Les preguntamos a jóvenes cómo es su vida con distintas ETS


Artículo publicado en VICE Argentina

La vergüenza de un zarpullido en el pene o una verruga en la vagina. La inhibición de preguntarle a tu pareja si tiene o tuvo alguna enfermedad de transmisión sexual. El susurro con el que jóvenes y adultos disimulan la palabra SIDA, sífilis o gonorrea.

El sexo no es solo sexo cuando viene con el combo de las ETS. ¿Cómo se vive el diagnóstico y el tratamiento en la vida en pareja? VICE habló con jóvenes sobre las experiencias que nadie más se anima a contar.

Para hablar de enfermedades venéreas hay que superar el impacto de las imágenes que esas palabras convocan. Encontrar valientes narradores de historias reales de amor, miedo, decepción designada por agujas, biopsias, cepillados y todo tipo de estudios médicos desagradables. Nadie quiere aceptar que las enfermedades de transmisión sexual (ETS) son parte del paisaje urbano. Los consultorios médicos son el confesionario oscuro donde aún se esconde la vergüenza social de padecer una ETS. Si “de eso no se habla” ¿cómo prevenirlas?


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Todos los años las estadísticas engrosan el número de infectados en el país. Es llamativo que el número de contagio de sífilis se haya triplicado en los últimos cinco años. El médico Fernando Vernengo explica que la sífilis es una enfermedad producto de una bacteria que se detecta con un análisis de sangre. Se indica un antibiótico y la persona se cura. “Lo peligroso es cuando no hay una detección temprana de la ETS”.

El número de ETS va en aumento a nivel mundial. Vernengo afirma que es evidente que no se usan preservativos, la Fundación Huésped dice que solo el 21 por ciento de los adultos los usa en sus relaciones sexuales. “Falta educación sexual, además hoy claramente hay relaciones sexuales con un número más alto de parejas, está lo que se llama poliamor, el polisexo o sexo grupal”. El doctor insiste: el preservativo es la única barrera para prevenir el contagio ya que tiene una efectividad del 99 por ciento. “La gente sólo va al médico cuando les duele o hay sangre. Mientras no se entienda que hay que hacer controles periódicos no dejará de haber contagios”.

Maximiliano, 47 años, fotógrafo

VICE: ¿Cómo te enteraste que sos portador del virus HIV?

Hace más de 20 años que vivo con este virus. Me enteré en 1995 a raíz de una enfermedad de la madre de mi hija: el lupus. Su salud declinaba, pasábamos por neurólogos, oncólogos, por todos lados, hasta que al infectólogo se le ocurrió hacer un test para detectar el HIV. Fui el primero en tomar el testeo, me pesaba saber que una noche tuve sexo alcoholizado y se me rompió un forro. Ese 5 de mayo me dieron la noticia.

¿Qué implicó en tu vida este diagnóstico?

En aquel momento significaba la muerte, socialmente y a nivel personal. Lloré mucho, nueve días seguidos. No podía creer que a los 24 años me tocaba eso después de todo lo otro que es parte de mi vida: la historia de mis padres, lo que significó la historia política del país en mi familia, la desaparición de mi viejo en el 75. Tenía una hija que recién estaba por cumplir dos años y estaba convencido que me iba a morir. Le dije a mi médico que yo quería llegar hasta que mi hija tuviera 18 años. Hoy ya tiene 25.

¿Sabés cómo se produjo el contagio?

Nunca supe como ingresó el virus a mi vida. Presumo que fue por el descontrol que se desató a mis 16 años: dejé de estudiar, salía de noche. Empecé a consumir todas las drogas que había: fumables, pastillas, cocaína, y así llegué a las inyectables. Ahí pudo estar el foco de la infección porque toda la gente que se picaba conmigo en ese momento murió.

¿Cómo hablás del tema con otros?

Es jodido tocar el tema de movida con cualquiera, tiene que haber confianza y conocimiento de esa persona, a pesar de que hoy en día la enfermedad ya no es mortal sino crónica.

¿Cómo fueron tus relaciones de pareja posteriores al diagnóstico?

No tuve ninguna pareja que haya estado infectada de HIV después de la mamá de mi hija. No se dio, conocí a otras mujeres que no estaban infectadas y me enamoré de ellas, formé pareja. Ninguna se infectó. Esto tiene que ver con el respeto, el cuidado y el amor hacia la vida del otro y a uno mismo.

