El campeón del mundo


Artículo publicado por VICE Colombia

Escritores de Latinoamérica arrancan en VICE la serie “Correspondencia Mundial”, un cruce de correos literarios para comentar los pormenores del encuentro en Rusia 2018.


Lo único bueno de haber sido eliminado primero que el resto es que he podido leer sus lamentos con un poco de distancia, casi con una sonrisa: me alegró de mí mismo porque ya se me pasó. Francia eliminó a Perú no ayer, sino hace 19 días. Un culo de tiempo. Yo ya estoy tranquilo. Ya puedo sonreír. Tengo a mi lado un croissant de mantequilla y mi camiseta de Mbappé.

Ahora que lo pienso, me temo que para mí el Mundial es un espectáculo anticolonial. No sé bien si apoyo a los países pequeños porque son pequeños o porque fueron colonias de algún imperio europeo. Y allí, Francia y Bélgica me generan problemas. ¿Cómo estar en contra del país de Leopoldo II y las masacres que hizo en el Congo, si podría ser la gran coronación de Romelu Lukaku, precisamente hijo de congoleses? ¿Cómo odiar a Francia, si pese a Argelia e Indochina su equipo actual es aún más multicultural que el black-blanc-beur de 1998?

La otra llave de semifinales me es más fácil de procesar políticamente. Inglaterra no solo fue un imperio, sino que juega feo. Horrible. No deberían ganar nada. Y Croacia, en fin, es un país pequeño y Luka Modric vale por cinco, pero, ya saben, sus coqueteos con el fascismo, lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial, todas esas cosas. Aunque debe ser bien fácil volverse de derecha cuando tienes a los serbios ingresando a tu territorio bajo la fachada de ser el Ejército Yugoslavo y con estrellas rojas por todas partes, como en 1991.

En suma, el Francia-Bélgica lo veré con expectativa. El Inglaterra-Croacia lo veré con desinterés.

Volviendo al fútbol, me tocó ver el Francia-Uruguay con un francés. Estaba yo en un modesto restaurante al lado de Palacio de Gobierno, atendido exclusivamente por venezolanas, y al frente mío estaba aquel francés disfrazado de francés: la casaca Quechua y la Guide de voyage “Pérou” adecuadamente subrayada. No entendía del todo mis insultos al televisor. Volteó con suspicacia cuando me oyó mentar la madre a alguien. Celebró el gol de Griezmann casi con desgano: solo levantó el puño y musitó algo bajito, seguramente un but. Apenas acabó el partido, se paró y se fue. Me pareció ofensivo. Casi le digo “ven, celebra, mierda”.

Unas horas después, ocurrió lo que tenía que pasar: encontré a mis compatriotas convertidos en brasileros. Mi ventana daba a la Plaza de Armas de Lima y la abrí para oír los lamentos de 700 peruanos frente a una pantalla gigante: palo de Thiago Silva, eeeeeh, gritos de emoción; autogol de Fernandinho, oooooh, gritos de sorpresa. Seguí la totalidad del primer tiempo por los gritos de los asistentes: aplausos, gritos, casi, ya llega, ahí ta. De repente, gol de De Bruyne. Gritos de decepción, oooooooooh, e incredulidad, uuuuuuuuuh. Para el segundo tiempo bajé donde el gentío y no vi ya peruanos solidarios: me topé con peruanos molestos. Insultaban a la pantalla, renegaban con Coutinho, le escupían a Neymar.

Fin del partido: nos quedamos solos. No hay más sudamericanos. A priori, no hay a quién apoyar.

O quizá sí.

Existe un mito en el Perú: nuestra selección es la pata de conejo de los campeones del Mundo. Les damos suerte: en los cuatro mundiales que jugamos, Perú siempre perdió o fue eliminado por un equipo que después sería el campeón. En 1930, perdimos contra Uruguay. En 1970, nos eliminó Brasil. En 1978, Argentina nos metió 6 a 0 (aunque ya estábamos eliminados, era nuestro último partido). Y en 1982, empatamos con Italia. Aquí el mito se rompe, y por eso lo alargamos: Italia no nos ganó, pero “nos eliminó” porque ellos pasaron la etapa de grupos y nosotros no.

El mito sirve también para reforzar nuestra autoestima: vaya, sí, perdimos… pero perdimos contra el campeón del mundo.

Por todo eso, Perú será hoy, seguro, medio francés. Es una forma de consolarnos. Cuando Francia le ganó a Argentina 4 a 3, la conclusión más común fue que nosotros les hicimos un mejor partido. Nosotros defendimos mejor. También atacamos: hasta tuvimos el palo de Aquino. Solo nos metieron un gol, no cuatro. Controlamos a Mbappé. Su gol fue de rebote. Los franceses terminaron pidiendo tiempo al árbitro.

Y cuando Francia ganó a Uruguay, repetimos lo mismo. Nosotros atacamos más y mejor: hasta tuvimos el palo de Aquino. Solo nos metieron un gol, porque a Gallese no se le escapó la pelota como a Muslera. Controlamos a Varane. Su gol fue de rebote. Los franceses terminaron pidiendo tiempo al árbitro.

Y no habrá mejor consuelo que ver a Francia campeona del mundo. En los próximos cuatro años podremos decir “sí, nos eliminaron… pero nos eliminó el campeón del Mundo”.

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