Practicantes nos cuentan qué es lo que más odian de ser practicantes


Artículo publicado por VICE México.

Hacer las prácticas profesionales es un paso que pocos pueden saltarse, antes de poder acreditar completamente la universidad. Y aunque actualmente existen mil y una formas de liberar este requisito, quienes lo viven a diario aseguran que por muchas razones sigue siendo uno de los martirios más necesarios para titularse.

Hablamos con algunos practicantes —o pasantes, o interns— en activo y les preguntamos cuáles son las razones que a veces los llevan a odiar un poco lo que hacen.

Paola Benítez, 22 años, Puebla

Ahora mismo acabo de entrar a un laboratorio en el que se hacen cosméticos para el cuidado capilar y con frecuencia siento que en la oficina son misóginos y machistas. Me tienen prohibido dirigirle la palabra al personal, siempre que se trata de hombres. Sin embargo, a mis compañeros hombres del mismo rango sí se los permiten.

En alguna ocasión se me fue la onda, empecé a platicar con alguien de otro departamento y me regañaron. Eso no me tiene muy cómoda. En realidad, me enoja mucho.


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Ana Juárez, 21 años, CDMX

Yo estudié para ser fotógrafa. Y cuando llegó el momento de ser practicante, me pusieron en una oficina a hacer diapositivas con imágenes sacadas de internet. No me lo tomé a mal, porque fui consciente de que estaba recién iniciándome en esas funciones y no podía negarme.

Además, el hecho de no tener un contrato donde se especifiquen tus deberes, te obliga a aceptar las cosas que te asignan. Aquella vez lo hice bien y con gusto, pero no era algo que como interna me tocara. Yo había llegado a la oficina para hacer fotos. En fin.

Tampoco me gusta que pareciera que mis jefes no se dan cuenta de qué tan difíciles son de realizar algunas cosas. Hay ocasiones en que me expongo mucho por los aditamentos con los que cargo siempre, o por las horas y zonas a donde me envían por llamado.

Yo creo que les hace mucha falta entender todo lo que te estás esforzando.

Salvador Hernández, 26 años, Jalisco

Las cosas que no me gustan de ser intern son pocas. En realidad, sólo hay una con la que realmente no estaba de acuerdo. Me ha tocado que de pronto sí tienes noción de cómo se hacen determinadas cosas, y tus superiores no te dan la oportunidad de demostrarles que puedes con ellas.

Creo que eso es por miedo a que, como tú eres el pasante, te equivoques. Me parece que hay una falta generalizada de confianza de parte del empleador. Sería bueno que nos dieran un poco más de libertad para aplicar lo que sabemos hacer, que nos quitaran el freno y que nos dejaran experimentar.


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Fernando Martínez, 25 años, CDMX

Cosas que no me gustan hay un chingo. Y de las peores es que no te pagan y en gran número de casos hasta tienes que poner dinero de tu bolsa para poder acabar el periodo reglamentario. Yo sé que parte de trato es que no haya remuneración económica, pero también me parece que es bastante de sentido común entender que necesitamos por lo menos un apoyo para los transportes.

Algo que tampoco es justo es que tú vas dispuesto a aprender y luego llegas y resulta que no hay nada qué hacer. Entonces te ponen a ocuparte en cosas que ni al caso, o en las que no estás interesado. A mí no me ha pasado, pero compañeros me cuentan que luego les dan muchísimo trabajo a cambio de nada y sienten que es como explotación.

Sin importar cuánto tiempo pases en una empresa, si eres intern debes estar preparado para que te toque hacer lo más aburrido y lo que prácticamente a nadie más le interesa hacer. Eres el practicante. Eres el que menos conoce a la gente. Eres el que no se puede quejar. Entonces te chingas, porque desafortunadamente serlo ahora implicar aceptar convertirte casi, casi, en asistente personal.


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Rogelio Galván, 22 años, Estado de México

Me ha tocado ir por los cafés. Y me molesta mucho que se me tome por mandadero. A veces hasta la he jugado de chofer. Recuerdo una vez en especial, cuando mi jefe supuestamente tenía una junta muy importante y tuve que hacerme cargo de su auto todo el día.

Eso es riesgoso. No puedes tener esa responsabilidad. Mucho menos si aún ni siquiera hay certeza de que puedan contratarte para algo fijo. Son muchas cosas que quizá mucha gente crea que son insignificantes. Pero si algo sale mal en la ecuación, siempre será culpa tuya. Y eso no es justo.

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