Cómo es ser madre y trabajadora sexual a la vez


Artículo originalmente publicado por Broadly Estados Unidos. Leer el artículo en inglés.

Cuando imaginas a la madre perfecta, ¿quién te viene a la mente? Tal vez piensas en tu propia madre. O tal vez, como muchos de nosotros, tienes el retrato mental de una mujer que, a pesar de haber tenido hijos, está completamente desexualizada. Desde representaciones culturales pop de madres idealizadas como Carol Brady hasta la madre de tres hijos Kim Kardashian, quien fue criticada por sus detractores por tomarse fotos desnuda, nuestra visión socialmente aceptable de la maternidad es a menudo la de una mujer que no exhibe un interés sexual visible.

El resultado es que las madres que trabajan en la industria del sexo suelen estar muy estigmatizadas. Como madre de un precoz niño de cuatro años y ex trabajadora sexual, conozco muy bien este estigma. Aunque poseo un cierto grado de capital social con mi formación —tengo un doctorado—, experimento el estigma de mi trabajo anterior con más frecuencia de lo que la mayoría podría pensar. Incluso después de obtener mi doctorado, innumerables abogados me explicaron que mi antiguo trabajo quizá me llevaría a perder la custodia total de mi hijo luego de que su padre y yo nos divorciamos.

Mi experiencia no es una anomalía. Según un informe de 2015 de la Red Global de Proyectos de Trabajo Sexual, las trabajadoras sexuales en Portugal, entre otros países, pueden perder la custodia de sus hijos a través de servicios sociales o los tribunales de familia únicamente por su profesión. Y en algunos casos, pueden perder a sus hijos incluso ante parejas abusivas o negligentes, como en el caso de Petite Jasmine, la trabajadora sexual sueca obligada a entregar a sus hijos en 2010 a un hombre conocido como abusador doméstico, quien terminó asesinando a Jasmine en 2013, el día que había planeado ver a sus hijos por primera vez en un año y medio.

Antes de su muerte, le preguntaron a Jasmine si sería feliz si su hija creciera y se convirtiera en trabajadora sexual. “Mis hijos pueden crecer para ser lo que quieran y yo los apoyaré independientemente de lo que escojan”, contestó Jasmine según dice su amigo y compañero activista Pye Jakobsson. “Pero si eligen el trabajo sexual, les advertiré sobre el estigma social”.

El estigma social del trabajo sexual está tanto codificado en las leyes de muchos países como en la práctica cultural. Los cuerpos de las trabajadoras sexuales se nombran como “vectores de enfermedades” en el discurso público y algunos agentes de la policía supuestamente violan a las trabajadoras sexuales antes de arrestarlas. La criminalización del trabajo sexual en muchos países, tiene el efecto de afianzar la desigualdad y la discriminación, según Amnistía Internacional. Y el estigma social ligado a las sanciones estatales se agrava para quienes además son madres, además de abrirse paso en nuestras interacciones interpersonales.

Como autora de How Mamas Love Their Babies, que es el primer libro para niños que debate abiertamente sobre el trabajo sexual, quise introducir a los niños a una forma de trabajo históricamente estigmatizada de una manera apropiada para su edad. Desde trabajadoras domésticas y oficinistas hasta strippers y madres que se quedan en casa, el libro pinta un retrato inclusivo de muchas mamás que ejercen este oficio. Pero mi deseo de desestigmatizar a las trabajadoras sexuales que son mamás llegó con un precio: recibí amenazas de muerte, extraños llamaron a Servicios de Protección Infantil para denunciarme e incluso me acusaron de practicar brujería satánica para hacer que los niños entraran en la industria del sexo. No estoy sola: la yuxtaposición del trabajo sexual y la crianza de los hijos hace que muchas personas se sientan incómodas.

Juniper Fitzgerald. Foto cortesía de ella misma.

A pesar del profundo estigma que conlleva ser madre y trabajadora sexual, muchas disfrutan de la flexibilidad y la seguridad financiera que brinda. Lola Luscious (29), residente en Chicago, era una madre soltera con dificultades que comenzó a tener relaciones sexuales como fuente de trabajo. (Para proteger la identidad de las trabajadoras sexuales entrevistadas para este artículo, todos los nombres utilizados son seudónimos).

