¿De verdad Peñalosa odia los árboles?


Artículo publicado por VICE Colombia.


La tala de árboles en Bogotá es solo el último de los escándalos que enfrenta semanalmente la Alcaldía de Peñalosa. Y solo uno de los miles de escándalos con los que cada alcalde de Bogotá tiene que lidiar durante los cuatro años —cuando logra llegar a los cuatro— de su gobierno.

El jueves pasado, 30 de agosto, 46 árboles fueron talados a la medianoche por funcionarios del Jardín Botánico sobre la carrera novena entre calles 76 y 85. Lo que empezó como una indignación entre los vecinos del sector por lo que juzgaban como un “arboricidio” injustificado, se regó a las redes sociales y rápidamente se volvió un escándalo sobre el que tuvo que pronunciarse Enrique Peñalosa y Laura Mantilla, directora del Jardín Botánico.

Lo que los dos dijeron en Twitter y en varios medios de comunicación fue que los árboles talados estaban enfermos, inclinados, con raíces débiles o con troncos podridos. Ante el riesgo de que se pudieran caer y poner a alguien en peligro lo mejor era talarlos. Además, dijeron, por cada uno de esos árboles se van a sembrar otros en su lugar con mejores condiciones para adaptarse a la ciudad, con raíces más fuertes. Que es importante notar, aseguraron, que la Alcaldía ha plantado muchos más árboles de los que ha talado. Y que además es un procedimiento que se ha hecho siempre: las dos alcaldías anteriores también talaron árboles, es normal.

Sin embargo, muchos ciudadanos y ambientalistas tienen dudas sobre las afirmaciones de la Alcaldía. Para entender las distintas versiones y lo que se disputa de uno y otro lado consultamos a un funcionario del Jardín Botánico y a un activista ambiental para entender qué está pasando con los árboles en Bogotá.

Vamos por partes.

Los árboles estaban enfermos

Según Yamid Saldaña, vocero del Jardín Botánico de Bogotá, en los árboles que se talaron sobre la carrera novena se encontraron varias enfermedades como clorosis y gomosis, además de fustes torcidos e inclinaciones excesivas que podían provocar la caída de los árboles.

Pero según varios ciudadanos y ambientalistas, algunos de los árboles talados estaban saludables y no tenían ninguna de las características que la Alcaldía asegura que tenían. Daniel Bernal, un activista ambiental y miembro de la organización ambiental Sapiens, es uno de ellos.

“Tú puedes ver en el video que el árbol está perfecto. Tiene musgo y líquenes en su tronco que es un indicador muy bueno de la salud del árbol”, me dijo Bernal sobre uno de los árboles que fueron cortados sobre la carrera novena.

Pero según Saldaña, lo que por fuera parecería ser un árbol sano, tiene otras características cuando se estudia con detenimiento. “Nosotros no nos basamos solamente en lo que se ve por fuera sino en los estudios de los ingenieros forestales (…) que logran determinar si un árbol está podrido por dentro. En esa tala nosotros mostramos fotos de cortezas que por fuera se veían intactas pero estaban podridas por dentro”, aseguró Saldaña.

Sin embargo, Bernal ha tenido acceso a los reportes técnicos que deben ser diligenciados por cada árbol intervenido y asegura que en muchos de ellos los argumentos por los que se corta un árbol poco tienen que ver con su estado fitosanitario. Muchos de ellos, dice Bernal, aseguran que el árbol está sano y recto, pero que aún así la resolución es talarlo por algo que aparece en varios reportes como “inadecuado distanciamiento”.

Cuando le pregunté a Saldaña a qué se referían los reportes con “inadecuado distanciamiento” me aseguró que se trataba de árboles que habían sido plantados muy cerca el uno del otro y que quedaban a la sombra de otro árbol. El resultado eran árboles que se subdesarrollaban por no tener acceso directo al sol y que terminaban torciéndose buscando la luz para hacer fotosíntesis. No obstante, el término de “inadecuado distanciamiento” también se repite en reportes de árboles que no parecen estar a la sombra de otros.

Ante el riesgo de que un árbol se pueda caer, lo mejor es talarlo

Lo que se busca al talar un árbol inclinado, con raíces débiles o enfermo es prevenir un accidente que puede evitarse, asegura el Jardín Botánico. Según Laura Mantilla, la directora de esa entidad, el pasado 8 de agosto se cayeron 40 árboles durante un vendaval y en lo que va del año se han caído unos 140 árboles. Lo mismo dijo Yamid Saldaña, “En el bosque de San Carlos se me han caído árboles sobre buses escolares. Hace tres meses se cayó uno en la calle 13, le cayó a un furgón, paralizó la ciudad y ningún ambientalista salió a decir nada sobre lo intacto y bonito que se veía el árbol”.

Pero para Daniel Bernal la respuesta no es tan obvia: hay muchas cosas que se pueden hacer por un árbol antes de talarlo, dice, intervenirlo con tratamientos que traten sus enfermedades o usar tutores, es decir soportes que corrijan su inclinación. “(pero) es más fácil y rápido cortar el árbol y poner uno nuevo”, dice Bernal.

Se van a sembrar nuevos árboles

Lo que ha alegado la Alcaldía desde que se desató la polémica es que los árboles talados serán reemplazados por nuevos árboles de especies más aptas para la vida en ciudad. Y días después de que twiteros, ambientalistas y medios de comunicación empezaran a referirse al escándalo de la tala de árboles en la carrera novena, el Jardín Botánico anunció que hoy 5 de septiembre haría una jornada de plantación en esa misma de dos especies de árboles: roble y liquidámbar.