¿Cuál es la percepción que tenés en la actualidad sobre el nivel de contagio del HIV?

Todos los meses, cuando busco mi medicamento en el hospital, veo con muchísima tristeza a pibitos infectados de 14 o 16 años. Hay 6500 nuevos casos por año en este país.

¿Cuáles te parecen que pueden ser los factores que determinan el crecimiento en el contagio?

Tiene que ver con el abandono estatal de todas las políticas y campañas de prevención. A la gente no se le informa, no se hacen campañas serias de prevención. La pandemia del HIV apareció hace más de 20 años y somos alrededor de 45 millones de infectados en el planeta. El estado no debió abandonar su rol preponderante de protector de su ciudadanía. Parece un ejemplo tonto pero a veces en el hospital no hay forros en los dispensers, esa es una medida muy importante para promover el uso del preservativo.

Vivi, 26 años, estudiante de psicología

VICE: ¿Desde cuándo comenzaste a ser consciente de las enfermedades de transmisión sexual?

Comencé a tener relaciones sexuales y hacerme controles ginecológicos a los 18 o 19 años. Se puede decir que con el tema soy aplicada, me hago un PAP al año, me gusta informarme, saber, sobretodo en cuestiones médicas. Lo paradójico es que a pesar de ser un poco obsesiva me tocó vivir una mala experiencia con las ETS.

¿Cómo fue esa mala experiencia?

Conocí a un chico y empezamos a salir. Teníamos relaciones sexuales y siempre nos cuidábamos con preservativos hasta que empezamos a formalizar. Fui al médico, hablé con la ginecóloga y le dije que quería cuidarme de otra manera ante un posible embarazo. Empecé a tomar anticonceptivos. Después de una semana en la que todavía teníamos que cuidarnos con forros, empezamos a tener sexo sin protección. Ahí es cuando me di cuenta de que pasaba algo raro. Sentía una molestia en la zona vaginal, me revisé para saber si tenía una erupción. Ardía como cuando te raspás la piel. Durante el fin de semana el dolor se tornó insoportable. No podía caminar: tenía ampollitas. Fue muy traumático no saber qué hacer y esperar al lunes para ver a mi médico. Me tiró el diagnóstico sin anestesia: herpes genital.

¿Qué sentiste cuando te confirmó que tenías una ETS?

El doctor me dijo “es herpes genital que te contagiaste en una relación sexual”. Me dio una pastilla, una crema, las indicaciones y me fui a la farmacia asustada, llorando. No sabía qué era, de qué se trataba. Había escuchado sobre sífilis, gonorrea, HIV, HPV, pero no sabía nada del herpes genital. Consulté con otra médica, me aseguró que no era nada del otro mundo, se trataba de un virus que incluso podría haberme contagiado hacía mucho tiempo y que se manifestaba en ese momento.

¿Hablaste con tu pareja del asunto?

Al principio no le dije nada, eran épocas de exámenes. Me hice el tratamiento y esperé a que él dijera algo. Si bien me hago controles médicos regulares acepté la posibilidad que me planteó la doctora: pude haberme contagiado hacía tiempo. Cuando nos vimos después de una semana, él me abordó con la frase “tengo que decirte algo”. En sus genitales tenía una erupción blanca desde hacía mucho tiempo. En su momento, la médica le indicó una crema y nada más. Pero le había vuelto a salir y quería que le recomendara un médico. Me quería morir, si tuvo desde antes esa erupción ¿por qué no me lo dijo? Siempre me decía que él me quería cuidar.

¿Qué cambió en tu forma de relacionarte con tus parejas sexuales a partir de este evento?

Ahora soy más consciente de que hay riesgos de contagio. Me cuido con preservativos de nuevo. La doctora me contó que por más que use profiláctico me puedo contagiar si la persona tiene una manifestación de alguna ETS en otra zona.

Noelia, 36 años, asistente técnica

VICE: ¿Cómo supiste que tenés el virus HPV?

Tenía verrugas en la zona genital. Lo primero que una hace en estos casos es googlear y espantarse. Me recomendaron un médico que era, supuestamente, muy bueno. El tipo era lúgubre, raro. No me dio confianza y la consulta fue bastante escueta: no despejaba mis dudas, solo preguntaba mis datos personales y síntomas. Al finalizar la consulta (que duró no más de cinco minutos) me dijo que podía ser HPV y me mandó a hacer una ecografía. Investigué más por mi cuenta y cuando leí la palabra cáncer me asusté mucho, entré en pánico. Por suerte tuve la contención de mis amigas, me decían que el HPV era algo normal.

