San Pedro Sula, la capital administrativa del país, registró una tasa de 142 homicidios –relacionados al crimen organizado– por cada 100,000 habitantes. Según la UNAH, Honduras cerró el 2016 con 5,154 homicidios, una cifra similar a la de 12 meses antes –5,148–, es decir, 59 por cada 100.000 habitantes, una situación que dificulta el desarrollo cotidiano en este país.


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Ahí hablamos con Jhony, un salvadoreño de 16 años que decidió emprender este viacrucis con uno de sus amigos para huir de los Mara Salvatrucha, la organización de pandillas criminales que domina a El Salvador y que asesina a los jóvenes que se niegan a unirse a sus filas. Es la segunda vez que ingresa a territorio mexicano. La primera fue hace dos años, pero fue deportado.

“Vamos en una marcha de migrantes buscando un mejor futuro para nuestra familia, porque nuestras familias corren peligro en nuestros países de origen —nos dijo Jhony—. Por eso venimos a ver que sale en el norte. Por suerte en México siempre nos han ayudado. Aquí vamos siempre para adelante”.

Catherine tiene 30 años y dejó a sus dos hijos en San Pedro Sula, en Honduras, donde trabajaba en una tienda de ropa. Le preguntamos por qué decidió unirse a la caravana, sola: “Venimos huyendo por las pandillas, por falta de economía. No hay mucho trabajo. Las policías están en contra del mismo pueblo. Necesitamos un buen futuro. Dejé a mis dos hijos y a mi papá. Lo que más queremos es que el pueblo mexicano nos apoye. Tenemos derecho a andar libres, porque necesitamos ayuda. No nos salimos de nuestro país porque queremos. Tenemos miedo de regresar”.

También le preguntamos a Bryan, de 17 años y también de El Salvador: “La muerte, vengo huyendo de ella, creo que allá [en Estados Unidos] encontraré la paz, aunque el señor Trump no nos quiera. Él nos cree malos, pero nosotros solo vamos a mejorar la vida, por que en nuestro país que es Honduras ya no se puede vivir… a mi hermano lo mataron cuando yo tenia diez años, mi vida ha sido muy dura y ya no quiero repetir esa historia”. Bryan, su madre y su hermano recibieron un permiso del gobierno de México para estar legalmente en el país por 10 días.


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