Fuimos al primer cuartel de bomberos en una villa de emergencia


Artículo publicado por VICE Argentina

La ciudad de Buenos Aires está conformada por más de 50 asentamientos informales, o villas, que albergan a un total de 500 mil personas, según datos de la O.N.G Techo. Las construcciones de estas viviendas son, en muchos casos, precarias: no poseen los revestimientos necesarios que las resguarden de un temporal o, peor aún, de un incendio.

La mayoría no tiene instalada una red de gas, sus circuitos eléctricos son defectuosos y la acumulación de residuos es significativa ante la falta de recolección. Estas condiciones de hábitat, sumada a la ausencia estatal de políticas habitacionales que reduzcan la problemática, llevan a los vecinos a usar garrafas y braceros, o estufas eléctricas, para calentarse en invierno, aumentando la posibilidad de un foco de incendio.


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¿Qué ocurre cuando esto sucede? ¿en qué tiempo los bomberos llegan a un barrio periférico, sin un acceso cómodo, con calles estrechas y sin pavimentar, para contener el fuego? Los vecinos de la villa 21-24 de Barracas, una de las más populosas de la ciudad, no quisieron perder tiempo valioso de rescate y fundaron el primer escuadrón de bomberos voluntarios dentro del barrio. VICE visitó su cuartel y habló con los integrantes para conocer su historia y que nos cuenten cómo es apagar las llamas del déficit urbanístico.

Carmelo González, 47 años, jefe de cuerpo

Yo era jefe de otro cuartel en Lanús, pero decidí irme por razones personales. Cuando me comentaron de este proyecto, que nace por una necesidad imperiosa de atender las emergencias de los vecinos de un manera más rápida y directa, no lo dudé y vine. En este barrio viven más de 60 mil personas; es una superficie que no da abasto dando como resultado, en algunas locaciones, un hacinamiento poblacional y ante una situación de incendio, puede ser letal. Además de la complejidad de los servicios, como la falta de una red de gas que lleva al uso de garrafas y braseros, o las instalaciones defectuosas de luz que el Estado ignora. Por eso, hace dos años, cuando fuimos a Defensa Civil a presentar nuestro proyecto junto a los compañeros para la creación del escuadrón “Pompeya-Barracas”, el director del organismo nos dijo que no era necesario, que con el que había en La Boca era suficiente. Yo creo que no le gustó que sea dentro de una villa, sinceramente, porque si le decía que lo íbamos a crear en Belgrano o Palermo, aceptaba. Por suerte, se pudo lograr.

En 2016, cuando recién comenzábamos y no teníamos las herramientas necesarias para el servicio, ocurrió un incendio a 50 metros de nuestro cuartel (Av. Iriarte 3520), y murieron dos personas carbonizadas. Los bomberos de la ciudad, que reciben un sueldo, llegaron 20 minutos después. Si nosotros hubiéramos tenido el equipamiento de ahora, los salvábamos.


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En octubre del año pasado realizamos una intervención donde rescatamos a tres menores, si esperaban a los de la Ciudad morían por inhalación de monóxido de carbono. Al 911 entran ocho mil llamadas diarias y hasta que se deriva al cuartel pertinente son casi siete minutos, más lo que se tarda en llegar. Acá estamos de inmediato. Sin embargo no es sencillo, somos voluntarios, nos financiamos nosotros mismos a través de rifas, organizamos almuerzos, recibimos donaciones de empresas u otros colegas, o ponemos dinero de nuestro bolsillo. Así fue como compramos los dos camiones que tenemos y otros insumos, como mangueras y los trajes. Nuestros vehículos son más pequeños que los convencionales para que puedan ingresar más fácil a algunas calles del barrio. Los de la ciudad son muy “Chicago Fire”, y no se adaptan a la necesidad de una villa.

En el cuartel se alista gente que vive el día a día de la zona, porque se crió acá y entiende que estamos para servir al vecino. Somos exigentes, queremos formar profesionales y aplicamos las técnicas que se enseñan en cualquier otro escuadrón de Argentina. Contamos con un plantel de profesionales que capacitan a los ingresantes de una manera ejemplar, para estar listos a la hora que suene la alarma.

