Este fotógrafo usa Grindr para retratar penes mexicanos


Artículo publicado por VICE México.

La fotografía doméstica promedio de un pene o dick-pic —con la intención de estimular sexualmente a terceros—, se construye a partir de la sumatoria de diversos rasgos estéticos que se han popularizado durante la última década, definiendo accidentalmente el estilo propio de estas fotografías con las que muchas personas hemos convivido —tomándolas u observándolas—.

En estas creaciones fotográficas de corte erótico, destacan ciertas habilidades como la nula pretensión por encuadrar de forma atractiva el miembro, la voluntad trunca de iluminar de manera provocadora el área, y sobre todo, una determinación bestial de convertir la fotografía en una imagen poco excitante. Como antídoto a estos cachondeos gráficos, nació en Cuautla, Morelos, Lagartier, un fotógrafo mexicano que se inclinó personalmente hacía el retrato y el surrealismo, pero de forma poco predecible.

Para unir ambas aficiones, Lagartier tomó un camino distinto al de muchos fotógrafos tradicionales: abrió una cuenta de Grindr y abiertamente se presentó como retratista de penes. “Si gustas participar, necesitas un lugar donde pueda fotografiar tu pene”, bajo esta premisa surge PENEGRAFÍAS, un proyecto fotográfico en el que Lagartier logró unir el surrealismo con el retrato.

Platicamos con Lagartier para conocer sus experiencias más extrañas, locaciones y fotos preferidas, y la opinión de su familia.


VICE: ¿Por qué empezaste a usar Grindr?
Lagartier: Comencé a usar Grindr de forma personal con el fin de conocer hombres, hombres que buscaban ligar. Con el uso me di cuenta de que sucedían situaciones interesantes, como la manera en que se interactúa con otras personas.

Me llamaba la atención que cuando me contactaban, mandaban principalmente fotos de culos o de penes. No había nombres, no había identidades, sólo imágenes de penes. Por comentarios de amigos —y experiencia propia— me di cuenta de que las imágenes más sugestivas y poderosas para el ligue en Grindr —o en Manhunt— eran siempre las fotos de penes bien grandes.

Screenshot de Grindr, 2017.

¿Cómo decidiste comenzar a fotografiar penes?
PENEGRAFÍAS surgió como una extensión de otro proyecto paralelo que explora la identidad de hombres que gustan de otros hombres y que socializan y/o se conocen mediante un mundo virtual: páginas web y apps. Siempre me ha llamado la atención que, de manera generalizada, la figura de un pene grande en tamaño y estructura —con o sin circuncisión— es algo que genera fantasías, causando deseos en muchos hombres y mujeres.

Sin embargo, del pene no se habla socialmente, el pene no existe en los medios de comunicación masiva; en conversaciones “apropiadas” pareciera que el pene sólo sirve para orinar. Del pene casi no se habla o se representa en público, un pene erecto es la imagen más abominable que puede verse en una sociedad “educada”, pero al verlo en un contexto privado es quizás todo lo contrario.

El visitante, 2017.

El departamento y el nudista, 2017.

Génesis, 2016.

¿Cómo arranca PENEGRAFÍAS?
Cuando decidí comenzar a fotografiar penes de extraños utilizando Grindr, establecí en la información de mi perfil que era sólo eso: retratos de penes y no más.

Coloqué una foto de perfil donde se pudiera ver mi rostro claramente y usé el nickname de “Penefotógrafo”. Aunado a ello puse un link de mi tumblr para que los interesados pudieran saber un poco más de mí y mi trabajo.

Y una vez que alguien quería participar, ¿qué procedía?
Los interesados en ser retratados me preguntaban cosas, como si importaba el tamaño del pene, y yo les respondía que no. El tamaño o color de su pene era para mí irrelevante, sólo me importaba que fuera de origen mexicano, que el interesado en participar tuviera un lugar donde lo pudiera retratar, tiempo para hacerlo y que me pudiera compartir previamente —vía Grindr o WhatsApp— algunas imágenes. Si no cumplían con estas condiciones, el retrato no sucedía.

¿También se veían en plan erótico?
Algunos hombres me decían que se dejaban retratar si al final había un contacto sexual, pero nunca hice un trueque por sexo o dinero por foto. No quise prostituir el proyecto. Me interesaba que el retratado me dejara documentar y/o intervenir su pene por gusto y nada más.

Jamás elegí a alguien para el retrato, ellos eran los que decidían participar.

Lugares de trabajo XXXV (autorretrato), 2017

¿Cómo eliges con que acompañar cada pene? ¿Cuál es el proceso creativo para llegar al resultado final?
Para este proyecto, las imágenes de penes que me enviaban al celular las utilizaba como estímulo para imaginarme el retrato final. Cuando las pene-selfies del sujeto a retratar no estimulaban mi imaginación, el lugar donde sucedía la foto ayudaba.

¿Cómo ayudaba?
Utilizando objetos, mobiliario, plantas, texturas o telas que se encontraban en el espacio del retratado. Por eso era importante para mí que el sujeto participante eligiera el lugar donde serían las fotos, en vez de definirlo por mi cuenta.

Sin título, 2017.

Intervención III, 2017.

¿Tienes fotos consentidas?
Todas son especiales para mí, aunque claro que hay algunas que son más significantes que otras. Considero que construí algunas imágenes que no sólo domestican la figura del pene, sino que resultan tan potentes que me trasladan a espacios oníricos, surreales.

Por ejemplo, la penegrafía “Intervención II” —el pene con unas tiras metálicas color morado— es una foto que no puedo olvidar; las fotos de penes personificados con ojos también se han grabado en mi memoria.

