En Argentina quedan sólo nueve elefantes viviendo en cautiverio


Artículo publicado por VICE Argentina

El pasado sábado 2 de junio, Pelusa, la elefanta asiática que vivía en el zoológico de La Plata, se recostó y no pudo volverse a levantar. Sufría una enfermedad en sus patas, propia de los elefantes que están en cautividad. Pese a los esfuerzos realizados para trasladarla al Santuario de Elefantes en Brasil, su deteriorado estado de salud no la dejó alcanzar la libertad. Desde entonces, el zoológico cerró sus puertas y volverá a abrirlas en diciembre, convertido en un bioparque.


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Durante 50 años, Pelusa fue el principal centro de atracción del zoológico platense. Había llegado en barco, desde Hamburgo, Alemania, en diciembre de 1968. Según una crónica de la época publicada por el diario local El Día, tenía dos años de edad y pesaba 400 kilos. Desde entonces y hasta su muerte, permaneció encerrada en un ambiente de 900 metros cuadrados. Cientos de visitantes se acercaban por día para tomarse una foto junto a este animal, que, en su país de origen, la India, es considerado un ser sagrado.

En 2014, una infección en las patas llamada pododermatitis crónica comenzó a deteriorar su estado de salud. Esa infección, además de provocarle dolor, hacía que no quisiera recostarse por temor a no poder levantarse después. De modo que pasó los últimos dos años de su vida de pie y, cuando quería descansar, se apoyaba sobre una pared.

Foto cedida por la prensa de la municipalidad de La Plata

“Esto le generó heridas, que con el tiempo, le provocaron temor a caminar. Así, Pelusa fue perdiendo movilidad, lo que le retrajo la fuerza muscular y le provocó desánimo”, sintetizó la municipalidad de La Plata en un comunicado oficial.

Para mejorar las condiciones de vida de la “estrella del zoo”, en 2016 se comenzó a gestar su traslado al Santuario de Elefantes de Chapada dos Guimarães, en el Estado de Mato Grosso, Brasil. Con una superficie de 1.100 hectáreas, este refugio tiene la capacidad de albergar a 50 elefantes. Allí podrían vivir en manada; caminar alrededor de 50 km diarios que habitualmente recorren estos paquidermos en estado natural; y recuperar hábitos que pierden cuando son encerrados y aislados de la manada: como el barrito, ese sonido similar al de una trompeta que hacen con su trompa para expresar emociones y comunicarse.


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Las diligencias fueron coordinadas entre la municipalidad de La Plata, la Fundación Franz Weber y el Santuario de Elefantes de Brasil. Se le hicieron estudios de alta complejidad del que participaron científicos de España, Inglaterra, Brasil e India, en conjunto con el equipo veterinario del Jardín Zoológico de La Plata e integrantes del Concejo de Bienestar Animal de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata –UNLP-, para evaluar el estado de salud de Pelusa y sus posibilidades de ser trasladada.

Fotos por Maria Laura D Amico

A partir de los resultados, se le indicó una dieta especial que le permitió recuperar peso —sumó 250 kilos— y mejorar su estado de ánimo. Además, se acondicionó su recinto y se instaló una carpa calefaccionada; y se colocó un piso de goma sobre el suelo de escombros y calcáreo, para mejorar sus posibilidades de apoyo. En paralelo, se avanzó con las autorizaciones ante el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), las direcciones de Fauna de la Provincia de Buenos Aires y la Nación, y sus pares de Brasil, para que autoricen su salida.

Un traslado fallido

Fundada en 1975 por el ambientalista suizo que le dio su nombre, la Fundación Franz Weber lucha por la protección y el cuidado de los animales en varias partes del mundo. Su representante en Argentina, Alejandra García, contó a VICE que “ya teníamos preparada la caja para el transporte, ya que había dado signos de una recuperación en el último mes, en cuanto al peso corporal. No así a la infección que tenía en las patas. Esa es la causa más grande de muerte de elefantes en cautividad porque es una enfermedad que no existe en la naturaleza. Faltaba únicamente un permiso de un organismo de Brasil para hacer el traslado, pero Pelusa se rindió. “Ella habrá pensado ‘hasta acá he llegado yo’”, dice Alejandra desde su Córdoba natal, donde coordina un santuario de caballos.

A dos días de haberse recostado y sin mostrar voluntad de querer ponerse de pie, los especialistas encargados de seguir la evolución de Pelusa asumieron que su estado de deterioro era irreversible.


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Para entonces, el caso ya era una cuestión de Estado. La decisión final fue consensuada entre las autoridades del Ministerio Público de la provincia de Buenos Aires, el Juzgado de Garantías 4 de La Plata, la Defensoría del Pueblo de la Provincia, la Defensoría Ciudadana de La Plata, y el decanato de la Facultad de Veterinaria de la UNLP. Así, 60 horas después de aplicarle los primeros calmantes, decidieron evitar que siga sufriendo y ayudarla a morir aplicándole un sedante.