¿Cómo siguió el tratamiento? ¿Qué es necesario para prevenir las ETS?

Me hice los estudios y salieron positivos en HPV pero sin riesgo de cáncer de útero, eso era lo que me aterraba. Cuando pasan estas cosas una le da más importancia a la educación sexual integral en todos lo niveles educativos. Los principales miedos de una mujer sexualmente activa son el HIV y el embarazo. Pero hay una infinidad de enfermedades a las que las mujeres estamos más expuestas.

¿En qué afectó el HPV en tus relaciones sexuales?

Cambió la forma de relacionarme en el sentido del cuidado. Cuando se trata de una relación sexual eventual no hay espacios para las charla de las ETS, sigue siendo un tabú. Cuando se trata de una pareja más estable es una conversación que tengo. Pero en todos los casos uso preservativo como prevención.


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Irene, 35 años, empleada administrativa

VICE: ¿Tenés o tuviste alguna ETS? ¿Cómo sobrellevaste esa circunstancia?

Empecé a conocer a este tipo y tuvimos relaciones sexuales. Usamos preservativos durante el acto sexual pero no en el sexo oral. Cuando sentí molestias y picazón fui a la ginecóloga, la mina re piola, me dijo que me había contagiado de hongos. Me tuve que poner unos remedios y se curó.

¿Hablaste con quien te contagió? ¿Cuál fue su reacción?

El me decía “que garrón” pero no se mostró muy interesado, me preguntó si estaba segura que él me había contagiado. Los vagos se lo toman más a la ligera. Le dije que vaya al médico, que haga un tratamiento pero no fue. Por eso no progresó nuestro vínculo, sigue siendo un goma.

¿Qué pensás que hace falta para prevenir las ETS?

Tiene que haber más educación sexual. Muchas de mis amigas cogen, se cuidan con pastillas y no con preservativos. Mucha gente piensa que los riesgos solo son el HIV y el embarazo no deseado. Hay enfermedades muy comunes, como el HPV. A las mujeres nos baja muchísimo la libido el hombre que no se cuida y que no quiere usar preservativo. Últimamente, si eso me pasa, si el tipo no quiere coger con preservativos, chau.


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María, 33 años, trabajadora social

¿Cómo afrontaste la aparición de una ETS en tu vida de pareja?

Nos pusimos de novios un tiempo y antes de empezar a garchar sin forros nos hicimos análisis, salió todo bien. De un día para el otro, a él le salió un sarpullido en la punta del pito, pensábamos que era alergia. Fue a varios médicos y ninguno daba con el diagnóstico. Se gastó una fortuna en estudios. Después de hacerle una biopsia muy dolorosa le dijeron que tenía HPV.

¿Te contagiaste del virus?

No me contagió pero fue un momento desgarrador para la pareja. Siempre fui muy cuidadosa de no garchar sin cuidarme con forros y hacerme análisis médicos. Y de repente, mi novio tenía HPV y yo no sabía en qué circunstancias se había contagiado. El médico me dijo que me quedara tranquila: el HPV en los hombres surge a los cuatro o cinco años después del contagio.

¿Cómo fue el tratamiento y de qué manera afectó a la pareja?

Mi ginecólogo, de manera muy educada, me preguntó si yo tenía sexo anal con él —lo que no había pasado— ya que un HPV en el ano es mucho más complejo que en la vagina. Durante un año, cada tres meses, me hice chequeos para descartar el contagio. Me hacían raspajes adentro con una especie de cepillo finito para llegar a útero. En ese período, él también hizo varios tratamientos. Los métodos alternativos fueron los que funcionaron: el ajo le dejaba la pija en llamas pero erradicó la verruga.

¿Qué los ayudó a afrontar el diagnóstico y tratamiento?

El diagnóstico fue desesperante porque no teníamos en claro qué era el HPV o la modalidad de contagio. Nos enteramos que te podés contagiar por una toalla, no solamente por un contacto sexual, que nos podemos contagiar en los baños, descubrimos un mundo del cual teníamos muy poco conocimiento. La solución fue informarnos con un urólogo, con mi ginecólogo de confianza e ir juntos a las consultas.

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