Intervención II, 2016.

Juegos del inconsciente II, 2017.

Paisaje I, 2017.

¿La que más trabajo te ha costado?
El “Pene Galáctico” fue una foto que se me complicó un poco, pues tuve desnudo al retratado una hora y media mientras le cubría el pene con una especie de crema blanca, y polvo azul y rojo. Lo que no contemplé fue que el cuerpo produce calor y por consecuencia la consistencia de la crema se hace más líquida, así que ya se imaginarán eso de estar cuidando no chorrear.

Pene galático, 2016.

La penegrafía titulada “El resplandor” fue otra composición fotográfica que me costó trabajo, pues el dueño del pene era un mamado que solo tenía curiosidad en el proyecto. Me dijo que tenía 30 minutos para que le hiciera la foto, pues estaba a punto de irse a entrenar. Cuando le platiqué la idea de intervenirle el pene con acrílico pensé que me mandaría a la verga —no de forma literal—, pero no.

Me estresaba manchar con pintura la cama del retratado o su habitación. Su ropa no me preocupaba, estaba desnudo. No tenía del todo claro el resultado final de la intervención que hacía, solo sabía que quería usar ese pene a manera de lienzo. Pinté directamente con pinceles de distintos tamaños sobre los genitales del retratado, lo cual, me imagino, lo excitaba. Sin embargo, en este retrato, requería que el pene no saliera erecto sino en un estado más de reposo.

El tiempo pasaba y el retratado quería irse a entrenar. Me preguntó si me faltaba mucho para terminar. Afiné detalles y comencé a retratar su pene con los dedos manchados de pintura.

El resplandor, 2016.

Entonces si es algo complejo…
En general todas las penegrafías presentaron cierta complejidad para su realización, pues el dueño del pene era un desconocido que me citaba en un espacio que tampoco conocía. Fotógrafo y retratado nos exponíamos, pero la honestidad, el respeto y la confianza mutua estuvo siempre presente.

La pareja y el fotógrafo, 2017.

¿Cuál ha sido tu locación favorita?
No se me olvida aquella sesión de fotos que hice al aire libre en unos campos de cultivo en Cuautla, Morelos. Fue muy interesante y arriesgado estar retratando una verga al aire libre en un espacio donde ocasionalmente pasan patrullas y agricultores.

Paisaje II, 2017.

Cuéntanos de tus experiencias más extrañas creando una penegrafía
Una ocasión me encontraba de viaje por el norte del país. Estaba de paso por Culiacán, Sinaloa. Me habló un hombre a mi celular —para contactar más rápido a posibles interesados en una penegrafía, había colocado directamente en mi perfil de Grindr mi número de teléfono—, y con un acento norteño, comenzó a cuestionarme sobre mi trabajo fotográfico.

Tal culichi expresó nulo interés en participar en el proyecto, pues por cuestiones de seguridad me dijo que era imposible que hubiera fotos de su pene impresas o en la web. Sin embargo, me dijo que requería de un fotógrafo que le tomara fotos a su pene y por tal servicio estaba dispuesto a pagar lo que el fotógrafo considerara apropiado, así que llegamos a un acuerdo.

El punto de reunión fue en la catedral del centro de la ciudad. No sé cómo me veía, pero cuando nos presentamos me aclaró que si no me sentía seguro con él por lo de las fotos, que no había problema y que ahí lo dejábamos.

Le dije que confiaba en él, aunque la neta me encontraba un poco nervioso.

—Mi camioneta está aquí a la vuelta en un estacionamiento— me dijo.

—Ok, vamos— respondí.

La camioneta era una Hummer. Le comenté por WhatsApp a una amiga local que me hospedó, que me dirigía a un motel que estaba a las orillas de la ciudad para retratar el pene de un extraño, ella ya conocía mi proyecto.

Llegamos a la entrada del motel.

—Por fa, haz tu asiento para atrás, no quiero que vean que entras conmigo— me dijo.

Para relajarme me dije a mi mismo “es tímido”.

Entramos a la habitación y pensé:

—Si hay más weyes y me amagan aquí, ya valí verga.

No había nadie, solo el espacio amplio, limpio y climatizado de una habitación de motel con rasgos arquitectónicos y arcos árabes.

Se desnudó, tomé las fotos de su pene con su iPhone —no me dejo usar mi cámara—. Las revisó y las aceptó. Me pagó lo acordado y me devolvió al mismo lugar donde nos habíamos visto. No tengo ninguna prueba física de ese pene.

Hubo otra ocasión donde el retratado, al invitarme a pasar a su departamento, cerró con llave la chapa de su puerta e intento persuadirme para coger, o también aquella experiencia extraña en la que el retrato fue realizado a un ingeniero con prácticas nudistas, y para poder fotografiar su pene, también tuve que desnudarme.

Existen muchas historias de varios matices detrás de cada penegrafía.

Lugares de trabajo XIV, 2016.

Lugares de trabajo XXVII, 2017

¿Qué opina tu familia de estas composiciones?
De mi familia sólo mi madre sabe de la existencia de este proyecto. Hubo algunas sesiones de foto en las que era ella a quien le avisaba a dónde iba y por qué. La ocasión que me animé a enseñarle algunas penegrafías, pensé que se sacaría de onda, pero no, me dijo que le parecían interesantes. Ella siempre me ha dicho que estoy loco, con ese tono cariñoso que tienen las madres hacia sus hijos.

El resto de mi familia me parece un poco conservadora, aunque son personas educadas y con cierta apertura, me imagino que podrían entender el proyecto, y si no, no sería problema mío.


Conoce más del trabajo de Lagartier en su Tumblr y en Instagram.

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