‘Swat Kats’ es el tesoro olvidado de la animación noventera


Artículo publicado por VICE Colombia.


Ay, los 90. Qué increíble época para no ser un adulto y ver televisión. Fuimos la generación que vio a niños genios con laboratorios secretos en sus bibliotecas, a villanos que eran básicamente demonios drag innombrables, a adolescentes que cambiaban de sexo cuando se mojaban con agua fría y a la mejor versión de Batman hasta la fecha (change my mind). Fuimos la generación que se sorprendió cuando se dio cuenta de que Gokú y Jim Carrey tenían la misma voz.

Y sí, era una época heteronormativa —que, sin embargo, no voy a juzgar con el lente de la actualidad—, en la que las niñas veían shows como Rugrats, The Wild Thornberrys o Sailor Moon, mientras que para los niños había toda una estrategia de marketing llena de programas de animales antropomórficos con músculos descomunales: Los motorratones de marte, Los tiburones del asfalto, Las tortugas ninja. Pero ninguna de esas series fue tan significativa para mí como lo fue Swat Kats.

Los Swat Kats fueron una creación de los canadienses Yvon y Christian Tremblay. La serie se produjo bajo el ala de Hanna-Barbera —una de las compañías más emblemáticas de dibujos animados, responsable de personajes como Scooby-Doo, los Picapiedra o los Supersónicos— y se estrenó el 11 de septiembre de 1993 en TBS. Su diseño era moderno (para la época) y la animación se sentía ágil. Los personajes eran divertidos y la acción era electrizante. ¡Y la música! La música era épica.

La historia iba más o menos así. Tras una operación fallida que resultó en el escape de uno de los criminales más buscados de Megakat City (una ciudad al estilo de Nueva York), Chance “T-Bone” Furlong y Jake “Razor” Clawson son expulsados del equipo de refuerzos de las fuerzas especiales de la ciudad; una especie de grupo paramilitar, si somos honestos.

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Al ser dados de baja, T-Bone y Razor son obligados a trabajar en un taller de chatarra militar. Desde allí, los dos protagonistas crean armas y vehículos usando partes de los desechos y crean a sus alter-egos justicieros. Los Swat Kats, que además son pilotos de entrenamiento, surcan así los cielos con su jet, el Turbokat y patrullan las calles con vehículos increíbles como el cyclotron: una moto que se disparaba desde el jet como un misil y que podía albergar a los dos héroes. Ver los gadgets y medios de transporte de esta serie era, sin duda, uno de los elementos más recordados del show.

Pero si voy a hablar de elementos icónicos de la serie, no puedo dejar de mencionar el cabezote. La intro de Swat Kats podría ser una de las mejores cosas de los 90, junto a las camisas de leñador, Pokémon y el chicle por metro Hubba Bubba. La secuencia empieza con T-Bone y Razor en su taller, cuando de repente suena una alarma. Los dos protagonistas corren para responder a la llamada de auxilio y se cambian a sus trajes de justicieros.

Se suben al Turbokat y, en una toma evidentemente influenciada por la serie animada de Batman, se muestra cómo las turbinas del jet estallan al despegar. De ahí, conocemos el tipo de acción al que nos vamos a enfrentar por dos temporadas. Armas láser y robots, secuencias aéreas y villanos con relojes mágicos, dinosaurios, Dark Kat. Pero lo mejor de todo es la música que acompaña ese cabezote de apenas un minuto.

Lo que hoy podría sonar anticuado, desactualizado y hasta penoso, en esa época era el llamado a la acción perfecto. Guitarras galopantes al comienzo, mientras los Swat Kats se alistan, solos doblados en octavas a la Iron Maiden o Judas Priest para las secuencias de acción. Un fill eterno de batería mientras el avión despega. No me sorprendería si más de uno hubiese llegado al metal años después gracias a esta introducción.

Pero todo lo bueno tiene que terminar y, después de un año y medio, los Swat Kats fueron cancelados, entre otras cosas, por su contenido de violencia y su baja venta de mercancía. Hanna-Barbera no se asociaba con caricaturas violentas y, aparentemente, no quería que Swat Kats llegase a cambiar eso. En enero de 1995 dejaron de estrenar nuevos capítulos y no volvimos a saber más de Megakat City o de T-Bone y Razor.

Hasta 2015. En ese año, los creadores de la serie, Yvon y Christian Tremblay, iniciaron una campaña en Kickstarter para revivir a nuestro adorado show de infancia. Sin embargo, al final los fondos no fueron suficientes y aunque lo intentaron nuevamente en 2016, el renacimiento del programa fue imposible. Y tal vez fue lo mejor pues no queremos otro desastre como Fuller House. A veces es mejor seguir el consejo de Kylo Ren: “Deja morir el pasado”. Hagámoslo y permitámonos simplemente recordar esas buenas épocas con caricaturas violentas y sin deudas universitarias.

Y bueno, tal vez el programa no tenía la profundidad de guion que hoy tienen series como la recién difunta Adventure Time o Rick & Morty. Tal vez no es tan memorable como las tortugas ninja o los Power Rangers. Pero hay algo que los Swat Kats tenían y que ninguno de estos otros ha logrado replicar correctamente hasta ahora: un maravilloso videojuego de Super Nintendo. Pero eso será para otra ocasión.

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