“Tocábamos el cuerpo y se nos deshacía en las manos”: Hablamos con un levantador de cadáveres


Artículo publicado por VICE México.

Ya sea que mueras de un infarto mientras tomas una ducha o que se desplome el helicóptero en el que paseas, pero en México, cuando falleces, alguien debe levantar tu cadáver y conducirlo hasta el anfiteatro del Servicio Médico Forense (SEMEFO). En dicho lugar un médico legista te practicará la autopsia de ley que determinará las causas que originaron tu muerte.

Esa persona encargada de recoger tu cuerpo sin vida se llama, en el argot forense: levantador de cadáveres. El primer eslabón de una cadena de procedimientos burocráticos y ritos funerarios al que serás sometido antes de ser sepultado tres metros bajo tierra. Conociendo esto hicimos 10 preguntas a Mauricio (nombre que eligió para proteger su identidad), quien trabaja levantando cadáveres en Baja California.

¿Cómo te convertiste en levantador de cadáveres?

Empecé hace más de cinco años cuando me hablaron de DIF ―Sistema Para el Desarrollo Integral de la Familia en Baja California― para conducir una carroza y levantar cadáveres que debería entregar en las instalaciones de SEMEFO, que están en el edificio de al lado. Antes fui lavador de autos, obrero de maquiladora, vendedor de tamales y chofer de carroza en una funeraria donde comencé trapeando y haciendo el aseo hasta que me ascendieron. Después de un tiempo trabajando recibí un curso de técnico embalsamador donde me enseñaron a desinfectar, preservar y maquillar cadáveres.

Mi trabajo consiste en acudir a donde el ministerio público me indique que hay una persona fallecida. Esa personas puede ser víctima de una muerte violenta, un accidente de auto o un suicidio. Después de levantarla la trasladado al Servicio Médico Forense para que le realice una necropsia. Cuando alguien murió dentro de un hospital y ya se determinó la causa de su deceso la llevo directamente a un velatorio en donde se embalsamará antes de ser entregada a sus familiares.

Uno de mis primeros levantamientos fue el de un quemado que todavía despedía humo. Se notaba que le habían prendido fuego estando vivo debido a las huellas de arrastre que mostraba sobre la tierra en un intento por salvar su vida.

¿Qué riesgos a tu salud debes sortear cotidianamente y cómo los previenes?

Cuando nos hablan para un levantamiento siempre preguntamos si el cuerpo está en estado de putrefacción, si está completo o faltan partes y si es un cadáver o varios. Son preguntas necesarias que nos ayudan a acudir con el equipo necesario. En ocasiones el levantamiento es de personas con VIH, para eso llevamos equipo especial, overol, mascarilla y guantes. Cuando llego a mi casa tomo precauciones, por ejemplo, lavo mi ropa separada de la de mis hijos por las infecciones que pudiera traer la tela, y a veces no meto mis zapatos a la casa porque están llenos de bacterias y microbios, sobre todo cuando me tocó levantar el cadáver de algún vagabundo, y como no sé qué tipo de infecciones porta, lo primero que hago es taparle el rostro con un trapo porque desconozco las bacterias que pudiera traer en la boca y que terminaré respirando.

¿Qué tan peligroso es?

Rezo porque no me toque acudir a levantar a muertos producto de un crimen. Es peligroso. De todos modos me toca levantar de todo. Cuerpos con más de 30 puñaladas en el rostro. Cadáveres cortados en pedacitos y metidos a una maleta. Una vez me tocó recoger a un asesinado que estaba adentro de su auto sentado al volante. Al parecer había estado platicando y bebiendo con el copiloto que le terminó disparando en el rostro y después le cortó un dedo y se lo metió en la boca; se decía que era un soplón. Decapitados me han tocado muchos. Me impresiona que las persona que cortan cabezas lo hacen derechito, de manera fina, se nota que saben hacerlo sin dejar el hueso carcomido.

A pesar de todo a mí no me ha ido tan mal como le fue a un compañero de SEMEFO en la ciudad de Ensenada. Era de noche, dos personas que habían fallecido al estrellarse el helicóptero en el que seguían y filmaban una carrera de autos por el desierto habían llegado a las instalaciones desde la tarde. De pronto unos 40 hombres vestidos de negro, armados con cuernos de chivo, llegaron para robarse uno de los dos cadáveres. Luego se supo que era el cuerpo de un sicario del cártel de Tijuana. Incluso a otros dos compañeros se los llevaron de rehenes pero al otro día los liberaron.