Los voluntarios en el cuartel

Irma Jara, presidenta del cuartel

Estoy desde el año 70 acá, camino las calles con los ojos cerrados. Fui presidenta de la junta vecinal por un tiempo y conocía las necesidades que había. Mi hijo, que era cadete de bombero en otra estación, me conectó con Carmelo para comentarle la idea y así comenzamos. Había un terreno, un basural, que pertenecía a una mutual y luego de algunas reuniones nos cedieron el espacio para refaccionarlo y convertirlo en “nuestra casa”. Paradójicamente, acá ocurrió un incendió hace muchos años y, desde entonces, no se usaba. Soy enfermera jubilada, no sabía nada sobre manejar un cuartel, fui aprendiendo de apoco, pero funcionamos como una familia y en estos dos años hicimos mucho. Somos 60 personas que integramos el Consejo Directivo y el Cuerpo Operativo. Muchos no viven por la zona y también es su primera experiencia en una villa de emergencia, pero hoy la adoptaron como su casa.

Irma Jara

Soy una de las pocas presidentas femeninas, el ambiente de los bomberos siempre fue machista, pero nosotros apostamos mucho a la inclusión. Tenemos 10 mujeres, un hombre retirado de 65 años, chicos con discapacidad y también se postuló una chica trans. Otros destacamentos no te dejan participar sino sos varón y tenés entre 18 y 40 años, por eso tenemos mucho reconocimiento en lo que hacemos por parte de los vecinos, ellos nos conocen, pero debemos concientizar. Ahora en invierno, que oscurece más rápido, se utiliza el doble de energía y eso puede generar un foco de incendio. Cada vez que paso por un local con todas las luces prendidas de día les comento de buena manera que hay un riesgo. Los de La Boca están a más de 30 cuadras y nosotros llegamos en cinco minutos a cualquier ubicación de acá, pero la prevención es fundamental. Esto es una ciudad dentro de otra, estimamos que la población crece un 2,24 por ciento por año y si el Estado no atiende las necesidades básicas urbanas, además de mandar a la prefectura a vigilarnos como si fuéramos todos ladrones. Hoy, nuestro objetivo, es crecer profesionalmente con más equipamiento y conseguir financiación para seguir siendo la primera respuesta ante una emergencia.

Milagro Costa

Milagro Costa, 19 años, bombera

El año pasado, a los 18, presenté mi alistamiento al cuartel. Me crié acá, me pareció importante cuidar al vecino. No era algo que quería de chica o que soñaba, pero cuando vi que andaban buscando gente me llamó la atención. Lo que más destaco es la igualdad a la hora de trabajar. El jefe está a la par de uno y si bien debemos acatar ordenes, nunca nos hacen sentir menos. Tampoco hay diferencias de género y, cada vez, se suman más mujeres. Me divierte hacer esto. Hacemos simulacros y nos preparamos físicamente para cuando haya que salir a controlar un incendio. Todavía no me tocó realizar ninguna intervención grande, pero cuando llegue el momento quiero estar lista. Es exigente, aunque el hecho de compartir esto en equipo es muy bueno, el compañerismo te enseña valores y el compromiso a respetarlos.

Carmelo González

Alejandra Díaz, 47 años, madre de un cadete bombero del cuartel

Mi hijo tiene 15 y un día me dice que quiere ingresar a los bomberos voluntarios. Le pregunté en qué cuartel y me dijo que el que está a la vuelta de nuestra casa. No tenía idea que se estaba formando, apenas comenzaban. Ese día me presentaron a Carmelo, a Irma ya la conocía por su trabajo con los vecinos, y se empezó a generar un vínculo. Mi hijo comenzó a ir todos los días cuando salía de la escuela y la familia colaboraba, también, en las jornadas que realizaban mensualmente para recaudar fondos. El fue Boy Scout, así que siempre le gustó la supervivencia y el trabajo en equipo. Empezó a hacer la instrucción e ingresó como cadete este año, con tareas menores. Cuando escucha la sirena del auto-bomba, sale corriendo atrás. Como todavía es menor de edad no lo dejan participar directamente en las intervenciones, pero él se manda igual. El año pasado estalló una garrafa en villa Zabaleta, que está al lado, y se subió con sus compañeros al camión que salió a toda velocidad. Estuve con el corazón en la boca todo el día hasta que volvió sano y salvo. Es como madre, aunque también me llena de orgullo. Le sale de adentro, lo veo en sus ojos. No tiene miedo a nada. La vocación de servir, y más siendo vecino, es lo que lo va a llevar a ser un gran bombero. No sé si seguirá como voluntario o intentará entrar a alguna fuerza que también le gusta mucho, pero no tengo la menor duda que lo va a hacer con total pasión.

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