Dejé que Instagram decidiera mi día: comí alacranes, me tatué y bebí con mariachis


Hace algunos meses tuve un pequeño accidente: sin querer me hice un corté en la mano con un cuchillo gigante y llené de sangre casi toda mi cocina. Lo primero que hice fue tomar una foto y buscar en Google qué hacer, como si el buscador fuera una persona y pudiera decirme “anda al hospital que estás perdiendo sangre, idiota”.

Vivimos en una realidad bien rara. Tenemos más amigos en nuestras redes sociales que en nuestra vida real y preferimos ver historias de fiestas desde la pantalla de nuestro teléfono que asistir a ellas.

¿Qué será de nosotros en 30 o 40 años? Me gusta pensar que un Youtuber podría llegar a ser presidente, que tendremos relaciones estables con personas que jamás veremos en carne y hueso, y ante una duda existencial como la mía, dejaremos que nuestros seguidores o el mundo virtual nos digan qué hacer. Incluso creo que existirá una red social para esto, háganme caso.

Siguiendo esta onda del futuro, quise simular cómo será nuestra vida en algunas décadas según mi responsable análisis: dejaremos que los seguidores de nuestras redes sociales tomen todas nuestras decisiones. Todas. Nada que nuestros seguidores no aprueben sucederá en la vida real. Si es que el término “vida real” será aceptado en algunos años. Hice un takeover de la cuenta de Instagram de VICE en Español, para pedirle a todos los seguidores que decidieran el rumbo de mi día.

Las reglas eran muy fáciles:

· Subir a las historias del Instagram de VICE en Español encuestas, y dejar que los seguidores votaran de 15 a 30 minutos para escoger la opción ganadora y realizarla.

· Todo mi día iba a ser decidido: desde qué comer, hacer, trabajar.

Desayuno

Mi día empezó como el de muchos: despertándome con bastante sueño. Vivo solo, así que mi refrigerador no contiene los alimentos necesarios para tener una buena comida balanceada. Perdón. Había una manzana de hace un par de días junto a un plátano y una cerveza. No sé por qué, pero sólo había una. Subí estas opciones a Instagram y, previsiblemente, la gente prefirió que desayunara una chela. No está mal, la neta. Tiene nutrientes y logró despertarme. Mi día comenzó feliz. Debería desayunar cerveza siempre.

Vestimenta

Soy una persona real. Así que también quería que la gente decidiera cómo me iba a vestir. Era lo justo. Afortunadamente y para mi gran sorpresa, luego de mostrarles mi armario, las personas escogieron dos outfits decentes. Habían dos: uno “formal” y otro más deportivo. Ganó el formal, probablemente la gente quería verme decente durante el día. Bien ahí.

Tatuaje

Ya tenía agendada una cita para tatuarme ese día y no la iba a cancelar. Soy real, repito. Le comuniqué a la gente que tenía la gran oportunidad de decidir un tatuaje que iba a estar para siempre en mi cuerpo. Llegaron más de 100 ideas de tatuajes en 15 minutos: penes, logos de Buzzfeed, frases de canciones culeras y vírgenes.

Seleccioné dos y dejé que la gente votara. Los finalistas fueron “una frase de una rola emo” y “una mujer con un cuchillo en la boca”. Ganó por poco la mujer. Actualmente les escribo este texto con una mujer mirando bien raro desde mi brazo con un cuchillo en su boca. Qué tiempo para estar vivos.

Música en el Uber

Ya tatuado, pregunté qué música querían que escuchara de camino a la oficina. Di dos opciones: reggaetón cristiano o Aleks Syntek. Y previsiblemente, Aleks Syntek volvió a perder en su batalla milenaria en contra del reggaetón, pero esta vez fue el cristiano. Realmente el reggaetón cristiano ha evolucionado a la par que el normal. Denle una oportunidad.

ESCRIBIR O LIMPIAR LA OFICINA

Mi chamba, como saben, es escribir. Pero como estamos en una onda de yo no decidir nada, dejé que también opinaran sobre esto. La gente decidió que limpiara la oficina en vez de escribir.

Limpié el pasillo, los salones, lavé platos y saqué la basura. Creo que lo hice medianamente bien.

