¿Por qué no me pasa lo mismo que en el porno?


Artículo publicado por VICE Colombia.

He visto mucho porno, lo admito.

Horas y horas de mi vida se han ido en dejar volar mi imaginación y mis instintos delante de una pantalla con actrices y actores que gemían, pero que a la final no gemían para mí, sino para un director de cine.

Desde ahí mismo empieza el enjambre de mitos que conforman el porno, un enjambre que no nos importa mucho porque lo seguimos consumiendo como locos. Los motivos son muchos: puede ser a modo de simulacro de la realidad, aprendizaje, consumo aspiracional, o simple excitación y ganas de tocarse.

Hoy quiero dedicar mi columna a hablar de esos grandes mitos del celuloide para adultos, esos que me dejan segura de que el porno es tan ficticio como Gollum de El señor de los anillos.

Mito 1: los hombres tienen el pene del tamaño de una Coca Cola de dos litros:

La media del pene de un hombre latinoamericano, según los estudios medidores de falos, es de 9 centímetros en reposo y 15 cm en estado de gracia. Los colombianos tienen en promedio 16,75 centímetros, siendo el país con más centímetros eréctiles de América Latina. Hasta ahí suena muy patriótico, pero poco sexual. Los penes de los hombres que no graban porno están lejos de ser gigantes, y tampoco tienen el grosor de esos consoladores que venden en las jugueterías sexuales, ¡sí, esos que vienen con venas para que llegues al orgasmo pensando que están vivos!

La mayoría de los hombres tienen penes normales, lo cual agradezco, porque un hombre con el pene descomunal muchas veces es un martirio. Yo llego antes al orgasmo con 11 centímetros de pene que con 27 centímetros de dotación.

Mito 2: no tenemos pelo abajo y nuestras zonas íntimas son blancas

Empieza la escena y ellas aparecen con el pubis depilado a láser, son muy pocas las actrices que se pasan la cuchilla. Luego ellos aparecen en la escena, exhibiendo un pubis reluciente, sin pelos enroscados. Luego, en alguna de esas poses que hacen en las pelis porno, que más bien parecen maromas, un encuadre enfático en el ano de las actrices: un ano casi imperceptible, de un color igual al de su cuello o sus mejillas. Un ano perfecto, y eso es muy difícil de decir, para una zona del cuerpo tan poco atractiva.

Y la verdad que nos quieren ocultar ya la sabemos, la vivimos. Tanto los hombres como las mujeres tenemos pelusa abundante ahí abajo, por todos lados. Las mujeres del común no tenemos ni depilación láser ni anos blanqueados. La mayor parte de los mortales que no graban porno tienen el orto más oscuro que el resto de la piel, y está perfecto.

Mito 3: a más velocidad mayor placer para nosotras

Quizás soy un conejillo de indias, pero lo cierto es que yo a veces me he esmerado en imitar lo que hacen las actrices porno para sentir en mi propio cuero si es rico. Le he dicho a mi amante que me percuta tal y como aparece en la escena, ¡y no, queridos míos! Esa forma de darle caña a mi vagina no se siente rico ni mucho menos, es como meterse un taladro por el chocho. A los ocho minutos ya estoy gritando: ¡Para, para, qué bestia!

Mito 4: a las mujeres nos excita que nos caiga semen en la cara

Falso como la cuenta de Facebook del Papa. No es rico sentir la explosión de semen en el ojo (que luego se pone rojo) ni es rico que caiga en el pelo, que aparte estaba secado bien chévere. El semen daña cualquier look, y aparte huele raro. Entiéndalo de una vez, hombres: la sensación de que se vengan en la cara no es agradable para la mayoría de nosotras, y tampoco puede decirse que el semen sepa a batido de Milo, como muchas actrices demuestran en esas escenas en las que parecen estar en una degustación de helado. ¡Ahí se ve lo actrices que son!

Mito 5: las mujeres en el porno se vienen siempre así de teatralmente

Un orgasmo no siempre va de la mano con esa gimoteadera abusiva de las actrices del porno. Ni ellas mismas se deben de creer el chiste cuando “se vienen” para la cámara. Para llegar a ese clímax que ellas nos fingen magistralmente hay que saber besar, acariciar, oler, dominar, masajear, humedecer, pasar los labios, hundir, oprimir, querer, lamer, sentir, presionar, succionar, piropear: como ya se ve, se trata de algo más que introducir.

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