¿Follar embarazada?


Artículo publicado por VICE Colombia.


Te quedas embarazada y sientes que todo cambia. Te vas hinchando semana tras semana y tu cuerpo te parece prestado, te ves ante el espejo y sabes que ya no eres una persona, sino dos. Ahora tienes dos corazones dentro, dos de cada cosa, y si te pasa como a mí —que estaba esperando un niño—, resulta que te das cuenta que tienes una polla en crecimiento dentro de tu barriga.

Te llenas de hormonas y de nuevos caprichos, de antojos y, por qué no decirlo, de deseos raros en la cama.

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Durante mi embarazo el deseo era como un fantasma. En algunos meses no se aparecía y yo no quería que me tocaran de a mucho; pero pasado el cuarto mes el deseo sexual se convirtió en el mejor divertimento.

Las cuentas para las embarazadas se hacen por semanas, y el sexo va cambiando según el paso de estas.

Entre la semana uno y la 14 muchas mujeres tienen miedo a tener sexo con su pareja. Yo no tenía miedo, pero tampoco me invadía el interés. Jamás pensé que el pene de mi pareja pudiera dañar a mi bebé, falso mito. Pocas veces hacíamos el amor en cualquier postura que nos pasaba por la cabeza, y pensé que después, cuando me creciera la panza, no tiraríamos nunca.

La irrigación sanguínea empezó a aumentar y los orgasmos que tenía eran distintos porque mi cuerpo era una cancha de sensaciones nuevas, mis zonas erógenas se pigmentaron, cosa que resultó erótica para mi pareja. Pero empecé a sentir una sensibilidad especial a los olores, me encantaban las manzanas asadas con ciruela y canela, y me alimenté de esa vaina como si no hubiera mañana.

Las hormonas fueron las responsables de que un día mío fuera buenísimo o nefasto, de que tuviera antojos de estos extraños, como pedir masmelos a unas horas incombustibles y, en caso de no encontrarlos, de entrar en unas irremediables ganas de llorar.

Ahora, en el segundo trimestre, de la semana 14 a la 27 no tenía miedo ninguno, me habían regalado unas 200 revistas de Parenting y creía que me veía hermosa con mi panza en bikini (aunque en la piscina las personas me preguntaban si estaba esperando mellizos). Mi panza era como de balón de basket a partir de este trimestre. Esto no impidió que cambiara los masmelos por el porno. Llegaba a mi casa después de estudiar mis clases de doctorado y lo primero que hacía era prepararme un jugo de naranja y abrir mi computador. Tenía porno de todos los colores en mi disco duro. Primero me dio por ver porno de embarazadas, orgasmos de embarazadas. Busqué las custodiadas imágenes de Cytherea embarazada, y concluí con que durante el embarazo todo se potencia y se aumenta, al menos en mi caso.

Después del porno de embarazadas me pareció interesantísimo empezar a ver porno con travestis. Jamás en mi vida he tenido tanto interés por ver cómo se folla con she-males; pero quizá el fenómeno de estar creando una vida masculina dentro de mí me volvió una fan del porno con tetas y pene, como yo misma me sentía.

Tenía las hormonas en avalancha y por la noche, cuando veía a mi pareja, le decía que había pasado tres horas viendo porno; algunas veces llegaba al orgasmo en mi sofá y otras veces le decía que estaba lista para una sesión de sexo oral o de penetración. Las posturas fueron cambiando con el paso del tiempo. En primer lugar las posiciones fueron valientes, y hasta de vaquera me mandaba a veces.

Después, con el correr de las semanas, terminé teniendo sexo de ladito mientras me agarraban las tetas.

¡Y hablemos de las tetas!

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Tercer trimestre: Ya no se duerme nada, todo es incómodo y lo único que parece buen plan es ver porno durante toda la tarde y tener sexo por la noche para olvidarse de que el cuerpo crece por minutos, las tetas parecen ubres y encima a veces pican porque empieza a salir leche sin venir a cuento.

A punto de reventar toda la piel, con estrías nuevas y blancas marcando todo el territorio del embarazo, yo me sentía llena de hormonas que hacían que el mal genio fuera más habitual que el bueno. La mejor idea para que llegara cuanto antes el día del parto me la dio la ginecóloga peruana que me atendía: si quieres ponerte de parto, ten sexo sin parar.

Me desnudé a 40 grados centígrados y me abrí de piernas para sentir una penetración de verano. Cambié de postura y terminé haciéndolo casi de pie. Oh sorpresa, algo muy caliente se escurría de mis piernas y no era líquido de squirt.

Empecé a temblar de pies a cabeza, sin remedio estaba a punto de alumbrar a mi hombre interior, ese que me llenó de hormonas. ¡Gracias al sexo ardiente todo fue posible!

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