Al día siguiente de la muerte de Pelusa, el intendente de La Plata, Julio Garro, pidió perdón al animal mediante un hilo en su cuenta de Twitter, que decía: “Como sociedad debemos disculparnos con vos, Pelusa. Tu historia nos reafirma que los zoológicos no deben existir más y que los animales silvestres, sean de la especie que sean, no deben vivir nunca en cautiverio ni con fines de exhibición”.

Fotos por Maria Laura D Amico

Rápidamente, la reja de entrada al zoo se convirtió en una suerte de memorial donde vecinos, junto a sus hijos pequeños, hacían fila para dejar mensajes y flores. “Pelu, te vamos a extrañar”, “Pelu, nunca te olvidaremos”, rezaban los afiches.

El cuerpo de Pelusa fue enterrado en el predio del zoológico que va camino a convertirse en un bioparque. El Subsecretario de Gestión Ambiental del municipio, Germán Larran, confirmó a VICE que “se va a hacer una gran escultura y un pequeño circuito de visita a donde ella está enterrada. Era el animalito más representativo del zoológico”, lamentó el funcionario.

El recinto donde Pelusa vivió casi toda su vida permanece vacío; y la tristeza, a quienes fueron sus cuidadores, todavía les quiebra la voz cuando intentan recordarla.

Nuevo paradigma

Desde que murió Pelusa, el zoológico de La Plata cerró sus puertas al público. Lejos del centro de atracción que supo ser durante décadas, ahora el predio está desierto y sólo se permite el ingreso a personas autorizadas para trabajar en el lugar. Dos agentes de seguridad recorren en silencio los enormes jardines de lo que pronto será un bioparque, en el corazón del bosque platense. En las paredes externas, alguien escribió con aerosol “Libertad para todos los animales”, También: “Zoo = cárcel de inocentes” y “Cárcel de concentración de animales”. Afuera, un vendedor ambulante ofrece algodón de azúcar a los transeúntes: ya no hay niños que se peleen por ellos.

Fotos por Maria Laura D Amico

El proyecto para convertir el zoo en un bioparque está en su etapa inicial, que es la de reubicación de los animales. “La idea es tener un objetivo educativo de conservación y de rescate de animales. Se van a sacar los que son más conspicuos, como el león, el tigre, el hipopótamo, el búfalo, que no forman parte del objetivo del bioparque. Queremos tratar de ubicarlos a lugares donde tengan mayor comodidad”, indica Larran.

“Exhibicionismo, eso no va más” —asevera el funcionario— lo que hacemos, como bioparque municipal, es tener animales que son propios de acá, en un ámbito de recreación de ambientes que les son propios, y donde ellos no se sientan incómodos o sufran el encierro. Después, con algunas especies, se puede armar proyectos de reproducción, en coordinación con reservas naturales, que pueden ser factor de recuperación de especies que están en peligro de extinción”, añade.

En los últimos años, un nuevo paradigma se ha instalado en torno a la intolerancia de las sociedades a seguir teniendo animales en cautividad para ser exhibidos. Sin embargo, en Argentina todavía quedan nueve elefantes en zoológicos y bioparques de Buenos Aires, Mendoza, Luján (Buenos Aires), y Concordia (Entre Ríos). En tanto, se calcula que en América Latina hay alrededor de 48 elefantes en estas condiciones.

Fotos por Maria Laura D Amico

“Estamos en un momento bisagra. Las sociedades evolucionan. Hay cosas que en el pasado no se cuestionaban y hoy sí porque existe lo que llamamos la moral de época. Hay comportamientos que en el siglo XXI ya no son aceptables, como por ejemplo, mantener animales en cautividad. Sobre todo en el caso de mamíferos superiores, como grandes simios, elefantes o delfines, en los que la ciencia ha demostrado que tienen autoconciencia, es decir, que el sufrimiento del cautiverio es mucho peor”, concluye la representante de la FFW, quien ahora trabaja en el traslado de una elefanta asiática que está en el zoológico de Buenos Aires y de cuatro del ecoparque de Mendoza.

“En Chile, la ONG Ecopolis está preparando a Ramba, una elefante asiática, para que se vaya al Santuario y creo que es la última que queda allí. En Uruguay no hay y en el resto de países vamos a seguir trabajando. La campaña que tenemos va país por país. Una vez terminado aquí lo más seguro es que continuemos por Venezuela”, agrega Aejadra, y se entusiasma con el sueño de reunir en el predio de Brasil a todos los elefantes que quedan en Sudamérica.

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