Personas nos cuentan su historia más virgen en seis palabras


Artículo publicado por VICE Argentina

Ciertas torpezas no tienen que ver con la edad. Ni siquiera con crecer o con dejar atrás la adolescencia, el período (muchas veces) más aturdido y descontextualizado de la vida. Tampoco se trata de pegar el estirón y que nuestro cuerpo quede a destiempo del cerebro. No, y a eso vamos: las malas decisiones nos exponen y nos dejan desnudos ante la poderosa realidad. Con 20 o con 40 años: da igual. Madurar no es dejar de tener gestos de virgen. Por eso, se sabe, muchas veces somos más vírgenes de lo que creemos o de lo que siquiera podemos imaginar. Despejando la variable del debut sexual (donde se pierde “esa” virginidad pero queda la otra, la permanente, la gestual, la que flota caprichosa dejándonos en evidencia), ser virgen o naif es más común de lo que pensamos.

¿Cuántas veces vivimos situaciones en las que obramos mal, de forma poco elegante o sin medir las consecuencias? Situaciones que, pensadas fríamente, no resisten ningún tipo de análisis. Ni castos, ni puros, ni inmaculados: sólo esas huevadas que preferimos esconder y que nunca, jamás, salgan a la luz. Este es un resumen de unas 50 historias vírgenes narradas en 6 palabras. Hay situaciones con drogas, momentos eróticos, devenires laborales, dilemas culinarios, compras sin sentido, escenas que ameritan su propia literatura y, con 50 corazones abiertos de par en par, un tropel de virginidades que merecen leerse y quedar para la posteridad.

“Pagué $120 una porción de pizza”. Francesco, 21 años, estudiante de periodismo.

“Abandoné una carrera tras una clase”. Nicolás, 27 años, periodista.

“Me subí al auto del transa”. Ezequiel, 27 años, arquitecto.

“Saqué un crédito para un amigo”. Patricio, 30 años, técnico de cine.

“De adolescente fui fan de Crepúsculo”. Carla, 23 años, periodista.

“Identifiqué una font en voz alta”. Jessica, 31 años, realizadora audiovisual.

“Prendí porro en puerta de comisaría”. Federico, 30 años, abogado.

—“Recomendé persona para puesto, terminó robando”. Romina, 30 años, fonoaudióloga.

—“Quise culear pero se quedó dormida”. Cristian, 33 años, productor de radio.

—“Elegí carrera universitaria en un McDonald’s”. Martín, 35 años, empleado en una pinturería.

—“Me acabé en mis propios ojos”. Matías, 31 años, empresario textil.

—“Compramos un viaje. Nos separamos enseguida”. Javier, 40 años, alquila inflables infantiles.

—“Presté contraseña maestra. Me recontra rajaron”. David, 30 años, empleado administrativo público.

—“Compré lote de 1800 VHS porno”. Juanma, 32 años, community manager.

—“Demorado en aeropuerto por bolso sospechoso”. Marcos, 36 años, dueño de una fábrica de pastas.

—“Desconecté router para jugar al dinosaurio”. Lucila, 31 años, marketing manager.

—“Caliente con mina dije otro nombre”. Leandro, 36 años, empleado de comercio.

—“Seguridad pregunta: ‘¿Fumás?’ ‘Sí’. Chau churro”. Evelyn, 26 años, locutora.

—“Gasté 50 pesos/dólares en figuritas”. Pablo, 35 años, técnico químico.

—“Pajearme antes de coger con mi prima”. Roberto, 28 años, cocinero profesional.

—“Compré LSD, era una revista Gente”. Gino, 29 años, project manager.

—“Creo en las publicidades de shampoo”. Guadalupe, 27 años, agente de prensa.

—“Me atendió una estudiante de odontología”. Ramón, 42 años, inspector de obras.

—“Regalé todos mis muñecos de He-Man”. Gustavo, 41 años, agente de prensa.

—“Hice caso a tutorial de YouTube”. Matías, 23 años, comerciante.

—“Regalé mi Sega a una ex”. Leandro, 35 años, científico desempleado.

—“Pagué las tetas de mi ex”. Walter, 43 años, agente de rampa para una aerolínea.

—“Compré porro en Dominicana. Era orégano”. Mariano, 45 años, periodista.

—“Pagué por adelantado alquiler a adicto”. Julián, 24 años, periodista.

—“Jugué Magic en 2001 y 2018”. Luis, 32 años, periodista.

—“Sí, me cogí a un tarado”. Lorena, 39 años, actriz porno.

—“Me pidieron el celular y flashié robo”. Cristian, 32 años, productor de radio.

—“Viajé a Mardel. No me recibió”. Martín, 40 años, diseñador gráfico.

—“Mandé spam a cambio de birra”. Daniela, 36 años, productora de radio.

—“Fui a una cita a ciegas”. Elizabeth, 37 años, community manager.

—“Mi mamá me cuidó el Tamagotchi”. Cecilia, 33 años, agente de prensa.

—“Le caí de sorpresa. Tenía novia”. Silvina, 38 años, docente.

—“Plena paja, le rompí el frenillo”. Joan, 28 años, responsable de comunicación.

—“Imprimí 2000 ejemplares de autor desconocido”. Enzo, 40 años, escritor y editor de libros.

—“Me tiré gas pimienta yo misma”. Adela, 26 años, maquilladora.

—“Me dejó por WhatsApp cuatro veces”. Sara, 32 años, empleada estatal.

—“Comí torta de marihuana sin saber”. Nico, 36 años, bartender.

—“Me dejé convencer: fotos en bolas”. Fermín, 27, guionista.

—“Solía masturbarme con chicas que dibujaba”. Fernando, 36 años, dibujante y comunicador social.

—“Seis años. Flashié embarazo por un beso”. Natalie, 23 años, comunicación interna.

—“Viajé a Buzios con una desconocida”. Ale, 36 años, productor de contenidos digitales.

—“Pagué por adelantado una reforma de albañil”. Ángel, 41 años, historietista.

—“Le creí todo a un mitómano”. Candela, 28 años, periodista.

—“Saltando para una foto terminé enyesada”. Victoria, 27 años, secretaria.

—“Pensé que ser freelancer era liberador”. Lucas, 37 años, activista LGTIBQ.

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