“Estaba viviendo sola en un departamento de mierda, apenas cubriendo los gastos de alquiler y guardería para nunca poder ver a mi hija”, me dice Luscious. “El trabajo sexual se convirtió en la mejor opción para mí”.

La hija mayor de Luscious, ahora con 11 años, sabe lo que hace su madre para ganarse la vida. “Mi hija mayor y yo tenemos una gran relación y un diálogo abierto sobre todas las cosas de la vida, incluido el sexo”, dice, “y con el tiempo he explicado que mi trabajo implica tener sexo”.

No todas las trabajadoras sexuales pueden hablar tan libremente con sus familias sobre su trabajo. Autumn, una trabajadora sexual de 26 años de Texas, no se lo ha dicho a sus amigos o familiares. “Si no hubiera niños involucrados”, dice, “creo que no sería tan callada al respecto”. Como madre de un niño de seis años, Autumn teme perder la custodia si surge el tema de su empleo.

Independientemente de si las madres que trabajan sexualmente están con sus hijos, de las nueve madres con las que hablé, varias mencionaron la autosuficiencia y el tiempo que pasan con sus hijos como los mayores beneficios del trabajo sexual. Pero ser una madre trabajadora sexual no es sólo una manera práctica de equilibrar los compromisos del cuidado infantil y el trabajo; hay desventajas significativas, especialmente si eres parte de un grupo marginado.

“Creo que es importante no sólo centrarnos en el aspecto de empoderamiento del trabajo sexual”, dice Suprihmbé, residente de Chicago de 28 años, “como suelen hacer tantas trabajadoras sexuales no negras o de clase media. No tenemos que ignorar los contras del trabajo sexual para mujeres como yo sólo por ensalzar sus beneficios”.

Lola Luscious. Foto de Zachary Luscious

Escritora, artista, trabajadora sexual y madre, Suprihmbé cree que el racismo y el misogynoir [misoginia racializada contra mujeres negras en particular] se amplifican dentro de la industria del sexo. Cuando las trabajadoras sexuales blancas de clase media se centran en el aspecto empoderador del trabajo sexual, sin reconocer la violencia de las sanciones estatales o el estigma social, esto puede crear una falsa dicotomía entre el empoderamiento y la victimización. Esta dicotomía, señala Suprihmbé, “borra a las mujeres que necesitan visibilidad”.

Además del estigma, como Luscious, Suprihmbé es directa sobre la posibilidad de que su hijo encuentre su trabajo en internet.

“Mi hijo podría encontrarme en PornHub un día”, dice ella, “y está bien porque las mamás tienen relaciones sexuales”. Si él me encuentra, esa será mi respuesta: ‘Las mamás tienen sexo’.

¡Las mamás tienen sexo! Ninguno de nosotros estaría aquí si no lo hicieran. Y algunos de nosotros, por diversas razones y en innumerables contextos, optamos por participar en el sexo comercial. Esa elección, aunque restringida de la misma manera que la labor de otros sectores, debe entenderse como una tarea compleja, personal y, a veces, difícil de realizar.

Después de haber trabajado en la industria del sexo durante la mayor parte de mi vida adulta y como una madre que trata de ser más amable, más paciente y amorosa con cada día que pasa, mi visión de la madre perfecta es una amalgama de todas las mamás trabajadoras sexuales inspiradoras que conozco en mi vida cotidiana. Pero cuando pienso en la maternidad, también pienso en mi propia madre, que perdió mi custodia después de tener una relación extramarital.

La imposibilidad de las dicotomías impuestas sobre la vida y cuerpos de las mujeres significa que todas —no sólo las trabajadoras sexuales— pueden verse castigadas por el estado en algún momento simplemente por ser seres sexuales. Este estigma castigador seguirá aplanando la personalidad de todas las madres hasta que erradiquemos las percepciones culturales racistas, sexistas, capacitadoras, clasistas y heteronormativas de lo que constituye la madre perfecta.

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