Un día con uno de los mayores fans de Kim Jong-un


Artículo publicado originalmente por VICE Italia.

Lo primero que hace Andrea Marsiletti cuando llega a su oficina en Parma, al norte de Italia, es poner lo que parece ser una inofensiva música para ambientar. O al menos eso era lo que yo creía. “Esto es lo que se reproduce en los altavoces sobre las calles de Piongyang todas las mañanas a las 6AM”, dice Marsiletti, justo cuando me comenzaba a poner cómodo.

Marsiletti fue a la capital norcoreana en 2016 como líder de la delegación italiana invitada a una conferencia internacional sobre Juche, la ideología oficial estatal desarrollada por el primer “Líder Supremo”, Kim Il-sung. En la conferencia, habló frente a varios altos funcionarios del gobierno, cenó con el segundo al mando de Kim Jong-un y recibió insignias oficiales de lealtad de liderazgo.

“Soy una de las tres personas en Italia que tiene una”, alardea, presumiéndolas ante mí. Las insignias tienen forma de bandera, con los retratos impresos del abuelo de Kim Jong-un, Kim Il-sung, y su padre Kim Jong-il”.

Algunos recuerdos del último viaje a Corea del Norte de Marsiletti.

Los norcoreanos consideran leal a Marsiletti por varias razones. Primero, fundó y administra la página web KimJongUn.it, dedicada a difundir “información norcoreana”. Marsiletti administra el sitio junto con la Asociación de Amistad con Corea y con la agencia de prensa estatal, KCNA. A lo largo de los años, se ha convertido en el referente para los italianos que quieren viajar a Corea del Norte, en parte porque ahora es amigo del embajador de Corea del Norte en Italia.

Contacté a Marsiletti hace unos meses, cuando me crucé con una historia que era una especie de versión de la película The Grinch, excepto que el Grinch es Stalin. Se llamaba Il Natale nell’Italia stalinista (Navidad en la Italia Estalinista). La historia era un fragmento de Se Mira, Se Kim, la última novela de Marsiletti; un tipo de panfleto publicitario estalinista enmascarado detrás de una historia de amor. Era fascinante tanto por la trama salvaje del libro, como por los lazos de Marsiletti con el gobierno norcoreano, así que aceptó hablar conmigo sobre ambos, en su oficina.

El libro está siendo leído actualmente por la embajada norcoreana, donde están considerando agregar un prefacio escrito por el mismo Kim Jong-un. La trama, como se señala en su portada, va así:

Es 2021. Mira vive en Parma, en la Italia Estanilista. Ella sale con un oficial de la embajada norcoreana llamado Kim. Todo durante una crisis política. Mientras tanto, en una cena con amigos del colegio, Mira se entera de que un viejo amigo del que estaba enamorada es un trotskista. Ella eventualmente toma la decisión correcta y es recompensada por Kim Jong-un.

La insignia es otorgada a esos que han sido considerados leales al gobierno norcoreano. Marsiletti es una de las pocas personas en Italia que tiene una.

La oficina de Marsiletti es un cuarto austero en un edificio gris, junto a la autopista que conduce al norte de Parma. La única decoración es un calendario del Che Guevara y una colección interminable de memorabilia y recuerdos de Corea del Norte; periódicos del partido, una colección de estampillas, un banderín y un libro con el discurso que dio Kim Jong-un en la fiesta del séptimo congreso del partido.

“Cuando comencé a aprender más acerca del régimen, hace siete o seis años, me obsesioné de verdad”, dice. “Esto es todo lo que leo; nada más me interesa. Lo que me fascina del socialismo es la forma en que la ideología puede influenciar el comportamiento y dar forma a una sociedad casi de una manera científica. Y desde este punto de vista, la Corea del Norte moderna es el último verdadero partido socialista del mundo”.

Para Marsiletti, Juche es diferente del marxismo-leninismo —la ideología del Partido Comunista de la Unión Soviética— por su énfasis en la individualidad. Para los marxistas-leninistas, el límite del socialismo real fue que hizo del hombre un pequeño engranaje en un sistema político. Esto no es así para Juche, donde el sistema, afirmó Marsiletti, hace al hombre el creador de su propio destino. “O al menos esa es la respuesta oficial del gobierno de Corea del Norte cuando preguntas por una explicación”, dice.