¿Qué es más duro? ¿El olor de la muerte o las imágenes de los fallecidos?

El olor. A las imágenes te acostumbras, pero al aroma no. Hay ocasiones en que salgo de trabajar y voy al banco a realizar pagos y me doy cuenta de que las personas me voltean a ver porque es obvio que huelo a sangre. Es tan penetrante el aroma a muerte que ni usando un desodorante en aerosol se borra el hedor de la ropa y de la piel. El cadáver de un humano huele similar al de un perro muerto pero dos veces más potente. Por eso cuando abandonan un auto con una persona muerta en la cajuela los que primero reportan a la policía son los vecinos. La carne y los intestinos se revientan y los fluidos corporales comienzan a gotear por la cajuela del auto. El olor a muerte es tan exagerado que no se puede ocultar ni soportar.

En ocasiones cuando el cadáver tiene varios días el olor es fétido, pero si es reciente huele a sangre, y si el muerto estuvo bebiendo cerveza huele a sangre y cerveza; un aroma mitad carnicería, mitad cantina. Quienes también tienen un aroma difícil de borrar son los indigentes y vagabundos, ellos despiden una mezcla de olor a putrefacción y basura.

¿Cuál es la escena que más te ha impactado?

Los cadáveres de niños. He ido a hogares que se incendiaron totalmente y los niños quedan carbonizados, que no es lo mismo que calcinados. Cuando se calcinan el cuerpo está completo, pero achicharrado. Cuando se carbonizan no queda nada, solamente el puro hueso.

Una muerte que me pesa siempre que la recuerdo, porque no tenía que suceder, es la de un velador víctima del fuego cruzado entre un grupo de sicarios y la policía. El saldo fue de dos sicarios, un policía municipal y el velador muerto, pero la que me pesa es la del trabajador, los otros como sea siempre están tentando a la calaca.

¿Hay algo relacionado a tu trabajo que te provoque malestar?

Hace unos años una señora murió mientras se bañaba en su jacuzzi, vivía sola y le dio un infarto. Cuando acudimos al domicilio el cuerpo tenía 10 días dentro del agua. Los cadáveres en el agua se cuecen, se deshacen y toman una textura similar a la del ceviche de pescado. Una masa aguada. Fue muy complicado sacarla de la tina, apenas tocábamos el cuerpo y se nos deshacía en las manos, era como engrudo. Desde entonces recuerdo a esa señora cada que como tostadas de ceviche.

¿Has realizado el levantamiento de algún conocido?

En una ocasión fui a recoger el cadáver de un ladrón que se metió a robar a una papelería por un ducto de aire acondicionado. Logró meterse pero una varilla le perforó la arteria de la axila izquierda y se desangró. El cuerpo quedó atorado con las piernas colgando del ducto y en el piso un gran charco de sangre. Hasta que estaba acomodando el cuerpo en el anfiteatro lo reconocí. Era un vecino de mi juventud con el que a veces jugaba futbol. Las drogas le habían demacrado y adelgazado la cara, por eso no lo reconocí de inmediato.

¿Qué tipo de levantamiento es el más complicado?

Los atropellados en carretera. Me tocó realizar el levantamiento de un anciano al que un camión de doble remolque lo deshizo. El cuerpo quedó esparcido en el asfalto. Ese tipo de casos es complicado porque tienes que juntar en bolsas de plástico todos los pedazos del cuerpo que pueden identificarse. Hasta la masa encefálica que quedó regada en el pavimento la tuve que levantar con guantes. Los cadáveres de personas con obesidad mórbida también son muy difíciles.

¿Podrías compartirnos un caso en donde el cadáver tuviera el doble o triple de tu peso?

Hace unos meses un hombre de 250 kilos murió en un hospital y nos llamaron para pasar por él. Fue imposible levantarlo entre mi compañero y yo. Tuvimos que llamar a los bomberos y sacarlo por el sótano. Después los bomberos nos escoltaron al anfiteatro para volver a ayudarnos con el cuerpo.

¿Cuál sería tu forma ideal para morir?

Una muerte súbita, carente de sufrimiento. Tomar un café, dormirme y ya no despertar. Eso es lo más conveniente y agradable que me podría pasar. Cerrar los ojos y no saber nunca más de mí.

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