Por esta razón la marihuana nos provoca el ‘munchies’


Este artículo fue originalmente publicado en inglés en MUNCHIES US, en febrero de 2015.

Si alguna vez te has preguntado por qué la marihuana te hace querer arrasar con una bolsa de papas fritas, un plato de taquitos al pastor con doble tortilla e incluso esa caja de cacahuates que te envió tu abuela hace meses, un equipo de neurocientíficos está un paso más cerca de conseguir la respuesta.

No necesitamos qjue la ciencia nos diga que si fumamos, vamos a tener ganas de comer desesperadamente, pero la manera en que el cannabis afecta exactamente a los circuitos del hambre en el cerebro no había sido explorado sino hasta ahora.

Tomas Horvath, profesor de neurobiología en Yale y su equipo de investigadores se dedicaron a estudiar cómo el cerebro controla la alimentación, el apetito y la saciedad. Hace unos años, Horvath conoció a Marco Koch de la Universidad de Leipzig, quien estaba interesado en participar en el laboratorio de Horvath con el fin de estudiar cómo los cannabinoides (pertenece al mismo tipo de sustancias químicas que el THC) alteran la función normal del cerebro.

Juntos, descubrieron que un conjunto de neuronas en el hipotálamo conocidas como POMCs se revuelven cuando se exponen a la marihuana. Sus hallazgos fueron publicados en la revista Nature.

“Cuando le administras cannabinoides a los animales, al igual que los seres humanos, comienzan a comer más, incluso si están satisfechos”, le dijo Horvath a MUNCHIES. “Entonces pensamos, echemos un vistazo a los canales que controlan la saciedad. ¿Se apagan con la exposición a los cannabinoides?”. La hipótesis de Horvath era que la exposición a los cannabinoides cierra las POMCs, apagando así las neuronas que te dicen que estás lleno.

Pero cuando expusieron ratones a los cannabinoides, por medio de una inyección, descubrieron que ocurría lo contrario. “Sorprendentemente, lo que encontramos fue que no sólo las POMCs no estaban apagadas, sino que estaban mucho más encendidas”, dice Horvath.

Las POMCs generalmente secretan una sustancia química llamada hormona alfa estimulante de melanocitos (alfa-MSH), la cual se cree que juega un papel importante en la sensación de saciedad. Cuando los ratones se expusieron a los cannabinoides, las POMCs comenzaron a liberar químicos completamente diferentes: beta-endorfinas, que estimulan el apetito y promueven los antojos.


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“De repente, estas neuronas que normalmente sirven para dejar de comer se convierten en el motor de la ingesta de alimentos”, dijo Horvath.

En pruebas posteriores, los investigadores apagaron artificialmente las POMCs en los ratones que ya estaban llenos. “Queríamos hacer que los animales comieran en exceso cuando de otro modo no lo harían”, señaló Horvath, “obviamente, ésta es la situación cuando alguien fuma marihuana después de la cena”. Cuando expusieron a los ratones a los cannabinoides, no comieron mucho. Cuando activaron artificialmente las POMCs en otro grupo de ratones bien alimentados y expuestos a cannabinoides, los roedores se atascaron como tú cuando tenías 20 años.

Esto fue más que emocionante para Horvath y su equipo, y también planteó una nueva serie de preguntas acerca de la función cerebral y la capacidad de la marihuana para actuar sobre ella. En concreto, ¿los cannabinoides pueden invertir la función de otras neuronas? ¿La marihuana en realidad está recableando nuestro circuito cerebral, aunque sea sólo de forma temporal?

“Si lo piensas, cuando fumas marihuana o comes galletas de hachís o lo que sea, obviamente cambian tus funciones cerebrales. Ese es el punto de consumir”, dijo Horvath con una sonrisa. “Así que la pregunta es: ¿esas funciones cerebrales cambian porque las funciones neuronales también cambian otras partes del cerebro? Creo que es una pregunta interesante”.

Horvath y su equipo ahora tienen curiosidad por explorar el papel que estas neuronas podrían desempeñar en la sensación general de estar drogados.

Si bien este estudio no es el primero en explorar el papel de los cannabinoides en el munchies, Horvath señala que su equipo es el primero en explorar este conjunto específico de neuronas en esta capacidad. Otro estudio reciente sugiere que la marihuana podría afectar el bulbo olfativo en el cerebro, esencialmente volviendo el olor de la comida mucho mejor de lo habitual.

“No puedo excluir la posibilidad de que el sistema olfativo juegue también un papel en el munchies”, dijo Horvath. “Estamos simplemente diciendo que estas neuronas tienen un gran impacto en cómo los animales responden a los cannabinoides respecto a la alimentación, y no estamos diciendo que son las únicas”.

De hecho, el fenómeno del munchies puede ser una compleja respuesta fisiológica que no puede ser reducida a un único conjunto de neuronas. Pero Horvath y su equipo ahora tienen curiosidad por explorar el papel que estas neuronas podrían desempeñar en la sensación general de estar drogados.

“Si resulta que estas neuronas son importantes para estar drogados en general, entonces es una observación interesante”, según Horvath. “Si es sólo por la alimentación, entonces podrías argumentar que, si interfieres con estas neuronas, podrías eliminar ese ‘efecto secundario’ del consumo de marihuana. O sea, por lo menos si quieres”. Por ejemplo, se podrían desarrollar fármacos que alterarían la función de estas neuronas en, digamos, pacientes de quimioterapia que tienen un apetito reducido.

Uno de los otros hallazgos clave del estudio podría proporcionar una pista de por qué los drogadictos comilones no son obesos mórbidos. “Al utilizar cannabinoides, estas neuronas comienzan a secretar endorfinas que promueven la alimentación pero que aún están produciendo y almacenando otro químico, que es el químico de la anti-alimentación”, dijo Horvath. Una vez que dejas de estar drogado, las neuronas POMCs son capaces de liberar la alfa-MSH, lo que podría causar una fase de rebote en la que se come menos. “Creo que existe un balance y puede que no contribuya a un aumento de peso, a menos que comas y fumes sin parar”.

La naturaleza siempre se esfuerza por lograr el equilibrio, ¿no?

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