Sobre el lodazal borbónico: no puedes blindar a un tío de por vida y esperar que no se aproveche


Dice el artículo 56.3 de la Constitución que “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Esto significa que el rey puede ir dejando hijos por el mundo pero sus madres no podrán demandarle para pedirle una pensión de alimentos. Puede violar a una mujer y no ser juzgado. Puede aparcar en doble fila y, cuando el policía local le pida explicaciones, hacerle una peineta, pues no tiene el deber de pagarle la multa. En definitiva, puede cometer las más infames tropelías con total impunidad.

Cuando discuto con alguien sobre este despropósito, algunos me recuerdan que la inviolabilidad absoluta del Jefe del Estado no es exclusiva de España, y que si bien hay constituciones que la limitan a los actos propios de su cargo (actos que no realiza por propia voluntad sino por orden de otras autoridades y que, por tanto, no son responsabilidad suya), otras directamente declaran la inviolabilidad total del Jefe del Estado MIENTRAS LO SEA.

Y claro, yo les respondo una obviedad: en la mayoría de esos países donde el Jefe de Estado tiene inviolabilidad absoluta, se le elige cada cuatro años, de modo que no puede sentirse impune. Primero porque de su buena conducta depende su reelección, y segundo porque en cuanto deje el cargo los tribunales se lanzarán sobre él. Pero en España el Jefe de Estado lo es para toda la vida (salvo si abdica). Su impunidad, por tanto, está garantizada por los siglos de los siglos y, teniendo en cuenta que los delitos tienen plazos de prescripción limitados, si decide abdicar a los 80 años todos estarán prescritos.

Loa borbones atesoran desde hace siglos un inacabable historial de perversiones, corruptelas, traiciones al país y actos deleznables tanto de dimensión pública como privada. Éste es el último ingrediente para el cóctel de estiércol que nos ha preparado Campechano. Hasta el hombre más decente estaría tentado a cometer desafueros si le dijesen que podrá hacer lo que quiera durante toda su vida sin control judicial. Pero si en vez de un hombre decente es Campechano, se sentirá como un zorro que ha logrado saltar la verja de un corral. Y lo aprovechará al máximo.

Los actos y trayectoria vital de Campechano son despreciables. Pero también son responsables de ellos quienes, con su complicidad, silencio y configuración legislativa, le han dado alas para que explote todo su potencial. Y vaya si lo ha hecho. Necesitamos quitarnos a los borbones de encima, pero también al contexto de oscurantismo e impunidad donde se han movido como peces en el agua durante estas décadas. Es una de las últimas herencias de Franco que nos quedan por superar.

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