Las 10 preguntas que le harías a una pareja que mantiene una relación de sumisión y dominación


Artículo publicado en VICE Argentina

Sol Negro y Mr. K se conocieron hace dos años. Fue por amigos en común. Él tiene 24 años y es vendedor en un local de ropa para hombres. Ella tiene 30 y es locutora. Como en casi todas las relaciones, hay goce, hay felicidad, hay pesares y hay sexo. No obstante, la norma —su norma— se corre sutil y elegantemente hacia un costado: ellos mantienen una consensuada relación de sumisión y dominación. Asimismo, Sol Negro y Mr. K forman parte de “Mazmo”, la comunidad BDSM (Bondage y Disciplina; Dominación y Sumisión; Sadismo y Masoquismo) más importante de Hispanoamérica. Desde allí, despliegan y comparten sus fantasías con otras personas. También conocen gente y “sesionan” entre fustas, cadenas, lazos y pieles. Viven sus fantasías eróticas y su sexualidad de una manera alternativa.

Hace 10 años, Sol Negro vio la película Letras Prohibidas: La leyenda del Marqués de Sade y, de pronto, le despertó algo que no tenía muy en claro qué era. La curiosidad le brotó y comenzó a googlear: las imágenes con las que se topó fueron demasiado para su mirada de aquel entonces. Al tiempo, después de cortar con una relación larga y “vainilla” (conductas que caen dentro del rango de la normalidad), volvió a intentarlo: ahora los resultados arrojados se ajustaban más a lo que su pulsión le dictaba. “Quería entregarle el control a alguien. Todas mis relaciones anteriores implicaban que yo maneje la situación. En esta oportunidad quería saber cómo era entregarle a otro mi cuerpo”, reflexiona Sol Negro. Por por otra, Mr. K, su pareja, curiosamente también llegó por el cine: fue Cruel Intentions la película que despertó el dominante que llevaba latente y dormido.


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Ellos ven a las relaciones “vainilla” como una comida sin condimentos: ricas pero sin sazón. “Desde que descubrí esta forma de tener una relación, lo ‘vainilla’ no me alcanza”, apunta Mr. K. En su intimidad, esta pareja busca descubrir cosas y experimentar todo el tiempo. Su curiosidad está por delante de los estándares. “Igual, no son mejores ni peores formas de relacionarse. Nosotros le buscamos una vuelta de tuerca para descubrir siempre cosas nuevas. Algunos compran un fin de semana afuera, nosotros un elemento nuevo para sumar a nuestra vida sexual”, aclara Sol Negro.

Foto por Bernabé Fernández y Mauro Mero Rey

En función de esta curiosidad, la monotonía tarda en llegar. Sin embargo, no creen que su vínculo sea mejor que los demás y saben que no están exentos a ella. “Estamos muy bien, por el momento”, bromea Sol Negro. El mundo BDSM propone un abanico diverso de cosas para hacer. En consecuencia, aparecen nuevas oportunidades o formas de vivir la sexualidad que empujan la monotonía hacia otro lugar. “Igual, como todo, depende mucho de cada pareja”, completa Sol Negro.

Para muchas personas, 50 Sombras de Grey fue un primer acercamiento evanescente al mundo del BDSM. “Honestamente no me parece que sea un buen ejemplo”, arremete Mr. K. En el libro y en la película, un magnate de negocios mantiene una polémica relación con una joven universitaria. “Casi todo me pareció una falacia y, además, se idealiza una relación tóxica donde el protagonista no la deja ni tener amigos. Eso es una relación de abuso, no una de sumisión y dominación”, esclarece Sol Negro. Amén de este detalle no menor, 50 Sombras de Grey abrió las puertas a que miles de personas visibilicen de alguna manera este (nuevo) cosmos sexual.

Foto por Bernabé Fernández y Mauro Mero Rey

El dato es que existen distintos tipos de relaciones protocolares con sus “términos y condiciones” y que, yendo al hueso, era de esperarse, cada relación es un mundo. Con sus mañas, sus tiempos y sus códigos. Entretanto, todavía es mucho el desconocimiento sobre el universo BDSM y sus relaciones. El tabú y la rígida conformación de la moral estipulan una mirada distante y prejuiciosa de estas prácticas. Entonces, a fines de quitar el velo, sumar data y destrabar la moral, estas son unas diez preguntas que le harías a una pareja que mantiene una relación de sumisión y dominación:

VICE: ¿Qué tiene de interesante el dolor en términos sexuales?

