Tenemos que hablar de SIBIOS


Artículo publicado por VICE Argentina

Yo soy yo, con mis muchos metros de estatura, mi fobia a las ratas, mi incapacidad para pronunciar la doble erre. Pero no siempre soy así, para el estado argentino me convertí en un número de DNI al que está asociado un rostro y una huella digital, esto le permite identificarme sin que yo tenga certeza de cuándo ni quién accede a mi identidad.

El 7 de noviembre de 2011 la entonces presidenta Cristina Fernández apareció para anunciar su nuevo decreto. Con tono campechano, entre lo que intentaban ser bromas, presentó el Sistema Federal de Identificación Biométrica que significaba “un salto cualitativo muy importante en la lucha contra el delito”.

Fue por eso que se fue cambiando el viejo DNI, aquella libretita verde, por una credencial. Para la renovación es necesario que los ciudadanos otorguen una copia de sus huellas dactilares y su rostro biométrico, osea una captura de los elementos que hacen que nuestra cara sea única. Con esa información más la del nuevo pasaporte con chip se nutre la base de datos de SIBIOS.

Activistas en derechos digitales han cuestionado ese sistema, por ejemplo, el fundador del Software Libre, Richard Stallman decidió no volver a Argentina porque en los controles migratorios exigen a los extranjeros que otorguen su huella dactilar; también el ciberactivista Julian Assange consideró que este país tiene la vigilancia más agresiva de América Latina.


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Investigadores nacionales se han sumado a las críticas, como sucede con Leandro Ucciferri, abogado del área digital de la Asociación por los Derechos Civiles, “el primer paso erróneo con SIBIOS es que fue introducido a través de un decreto. De esa forma se esquivó el debate público sobre qué significa implementar la biometría a nivel nación”.

El sistema está bajo la autoridad del Ministerio de Seguridad de la Nación y la administración de la Policía Federal Argentina mediante la Superintendecia de la Policía Científica. Sus principales usuarios son las diferentes fuerzas de seguridad y policías pero a partir de 2017 todos los organismos del Poder Ejecutivo y Judicial tanto nacionales, como provinciales y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires pueden formular consultas biométricas en tiempo real. Para explicarlo fácil, una dirección de tránsito de una provincia x puede acceder a la información de una persona que vive en la Ciudad de Buenos Aires.

De acuerdo a una investigación de la Asociación por los Derechos Civiles, el único requisito que tiene un funcionario para ver SIBIOS, además de estar autorizado, es realizar un curso de operador del sistema. No todos los usuarios tienen permiso de realizar todas las funciones y queda guardado un registro de las consultas.

Andrea Torrano, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, (CONICET) y docente de la facultad de derecho y ciencias sociales de la Universidad Nacional de Córdoba, contextualizó que este tipo de tecnologías nacieron para identificar a personas que había cometido algún delito. Como todos estamos en la misma base de datos, entonces impera la lógica de que todos somos potencialmente culpables hasta que se demuestre lo contrario.“Es como en la película Minority Report, ahí se muestra esta idea de la prevención, no es tanto sobre el delito cometido, sobre el hecho, sino sobre el sujeto. Todos somos posibles detractores o posibles delincuentes”, explicó.


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No hay que perder de vista que un dato biométrico no puede ser reemplazado, nuestra huella digital siempre será la misma. Tanto Torrano como Ucciferri denunciaron que los sistemas de información biométrica son muy vulnerables, entre otras cosas porque los datos se compilan en una base única y los logaritmos de identificación son falibles.

Uno de los grandes problemas de SIBIOS, a decir de los investigadores, es que hay muy poca transparencia en torno a cómo se recolecta la información, cómo se almacena, cómo se utiliza, por quiénes, cuáles son sus logaritmos. A través de pedidos de información, la Asociación por los Derechos Civiles sólo ha podido acceder al nombre del fabricante y de la tecnología que se compró para operar el sistema.

Para esta nota busqué a gente de la Policía Federal Argentina y me dijeron que no estaban autorizados para hablar del tema y en el Ministerio de Seguridad la primer respuesta que obtuve cuando pedí entrevista sobre SIBIOS fue un “no sé de qué me estás hablando pero investigo”, y nunca pude concretar nada.


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Ucciferri consideró que en este caso no es válida la excusa de que si todos sabemos cómo funciona entonces vamos a estar más inseguros.

“Esto deja de ser una cuestión de simple censo democrático sino una cuestión de control, de poder manipular a la ciudadanía. Es algo que ha dicho Snowden en el caso de EU, decía que al gobierno de Estados Unidos no le importa recolectar esta información para usarla ahora, lo que le importa es tenerla por si acaso decides irte alguna vez contra el gobierno”, concluyó Ucciferri.

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