¿Cómo nos sentimos después de un rechazo amoroso?


Artículo publicado en VICE Argentina

Desde mediados del siglo XX se empezó a constituir una línea contundente sobre la filosofía de género. El tema central es el lugar de la mujer como sujeto de opresión por estructuras patriarcales que se desarrollaron ancestralmente. A partir de esta premisa, tratamos de repensar la sexualidad. Es decir, cómo nos cuestionamos el rol sexual de la mujer dentro de nuestra sociedad, qué papel juega el hombre y cómo reaccionamos frente a distintas costumbres, constructos sociales y mandatos.

Para la socióloga y escritora Eva Illouz, “la mujer encuentra dentro de una relación amorosa una posición de poder, es por eso que el amor es fundamental en nuestras vidas, es en este lugar donde se nos permite ser alguien, tomar las decisiones. Se nos hace creer que somos únicas e imprescindibles. Cuando la mujer no tiene eso, se la percibe como socialmente débil”. Ella sostiene que actualmente las personas sufren de un modo distinto porque el sentido del valor propio se ve afectado cuando sufren por amor, cuando antes era una especie de desafío, actualmente las personas no lo permitimos, lo vivimos como un sufrimiento totalmente inútil.


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En nuestra sociedad, la masculinidad y la femineidad se definen a partir de supuestos aceptados y promulgados, muchas veces por nuestros propios pares. Como por ejemplo, muchos hombres dan por supuesto que: como soy mujer tengo el SI asegurado. Muchas mujeres dan por supuesto que: como son hombres NUNCA nos rechazarían.

Un día puede pasar que me atraiga alguien, que espere a cruzármelo en una fiesta, que muestre cierto interés en él, y que se note, que se note hasta tal punto de buscarlo con la mirada, ir y bailar a su lado, no dejar de sonreír, hablarle de estupideces para llamar su atención. Hasta que en un momento esa mirada hace que una invitación absurda salga de mi boca. Y es en ese momento donde mis manos empiezan a transpirar de una manera incontrolable, sienta como los nervios frente a un posible rechazo pueden avecinarse ¿qué pasaría si me dice que no?


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“Claro que no” me dice un amigo, “es tímido, también puede pasar”. A ver querido amigo, vamos de nuevo, puede pasar que yo no le atraiga y punto. Por alguna extraña razón se asume que la decisión siempre es de la mujer y que el hombre está acostumbrado a ser rechazado. Sin embargo cuando un hombre rechaza a una mujer los pensamientos más comunes que he escuchado se relacionan con cuestionamientos opuestos: El tiene un problema. Puede que se cuestione su masculinidad, orientación sexual y se les humille por ello.


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La invisibilidad es la manera más violenta de anular a una persona, y resulta mucho peor cuando el rechazo es evidente, de frente y preciso. En VICE hablamos con mujeres que fueron rechazadas y abandonadas, y con hombres que rechazaron:

Sofia, 31 años, diseñadora industrial

Yo en general no tengo ningún problema en dar el primer paso, aunque generalmente la persona me gusta cuando ya tengo la seguridad de que hay agua en el charco. Una vez me pasó algo raro, pensé que alguien me tiraba onda y me equivoqué. Había quedado en un bar con unos amigos y conocidos para ver un partido, entro y un chico me grita: “vos te sentás acá” y yo interpreté eso como que estaba todo dicho. Ese día yo estaba super cansada así que me fui temprano, al otro día le mandé un mensaje con la excusa de que no me había despedido, y él no me dio pelota, ni nada. Es cómo que tengo miedo ser demasiado explícita, cada vez que creo que está bien dar el primer paso tanteo mil veces antes de darlo. Esa vez estaba segura que el pibe me tiraba onda, no entiendo porque no me contestó más.

Retrato de Sofía

Loli, 31 años, artista y cantautora

Un día me enamoré perdidamente de mi mejor amigo y él supuestamente también se había enamorado de mi, un día me citó, me preparó una cena hermosa, pero yo sentía que estaba raro. En un momento se sentó delante mío, se quedó en silencio durante diez minutos y me dijo: “esto es mucho para mi”. Me rompió el corazón. Tiempo después me lo encontré y le pregunté que fue lo que le había pasado y me dijo que lo que me había dicho había sido literal, que podía tener celos a futuro, que le parecía todo demasiado intenso. El dolor que sentí se relaciona a que no me eligió más allá de sus miedos o inseguridades. Él podía estar muy enamorado de mi y elegía no estar conmigo, eso me jodió.