Sol Negro: No todo es dolor. Algunos de los practicantes de estas disciplinas necesitan el dolor para llegar al placer. Pasa que el dolor está vinculado a un daño, a algo malo. Saquemos lo malo y lo bueno. El dolor es un hilo conductor al placer. En el caso de la relación sádico-masoquista, el sádico siente placer imprimiendo dolor en el masoquista y, a su vez, éste siente placer a través del dolor. Es primordial saber que cualquiera de estas prácticas tienen que ser sanas, seguras y consensuadas. Sin consenso, es abuso. Las relaciones que consienten estas prácticas están dentro del marco de una sesión en un juego de roles, un lapsus de tiempo determinado que tiene un inicio, desarrollo y final. Si no vemos esto como un juego, jamás se podrá entender.

Mr. K: Es cierto que el BDSM se basa en intercambios de poder, lo que implica una desigualdad. Pero es una desigualdad pautada desde la igualdad. Las prácticas BDSM presuponen una igualdad de partida: que una de las partes cede durante un tiempo para el disfrute las dos partes involucradas.


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¿Se desquitan el uno con el otro por las cosas malas del día?

Mr. K: Si estamos mal por algo siempre lo hablamos y lo solucionamos. En una sesión no hay odios ni resentimientos. Cuando eso pasa, se habla y se resuelve. Si yo no estoy en condiciones de tener el control para garantizar la seguridad de ella y la mía, no lo hago. Es por el mismo motivo que no sesionamos bajo el efecto de drogas o alcohol.

Sol Negro: De hecho, no es aconsejable sesionar cuando una de las partes o ambas están mal por situaciones internas o externas. El diálogo es primordial. No hay desquite: siempre tiene que ver con el consenso. Si llegara a haber desquite, es abuso.

¿Qué les dirían a alguien que ve como “enfermiza” su relación?

Mr. K: Si nuestros gustos no van con los tuyos no es problema mío. ¿Cuál es la diferencia entre la relación de los otros y la mía? nosotros le agregamos un condimento que pertenece a nuestra intimidad. Fuera de eso, es igual a cualquier relación. La comunicación que tenemos nosotros no se da en la mayoría de las “relaciones vainillas”. Yo, como dominante, no presupongo su bienestar: lo garantizo. Para nosotros, el diálogo es algo primordial.

Sol Negro: Puedo entender que mi relación no sea la más clásica de las relaciones que vas a encontrar. Sin embargo, nosotros hablamos todo, pautamos qué cosas nuevas queremos probar, alimentamos la relación de esta manera. Y hasta ahora, nos fue bastante bien. Tenemos una comunicación muy fluida y con el grado de honestidad que manejamos, no discutimos. Todo lo consensuamos. Si uno cocina, el otro lava los platos. Si él quiere estar con otra chica, me avisa antes e igual yo. No nos escondemos nada. Y eso, es una tranquilidad enorme. Esta fue la forma que ambos elegimos para relacionarnos. Nadie nos obligó.

En 1949 la Asamblea General de las Naciones Unidas abolió la esclavitud. ¿Lo que hacen es legal?

Sol Negro: La esclavitud no es comparable con lo que nosotros hacemos. Es primordial el concepto de “consenso” para entender estas prácticas. Particularmente, nosotros lo tomamos como un roleplay, un juego que tiene un inicio y un final. En cuanto a la legalidad, estamos atrasados en cuanto al BDSM. En Argentina no hay antecedentes legales. Hay casos en otros países donde sí está contemplado el consenso, como en Alemania, Estados Unidos, Inglaterra, Francia. Cito un caso: en 1996, la policía holandesa arrestó a un hombre, acusado de violación y abuso. Una mujer, que había alquilado una habitación en la casa del acusado, le había denunciado. La policía local contactó con la EPEIC (Erotic Power Exchange Information Center), consultando cuestiones relativas a los cargos y a la investigación. La mujer había respondido a un anuncio explícito del hombre, para realizar prácticas BDSM. La mujer residió unos seis meses en la casa, en una habitación junto a la que empleaban para sus juegos, la mazmorra. Ambos mantuvieron repetidamente relaciones BDSM, a solas y en presencia de terceros. La mujer nunca antes había indicado sentirse forzada a realizar estas actividades contra su voluntad. Como consecuencia, la policía holandesa dio por cerrado el caso sin llevarlo a juicio.

Foto por Bernabé Fernández y Mauro Mero Rey

¿Qué es lo más excitante de ver al otro en actitud sumisa? ¿Qué es lo más excitante de ver al otro en actitud dominante?