En la otra cara de la discusión, Bernal asegura que no tiene sentido tumbar un árbol de años, que además podría estar en buenas condiciones de salud, por otro árbol más joven que tiene menos posibilidades de sobrevivir y que va a tardar mucho tiempo en ganar la altura del árbol al que reemplazó. “En la calle 116, abajo de la autopista, talaron árboles que estaban buenos y colocaron unos Mano de oso que miden metro y medio. Muchos de esos árboles jóvenes ya se están secando, tienen las hojas negras, porque no es fácil que un árbol sobreviva en condiciones urbanas y de alta contaminación como Bogotá”, me dijo Bernal.

Pero precisamente uno de los argumentos de la Alcaldía y del Jardín Botánico sobre los árboles nuevos que están sembrando, roble y liquidámbar, es que son árboles que resisten la polución y que contribuirían a la proliferación de insectos polinizadores. Sin embargo, ambientalistas que se han pronunciado sobre el tema en redes sociales subrayan el hecho de que Peñalosa haya calificado la variedad de árboles en Bogotá como un “revoltillo asqueroso, ese matorral espantoso” que quita visibilidad y genera inseguridad.

De hecho, otra de las razones registradas en los reportes emitidos previamente a la tala de los árboles es la de “interferencia directa con el proyecto de renovación paisajística”, una afirmación que para ambientalistas y profesionales como Brigitte Baptiste o el mismo Bernal pareciera obedecer más a un diseño estético particular de ciudad que a un criterio técnico u objetivo sobre la salud de los árboles.

Son más árboles los que se siembran que los que se talan

“La misión del Jardín Botánico es superar con creces la plantación frente a la tala. Hemos talado más o menos 10.000 árboles y hemos plantado 86.000. O sea la proporción es de 1 a casi 9”, me dijo Yamid Saldaña sobre el tema.

Sin embargo, la cifra de los 86.000 árboles nuevos fue también sujeto de polémica cuando otro integrante de la organización Sapiens publicó el resultado de un derecho de petición respondido días antes por el Jardín Botánico y en el que solo se justificaban cerca de 24.000 árboles plantados.

Sin embargo, me explicó Saldaña, la diferencia en los números se debe a que el derecho de petición solo fue respondido por la dependencia de arborización urbana, lo que dejó por fuera los 9.000 árboles plantados en espacios privados, los 42.000 árboles restaurados —es decir árboles que se han intervenido por presentar algún inconveniente— y los casi 11.000 que han sido replantados —es decir trasladados de un lugar a otro—. Al sumar las cuatro cifras se obtienen los 86.000 árboles que Peñalosa afirma haber plantado desde 2016.

Siempre ha habido tala de árboles en la ciudad, es un procedimiento normal

Tanto Laura Mantilla, la directora del Jardín Botánico, como el mismo Enrique Peñalosa han afirmado en los últimos días que esto de la tala de árboles no es nuevo: las dos administraciones anteriores, la de Gustavo Petro y la de Samuel Moreno, también han talado una cantidad significativa de árboles durante sus mandatos. “La tala de árboles en una ciudad es un procedimiento completamente normal y necesario, porque no estamos en un bosque o en una selva donde hay selección natural”, me dijo Saldaña.

Imagen cortesía del Jardín Botánico.

Según los datos que ha difundido la misma Alcaldía, durante el mandato de Samuel Moreno se talaron 8.500 árboles, en la de Petro fueron 13.000 y en lo que va de la de Peñalosa han sido 10.000. No obstante, en una gráfica discriminada por año, sí es evidente que ha sido mucho mayor la tasa de árboles talados en la administración de Peñalosa que en la de sus predecesores: mientras Moreno taló 1.500 árboles en su segundo año de mandato, y Petro 2.900, Peñalosa tumbó 4.600 en el mismo periodo.

De mantener el mismo ritmo de tala de lo que va de la administración de Peñalosa, es posible que aumente con creces los números de las administraciones anteriores.

Sin embargo, según opina Daniel Bernal ese ni siquiera debería ser el punto de la conversación, “Es como decir que como la alcaldía anterior fue peor y la pasada también, entonces esta administración puede talar todo lo que quiera. No, acá estamos hablando de conceptos técnicos mediocres que se están usando para talar árboles sanos”, dijo Bernal.

¿De quién es la responsabilidad y qué va a pasar ahora?

A pesar de que toda la polémica ha caído en los hombros del Jardín Botánico, el estudio de los árboles y el mandato de cuáles deben ser talados depende directamente de la Secretaría de Ambiente, según me contó Saldaña. La Secretaría estudia, determina cuál es la acción a tomar y encarga de la tarea a varias dependencias: el Jardín Botánico cuando se trata de árboles en espacios públicos; el IDRD cuando están en parques grandes; las Alcaldías locales cuando los árboles están en parques más pequeños y vecindales; el Acueducto cuando están cerca de ríos y fuentes hídricas; y Codensa cuando el árbol interfiere con cableado.

VICE intentó comunicarse con la Secretaría de Ambiente para conocer su posición sobre el tema y las acciones que ha tomado ante el escándalo de tala pero no recibió respuesta.

Sin embargo, según Bernal ya se ha empezado a hablar entre ambientalistas de una demanda que se presentaría en unos 15 días con el fin de que se rinda cuentas sobre la polémica ambiental.

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