Diez preguntas que siempre quisiste hacerle a alguien que trabaja en la Linea 144


Artículo publicado por VICE Argentina

Ya pasaron dos años desde que Carla se recibió de psicóloga en la Universidad de Buenos Aires. Antes de lograr la licenciatura, cuando todavía intercalaba la cursada entre las sedes de Hipólito Yrigoyen e Independencia, se enteró que buscaban gente para trabajar en Línea 144 en dos oportunidades. En la primera se encontraba terminando la tesis de grado cuando su tutora le avisó de la convocatoria. Envió el currículum, pero no tuvo respuesta. En la segunda, se enteró a través de la página de Facebook del Instituto Nacional de Mujeres, volvió a intentarlo, y al poco tiempo la llamaron para coordinar una entrevista presencial. Ahí le explicaron que es un servicio brindado por el Instituto Nacional de Mujeres que depende del Ministerio de Desarrollo Social y que su función es brindar asistencia y contención a mujeres en situación de violencia, en todo el país y en todo momento de manera gratuita. En el plano más formal, también le dijeron que las guardias se dividen en jornadas de seis horas por día y que, mientras un grupo trabaja de lunes a viernes con un franco semanal, hay otro que lo hace los fines de semana y feriados. Además, hay que tener un título universitario vinculado a la Psicología, a la Abogacía o al Trabajo Social, una capacitación constante en cuestiones de género y —sobre todo— una vocación inquebrantable para lidiar con la carga emocional del día a día.

VICE: ¿Cuál fue la situación más difícil que te tocó atravesar atendiendo la Línea 144?

Carla: Hubo varios llamados y momentos difíciles. Recuerdo un caso que me movilizó particularmente: una noche llamó una mujer preguntando por su mamá, que estaba atravesando una situación de violencia. No era la primera vez que se comunicaba con nosotros así que ya habíamos pensado y gestionado estrategias junto al área de seguimiento para poder ayudarla a ella y a sus hermanos. Cuando abrí su caso en el sistema, vi que se trataba de una nena de doce años que hablaba como alguien mayor. La sobreadaptación que tenía a todo lo que estaba viviendo me conmovió muchísimo.

¿Hasta qué punto te podés involucrar con las personas que llaman?

C: Lo ideal es involucrarse lo menos posible. Ser capaz de atender un llamado y no estar todo el día con ese caso en particular. El modus-operandi debería ser atender, cargar el caso en el sistema y no volver a abrirlo, salvo que la mujer vuelva a llamar y justo sea atendida por la misma persona. De hecho, las operadoras intentamos no dar nuestros nombres para que las mujeres entiendan que cualquiera de nosotras puede contenerla y orientarla en lo que necesite. La idea es no crear dependencia de una mujer hacia la operadora, ni que la operadora quede tomada por un caso en particular.

¿Alguna vez averiguaste qué pasó con un caso después de un llamado?

C: No es sencillo desligarse. Hay casos con los que una se identifica y la movilizan más que otros. Me ha pasado de conservar algún dato para poder corroborar, algunos días después, si la persona se volvió a contactar o cuál fue la intervención del área de seguimiento. Sobre todo en casos en los que haya quedado preocupada. La operadora no puede volver a contactarse con quien llama. De eso se encarga el área de seguimiento. Sólo se puede retomar el contacto si el caso lo amerita y si la mujer está de acuerdo con ser contactada nuevamente.


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¿Cuáles son los horarios más fuertes de atención?

C: La transición entre la mañana y la tarde es el de mayor cantidad de llamados porque es el horario más frecuente en el que las mujeres realizan denuncias en las fiscalías y juzgados. Cuando tienen algún inconveniente, se comunican con nosotras para que podamos intervenir en el momento. Por otra parte, a la noche y por la madrugada —sobre todo los fines de semana y feriados— son los turnos con más llamados en situación de emergencia y los que necesitan respuestas y ayuda más rápidamente, sea con la intervención de la comisaría o con el 911. Por otra parte, la cantidad y extensión de los llamados dependen mucho del turno y del tipo de consultas. Por ejemplo, si son de contención psicológica, se pueden extender hasta más de una hora. En cambio, si se tratan de consultas más puntuales, suelen ser bastante más rápidos. La situación del país y el contexto también inciden: si es una semana en la que se habla de un caso de femicidio en los medios, eso puede hacer que haya más llamados. Lo mismo ocurre cuando se acerca alguna fecha especial como, por ejemplo, las movilizaciones de Ni Una Menos.

¿Qué recorrido hace una denuncia a partir de que suena el teléfono?