Sol Negro: Y… es muy personal pero ver sus expresiones de placer cuando me hace algo que me genera dolor. A él le gusta mucho el “spanking” (golpe de nalgas con mano u otros elementos). Él sabe hasta dónde. Pero a mí me gusta ver su expresión cuando yo estoy llegando a mi nivel de tolerancia. Inexplicablemente eso me encanta. Y siempre para antes de que yo pueda decir “amarillo” o “rojo” (las palabras de seguridad). O cuando descubre nuevos elementos y automáticamente planeamos cosas con ellos. El barrio chino e Easy son nuestro Disney. Usamos sujetacables, precintos, cucharas de madera, broches de ropa.

Mr. K: La entrega. Como la otra persona se entrega a uno para poder disfrutar ambos. Lo bueno de tener el control es poder hacer todo lo que se me ocurre con ella sin prejuicios. Nuestro vínculo está basado en un juego de roles y poder. Tener el poder implica tener una gran responsabilidad. Ella me entrega su cuerpo y yo lo cuido y valoro.

¿Qué es lo más intenso que puede suceder en una relación de sumisión y dominación?

Mr. K y Sol Negro: El “subspace”, un estado mental alterado. Se parece a una borrachera o a un subidón de droga: hay una desconexión de las sensaciones de dolor, las preocupaciones, el espacio o el tiempo y se reducen drásticamente las habilidades comunicativas. Es muy importante que la parte dominante sepa reconocer un “subspace” y, llegado el caso, sacar a la parte sumisa de él, ya que en este estado se hace muy difícil que se pronuncie la palabra de seguridad.

¿La relación de sumisión y dominación se traslada a otros aspectos de su cotidianeidad?

Sol Negro: Depende como cada pareja haya acordado en su contrato, si es que lo tiene. Algunas parejas llevan la dominación y sumisión a la cotidianeidad en, por ejemplo, actitudes de servilismo a la hora de comer. Puede parecer excesivo y para algunos aburrido, pero las cenas protocolares son muy divertidas. Esto puede trasladarse a otros lugares pero depende de lo que requiera cada relación. Por ejemplo, K además es un dominante financiero. Esto no significa que yo le doy mi plata y él me ayuda a dilucidar qué gastos no son necesarios de los que sí. Me ayudó a liquidar dos tarjetas de crédito, es un genio. Otra de las cosas que él me ordena es pagarle las cuentas vía home banking. Es raro de explicar pero uno de mis fetiches es el orden. Entonces, proveerle de orden a él me da mucha satisfacción.

Mr. K: Nosotros no tenemos muchos protocolos fuera de la sesión. Por lo general, ella está atenta a mi comodidad. No porque yo se lo haya impuesto, a ella le gusta mucho hacerlo.


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Siempre que cogen, ¿lo hacen así?

Mr. K y Sol Negro: La mayoría de las veces, sí. Si no hacemos cosas que tengan que ver con azotes, lo hacemos bastante primal. Es un estilo de práctica de la dominación en el que se dejan aflorar los instintos primitivos, los comportamientos animales y en el que se expresa la sexualidad de forma cruda, ruda y dura. Durante el “primal play”, se aplican los conceptos básicos de seguridad del BDSM: hay consenso previamente expresado, hay límites duros y blandos, palabras de seguridad, etc. Lo que no hay es planificación, todo es instintivo e improvisado.

De tener hijos, ¿dónde se esconden los “juguetes”? ¿Se charla con ellos?

Mr. K y Sol Negro: Nosotros no tenemos hijos. Pero tenemos familia que a veces viene a nuestra casa y no dejamos las fustas o los flogguers a la vista. Nuestra sexualidad nos pertenece. Por tanto, no es algo que a ellos les incumba. En cuanto a los hijos, no tenemos interés en formar una familia. Somos bastante “childfree”. Pero vemos con amigos que no es algo que cuenten. Se espera que lleguen a una cierta edad donde ellos puedan comprender lo justo y necesario. O, acaso, en las relaciones “vainillas”, ¿les cuentan a sus hijos cómo garchan?

¿Cuáles son los límites en una relación de sumisión y dominación?

Sol Negro: Por lo general, los límites los marcás al principio de la relación y a medida que ganás mas confianza y ganas de experimentar los vas corriendo o no. Por ejemplo, hay relaciones que son cerradas y no admiten jugar con terceros. Quizás con el tiempo te despierta la fantasía y lo pruebes. Es como todo: vamos evolucionando y estamos en constante cambio.

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