Retrato de Loli

Tamara, 28 años, estudiante

Cuando llegué a Cordoba para estudiar conocí a un chico, compañero de la facultad, nos hicimos muy amigos y yo me enganche muchísimo, no me animaba a decírselo pero era muy evidente de mi parte. Estábamos todo el tiempo juntos, durante seis o siete meses fuimos super amigos, yo era muy evidente y él hacia comentarios como: “Sos la mejor mujer del mundo”. Una vez me emborraché y empezamos a hablar sobre nosotros, yo le dije me pondría en pareja con él, y él me dijo que también, que podría ser, pero no ahora, en fin, me dio mil vueltas. Quince días después cayó con novia. Me dio bronca porque no me dijo directamente: “mirá no quiero estar con vos”, creo que los hombres tienen miedo a decir que no directamente, no se animan, te meten una excusa boluda y automáticamente una se siente rechazada. Me destruyó el autoestima. Me sentí como que no soy suficiente, suficientemente linda ni copada ni inteligente. Después de un tiempo actúe como si nada hubiese pasado, por orgullosa.

Retrato de Tamara

Facundo, 27 años, realizador audiovisual

Volvíamos de un bar en Palermo con unos amigos y amigas, yo manejaba así que estaba sobrio, ella se tomó todo y me ofrecí a llevarla a la casa. Yo pienso (o pensaba) que había onda, pero su novio era amigo mío, y alejarme de los problemas sonaba bien. Hablamos de sexo todo el viaje de vuelta, cuando llegamos a su casa ella me ofreció subir, no acepté, pero tampoco rechacé. Nos quedamos charlando unos pocos minutos más, y después nos dimos un abrazo como el que te das antes de darte un beso. Me dijo que suba de nuevo: “dale boludo, no pasa nada”; y mi respuesta fue: ”Pará, estas super borracha”; se enojó y me fui. Me sentí responsable por decirle que no, pero también sentí que había dejado pasar una oportunidad. Básicamente lo hice porque sentía que me metía en un problema, en esa época tenía 21 años y sentía que si no colaboraba con la situación me iba a sentir mal. Un poco tendrá que ver con haberla encontrado vulnerable; no por mujer vulnerable sino por borracha, una amiga vulnerable. Igual los valores éticos de la amistad me parecen medio berretas también. Creo que fue más para no meterme en problemas.

Retrato de Facu

Matias, 26 años, administrativo

Nos conocíamos desde chiquitos y ella estuvo bastante tiempo detrás mío. El único problema era que yo la veía como una amiga nada más. Un día mientras caminábamos ella me tiró la boca de una manera muy directa, la detuve y le dejé en claro que solo quería ser su amigo. No fue una linda la situación, fue bastante incómoda y me sentí un poco mal por ella, luego de ese instante, hubo un silencio eterno, ella se frustró mucho, yo me sentía culpable, todo fue raro.

De todas formas, después de unos minutos hablé con ella y le dije “yo quiero seguir siendo tu amigo, la paso bien con vos, pero si ves que se pueden confundir las cosas creo que lo mejor será que nos alejemos por un tiempo”. Nos terminamos alejando unas semanas y después volvimos a hablar de a poco, y ahora es como mi hermana.

Retrato de Matias

Felipe, 27 años, comunicólogo

En el caso de ser rechazado creo que la reiteración a veces vuelve a uno un poco inmune, aunque en el momento no guste. Tengo claro que no soy el perfil físico “fachero” y a una primera vista, y eso hace que todo lo vea con otra perspectiva. Las veces que rechacé no se relacionan por el espeto físico de la mujer sino en cómo me cae la persona o el feeling que pueda llegar a tener, aunque si me atrae a primera vista me suma mil puntos a las ganas de querer conocerla. Recuerdo una que pasó hace tiempo: nos conocimos, nos gustamos físicamente, hubo una situación de besos y quedó ahí, seguimos hablando y hubieron cosas de su personalidad y de su manera de pensar que eran demasiado contrarias a mi y eso me bajó el lívido por el piso. Por una mezcla de vergüenza seguía las charlas, pero más cortante. Ella insistía en vernos, hasta que le tuve que inventar que me había puesto en pareja y no era mi estilo salir con otras personas. Me dijo “gracias por avisarme” y no me habló más. Si sentí que toqué su orgullo, pero no me sentí más o menos “hombre” al haberla rechazado, simplemente se me nota mucho si estoy careteando una situación.

Retrato de Felipe

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