Esta centralización extrema del poder es lo que resulta tan atractivo para Marsiletti; un sistema basado en respetar las tradiciones del país, el partido regente, el ejército, y los líderes casi como si fueran una sola entidad. Esta es la razón por la que la sociedad norcoreana es tan reglamentada, por la que hay un sistema de unipartidismo y por la que el país admira a los Kims como si fueran prácticamente dioses.

Marsiletti no ve nada de malo en esto. De hecho, para él, es el resto del mundo el que tiene una perspectiva distorsionada. Para él, nuestra fascinación colectiva con Corea del Norte es extraña, cerrada y se manifiesta porque todos estamos intentando juzgar al país basados en estándares occidentales de la democracia.

Marsiletti con una copia de su libro.

Marsiletti se siente particularmente decepcionado por la izquierda política de Italia. “Yo represento al verdadero socialismo, pero la izquierda aquí quiere algo completamente diferente”, me dice. “Han reemplazado revolucionarios con el Papa, alambres de púas con contrabandistas de personas, trabajadores con inmigrantes. Es por esto que muchos simpatizantes de Corea del Norte votan por el partido Lega de derecha extrema; son antiinmigración y proseguridad”.

La historia en Se Mira, se Kim, comienza realmente en 1948, después del intento de asesinato del exlíder comunista italiano Palmiro Togliatti. Estalla una revolución e Italia se convierte en un país comunista. Desde aquí, la trama central está dedicada a defender las acciones del régimen de Corea del Norte, acusar a los comunistas disidentes de traidores e incluso a defender a Pol Pot y a otros regímenes brutales argumentando que sus crímenes deberían ser vistos dentro del contexto de proteger sus respectivas revoluciones.

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De todo esto hay muchas escenas que son particularmente problemáticas. Mira, el personaje principal, está en un autobús cuando “dos africanos se suben”. “¡Hasta aquí llegó la posibilidad del cierre de fronteras de Italia!” dice, antes de agregar que “los inmigrantes son cobardes que no tienen el coraje de luchar en sus propios países, así que escapan”; que están “atrasados” y que el gobierno “haría bien en defender las fronteras italianas colocando una cerca eléctrica en el mar a lo largo de las costas”. Le pregunto a Marsiletti sobre los puntos de vista de Mira. “A lo sumo hay un poco de ironía”, dice, después de tratar de evadir la pregunta. “Pero todo lo que escribí refleja mis pensamientos y la verdad de los hechos”.

En una escena, Mira entra en una tienda de ropa y compra el turbante estándar de los Jemeres Rojos Camboyanos, “rediseñado por un diseñador milanés” como una forma de recordarle a los jóvenes italianos la historia de los comunistas camboyanos. “Es importante que la moda sea funcional para la ideología”, Marsiletti dice despreocupado, como si dijera algo obvio.

Algunas copias del Pyongyang Times, el periódico de Corea del Norte para extranjeros, que trajo Marsiletti de su visita al país.

Marsiletti espera que su libro inspire a sus lectores a hacer su propia investigación a fondo de los varios experimentos de la historia con el socialismo. Es por eso, dice, que dedica tanto espacio a líderes controversiales como Pol Pot y su “versión excesiva del socialismo”.

Esto es muy importante, añade Marsiletti, ahora que el mundo está “cayendo en el olvido”, y sólo un país permanece leal al socialismo: Corea del Norte. Su admiración al régimen de Kim llega al punto de desear que algunos de los principios de la sociedad de Corea del Norte sean incluso aplicados en Italia.

“Seamos honestos, los países socialistas mantienen el control absoluto sobre su sociedad. Uno puede dar su opinión, pero es el Estado el que decide”. Para él, eso es una cosa buena. “Y en Corea del Norte, el trabajo es un deber. No encontrarás ni una colilla de cigarrillo en la calles porque hay mucha gente trabajando para mantenerlas limpias. Todos ven a Corea del Norte como un país en dificultades, pero intentemos pensar qué sería de Italia en una situación similar, bajo un embargo de varios años como el de Corea: la economía estallaría de inmediato solo ante el anuncio de sanciones”.

Antes de despedirnos, Marsiletti me dice que espera regresar a Piongyang pronto. “Piongyang es hermosa, primero que todo porque está llena de ideología. Uno está en las calles y por todos lados se ven pancartas que repiten las metas del país. Se ven edificios rodeados por banderas rojas con gente trabajando y música patriótica de fondo. Política por todas partes.”

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