COMIDA

Llegó la hora de comer. La cerveza ya no estaba haciéndome efecto y necesitaba alimentos. Fui a un mercado cerca de la oficina, vendían de todo y pensé que sería una buena opción. Pregunté dónde debería comer y la gran mayoría opinó el mismo lugar: Mercado de San Juan.

Caminando el mercado, me di cuenta que vendían carne de león, alacranes, cocodrilo y más comidas exóticas que nunca pensé que era posible probar. Di la opción de alacranes o carne de león, sabiendo que iba a sufrir con cualquiera. Ganó cómodamente el alacrán. Me lo sirvieron en una tortilla con jitomate y aguacate. Pedí una chela para medio empedarme y olvidarme de lo que estaba haciendo y me comí esos dos pequeños alacranes. El sabor fue como si pasara mi lengua por una moneda. A cobre. Sentí cada pelito dentro de mi boca y el aguijón bajó por mi garganta lentamente. Pregunté varias veces por qué hay personas que comían esto y luego de terminar sentí una necesidad imperiosa de lavar mis dientes más de cuatro veces

SALIR DE PINTA

Hasta este momento estaba tatuado, con alacranes y chelas en mi estómago, cansado por limpiar mi oficina y con frases como “él es tu salvador, déjalo entrar” de un gran reggaetón cristiano dando vueltas en mi cerebro. Me sentía cansado. Necesitaba diversión. Pregunté al mundo de Instagram qué lugares divertidos me recomendaban, y entre todos los que enviaron seleccioné la Feria de Chapultepec o terminar en la última estación del metro de Ciudad de México. Ya me veía tocando guitarra en el piso de esa estación, pero afortunadamente, la gente quería verme feliz y me enviaron a la feria. Muchas gracias.

Llegué a la feria y sólo quedaba tiempo para montarme en una sola atracción. El carrusel o caballito, y una montaña rusa intimidante. La pelea estuvo reñida, pero ganó la montaña rusa. Pasé 16 años de mi vida sin montarme en una. Tenía un miedo inexplicable a ellas, sentía que apenas me subiera en una los carriles se iban a romper y terminaría como alguno de los actores den Destino Final. Salí con los ojos llenos de euforia. Mis pupilas estaban dilatadísimas y tenía tiempo sin sentirme tan arriba. Esta foto que verán es una gran prueba de ello.

FINAL DEL DÍA

Ya daban las siete de la noche y mi jornada laboral había terminado oficialmente. Así que sólo quedaba una opción: caminar a mi hogar o terminar de empedarme en la Plaza Garibaldi. La gente de internet decidió sabiamente: Garibaldi. Fui a la plaza y lancé la última pregunta del día: “¿Qué prefieren, son jarocho o mariachis?”

Ganaron claramente los mariachis y fui a buscar unos. Mientras esto sucedía, un mariachi se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Me tomé varios mezcales y chelas, y luego pudimos decidir la canción que queríamos para los seguidores de VICE. Ganó “Cielito Lindo”, y como ya me vieron bien borracho, me invitaron a cantarla con ellos. Así que terminé acompañándolos en coro cantando esta canción. Me dijeron que lo hacía bien, así que tomé eso como un gran cumplido.

Mi experimento terminó. Y estoy seguro que esta clase de prácticas serán comunes en el futuro. Todo lo decidiremos así. Si ya valoramos más las interacciones online que las del mundo real, ¿qué nos hace pensar que nuestras decisiones las tomaremos nosotros? Somos esclavos del internet. Somos hijos del internet. Queremos hacer felices a nuestros amigos del internet dando likes y manteniendo feliz al algoritmo, nuestro Dios.

Esto me hizo entender un poco más la época en la que vivimos. Muchísima gente me escribió, más que en cualquier cumpleaños o evento de mi vida. La gente quiere pertenecer a las cosas que suceden en internet. Si no tenemos bien construido nuestro personaje en redes sociales, probablemente el del mundo terrenal no tenga mucho éxito.

Bienvenidos al futuro. La entrada es gratis, la salida vemos.

Puedes ser amigo de Diego en Instagram, es lo único que le importa.

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