‘Cáñamo’: tres años de lucha por el derecho a publicar información cannábica


En mayo de 2015, antes de que la Suprema Corte permitiera a cuatro personas fumar marihuana legalmente, de que el congreso aprobara el uso del CBD con fines médicos y de que se organizaran congresos temáticos a lo largo del país para empujar la legalización, Leopoldo Rivera, Julio Zenil y Carlos Martínez Rentería fundaron en México Cáñamo, una subsidiaria de la revista española que lleva más de 20 años de historia, 12 con una rama en Chile y que está expandiéndose también a Colombia y Uruguay.

Al mismo tiempo, comenzaron los trámites para obtener el certificado de licitud de título y contenido, necesario para circular en puestos de revista y distribuirse mediante el Servicio Postal Mexicano. Serían la primera publicación de cultura cannábica en el país en lograrlo.

La Comisión Calificadora de Libros y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación, de quien depende el permiso, tardó más de dos años de largas y largas para finalmente responder en julio de 2017: no. ¿El argumento para la negativa? Considerar que sus contenidos atentan contra la moral y las buenas costumbres. Pero Cáñamo sigue luchando por el permiso de divulgar información sobre el cannabis, sus usos y la cultura a su alrededor.

Una edición de Cáñamo a la venta en un puesto de periódicos. Foto del Facebook de Cáñamo México.

Desde entonces, han aparecido otras publicaciones sobre marihuana en México, como La dosis, un periódico impreso sobre marihuana y otros psicoactivos que circula de manera independiente, sobre todo en CDMX; y también como Mota un cómic impreso que lleva más de 20 números publicados. Pero ninguno otro ha tomado la vía legal para conseguir el certificado de licitud. En su base de operaciones en la colonia Escandón, le preguntamos a Julio Zenil y Leopoldo Rivera por qué:

“Como queremos estar en orden, hicimos el trámite normal —explica Leopoldo—. Cuando presentamos la solicitud, la Comisión nos dijo que iba a consultar con otras instancias de gobierno: la Procuraduría General de la República (PGR), la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y a la Comisión Nacional de Adicciones. Las dos primeras instancias no tuvieron problema, pero la Comisión Nacional de Adicciones dijo que podríamos estar promoviendo un delito o fomentando un vicio. Su dictamen fue que debía prohibirse la circulación y declararse ilícita nuestra revista. Esto fue en julio de 2017, más de dos años después [de iniciado el trámite]”.

Tras recibir el dictamen, Cáñamo interpuso una demanda de amparo que puso en suspensión la decisión de Gobernación y les ha permitido seguir publicando: llevan tres números operando de ese modo.

“El fallo de la juez dice que efectivamente [la Comisión] está cometiendo un acto de autoridad que va contra la Constitución —dice Leopoldo—. Ahora estamos en un periodo de revisión, en el que la Secretaría de Gobernación presentará sus argumentos contra los nuestros. De acuerdo con nuestra abogada [Luisa Cones], podría ser a fines de abril que nos otorguen un amparo definitivo, o no”.

A pesar de tener años operando en otros países y de estar abriendo oficinas en Latinoamérica, Cáñamo en ningún otro lado enfrentan tantos problemas para circular como en México, por eso Leopoldo confía en que a fin de cuentas el proceso legal les dará la razón: Confiamos en la independencia del poder judicial. Creemos que van a fallar a nuestro favor porque están tratando de callar a una voz en un debate en el que todo mundo puede participar”, opina.

“Lo que menos buscamos es incentivar el consumo, pero si [las personas] lo van a hacer, que sea un consumo informado —añade Julio— No creemos que le hagamos ningún daño a la sociedad. Creemos que estamos haciendo una aportación importante al debate, con información de muy buenas fuentes. ¿Por qué mantener este tema en el oscurantismo?”.

De manera paralela a la revista, Julio y Leopoldo han desarrollado varios proyectos relacionados con la marihuana, todos exitosos. Por ejemplo, desde hace 18 años han organizado la Marcha cannábica por el día internacional de la liberación de la marihuana y desde hace dos, la ExpoWeed, la primera feria del cannabis en México, y el Museo del Cáñamo y la Marihuana.

“Vemos a la planta como un patrimonio de la humanidad. Nos ha acompañado desde hace milenios, […] [le hemos dado] usos como alimento y como fibra textil… ¿Por qué no usarla en esta situación tan precaria que tenemos México, con 50 millones de pobres que no tienen una industria de la cual podrían beneficiarse grandemente? Creo que es un recurso que se está dejando a un lado. Me preocuparía que la legalización solo fuera para industrias: debe garantizarse que la legalización del cannabis sea un beneficio para toda la población”, señala Leopoldo.

Por eso, para Julio y Leopoldo la lucha por el certificado de licitud no es una cuestión meramente formal o una estrategia de negocio para la revista: es un gesto simbólico, parte fundamental de la lucha por la regulación de la marihuana: “Para nosotros Cáñamo es la culminación de un movimiento. No hay movimiento serio sin un medio de comunicación. Cáñamo es la culminación de años de activismo, de estar informando —concluye Leopoldo—. Cáñamo participa en la integración del cannabis a la sociedad”.

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