C: Primero se le consulta si es la primera vez que llama. Si esto es así, se le piden algunos datos particulares de ella y sobre la situación de violencia. En caso contrario, se le pide el DNI para buscar el caso en el sistema. Esto sirve no sólo para crear estadísticas, sino también para no revictimizar a las mujeres que llaman más de una vez y que no tengan que volver a contar la situación dolorosa que atravesaron o atraviesan. La Línea 144 da información, contención psicológica y asesoramiento legal, pero no recibe denuncias. Cada llamado es singular, a pesar de que en todos se pueden identificar —a través del discurso— puntos en común vinculados a la violencia de género. Algunas personas se comunican para consultar cómo denunciar. En ese caso, se les indica cómo realizar la “ruta crítica”, que puede ser hacer la denuncia en la comisaría, ratificar la denuncia en el juzgado o solicitar medidas de protección. Otras ya tienen denuncias hechas y se las asesora sobre cómo continuar con el proceso en caso de que el agresor incumpla las medidas de protección. Si las mujeres no se encuentran listas para iniciar el proceso de denuncia, por temor a repercusiones del agresor, por el desgaste emocional y físico que conlleva la situación, o porque simplemente desconfían de la Justicia, se las contiene para trabajar junto a ellas en qué es lo que verdaderamente desean hacer. En cualquiera de los casos, cada operadora evalúa el nivel de riesgo de la otra persona. Si considera que es elevado y corre peligro su vida —sea por reiterados episodios de violencia física, intento de femicidio, posesión de armas, aislamiento, consumo de sustancias, o que el agresor pertenezca a alguna fuerza de seguridad—, se le pide un teléfono y horario seguro para volver a contactarla desde el área de seguimiento y saber cómo continuó la situación y orientarla sobre qué otra estrategia llevar a cabo. Por supuesto que en todos los llamados insistimos en que la línea siempre queda a disposición para cuando la necesiten.

¿Alguna vez te sentiste identificada con alguna víctima?

C: Como mujer considero que todas fuimos y somos víctimas de violencia en diferentes tipos y medidas, por eso es fácil sentirse identificada. La violencia simbólica nos atraviesa a todas y eso se manifiesta constantemente. En mi caso particular, también me sentí identificada con los casos de violencia psicológica porque es un tipo de violencia que muchas atravesamos en una relación de pareja y es muy difícil de ver y entender en ese momento. Es una violencia invisible que deja marcas en la autoestima y en las relaciones personales. Se detecta muy rápido en quien llama por cómo está tomada por esa situación y la manipulación ejercida sobre ella, cargándola con la culpa y responsabilidad cuando, en realidad, no la tiene.


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¿Mantenés la distancia profesional en medio de un llamado? ¿De qué manera?

C: La distancia profesional es necesaria porque, si nos involucramos emocionalmente con cada caso, no vamos a ser de ayuda para quien nos llama. Creo que lo importante es detectar, más allá de las particularidades de cada situación, los puntos en común contemplados dentro de la Ley de Protección Integral a las Mujeres (Ley 26.485). Al identificarlos creo que se logra evitar el involucramiento emocional.

¿Cómo hacés para que el trabajo no afecte tu vida personal?

C: Al principio, cada vez que volvía a casa le contaba a mi pareja los casos que había atendido. Era una forma de exteriorizarlo y lo necesitaba. Un día, una compañera con mucha experiencia me aconsejó que no le contara a la gente de afuera porque era una temática muy fuerte para la que no todos están preparados ni dispuestos a escuchar. En consecuencia, intenté evitarlo y, de a poco, también me di cuenta que dejé de necesitarlo, salvo en algunos casos puntuales que me afectaron de sobremanera. Más allá de tener un apoyo externo y distenderse de la temática al salir del trabajo, creo que lo esencial y fundamental son las compañeras y compañeros. Tener un grupo dispuesto a ayudar ante un llamado difícil y a debatir al final del día es fundamental, así como también a divertirse y distenderse al tomar un descanso entre tantas historias fuertes.


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¿Les facilitan contención profesional a ustedes también?

C: Hay una psicóloga, pero principalmente se encarga de realizar actividades en grupo para conocernos más entre nosotras y, de ser necesario, intervenir si surge algún conflicto entre compañeras.

¿Para qué situaciones debe estar preparada una persona que se dedica a esto?

C: Tiene que estar preparada para no juzgar a quien llame, para no tener prejuicios y no revictimizar. Ser consciente de lo complejo que es intervenir para que la mujer pueda empoderarse. También ser cuidadosa con las palabras que utiliza porque son personas que en su mayoría están actualmente transitando la situación de violencia en un momento de extrema vulnerabilidad y baja autoestima. La intención de las intervenciones, además de asesorar legalmente y contener, es psicoeducar: explicar en qué consiste la violencia de género y la Ley 26. 485, cuáles son sus derechos, qué es el ciclo de la violencia, concientizar sobre de la peligrosidad del agresor y trabajar, entre otras cosas, el empoderamiento.

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