Una visión sobre la universidad emitida por alguien que (precariamente) está dentro de ella


El trabajo de profesor universitario tiene una característica esencial: si eres un vago bien relacionado, te deja todo el tiempo libre que quieras, pues sólo debes limitarte a leer tu libro en clase y publicar algo de vez en cuando (si no eres ya profesor titular) para que la ANECA te vaya dando las acreditaciones que habiliten tu enchufe en las distintas convocatorias de plazas. Por el contrario, si tienes vocación docente, el trabajo de profesor universitario absorberá todo tu tiempo, pues es muy difícil hacerlo bien (es decir, transmitir conocimiento de un modo ameno y atractivo para el estudiante).

En esa tesitura, voy a relataros los principales males que caracterizan a la universidad, y que son predicables de una mayoría de sus docentes (pues, en el fondo, la universidad es lo que los estamentos más influyentes del profesorado quieren que sea, ya que en las elecciones a rector sus votos valen notablemente más que los del alumnado y el personal de administración y servicios):

-Infantilismo, ego desmedido y desocupación: Son un cóctel nocivo. Muchos profesores, al no prepararse las clases ni investigar, dedican sus infinitas horas de tiempo libre a pasillear, compartir cotilleos y ofenderse por las más absurdas nimiedades. El que en un reparto de despachos un profesor reciba el más grande y otro el más pequeño (aunque la diferencia sea de medio metro cuadrado) puede provocar una guerra eterna.

-Maquiavelismo, endogamia y concepción de la universidad como su cortijo: En un departamento con 8 profesores asociados, puede haber uno acreditado por la ANECA como ayudante doctor y el resto sin acreditación (e incluso sin doctorado). Si el acreditado es un outsider (no tiene padrino y pasa de los mamoneos internos de la universidad) tendrá un 3+3 de docencia (el mínimo que se puede dar) mientras otros que todavía no tienen ni doctorado gozan de un 6+6.

Lo mismo sucede con los grupos de investigación, congresos y conferencias. Quien los organice invitará a los suyos, siendo irrelevante que otros profesores (outsiders o ligados a catedráticos rivales del organizador) puedan aportar conocimientos e ideas. Idéntica situación se da cuando un Departamento propone que se saque una plaza a concurso y mete como perfil investigador el de “especialista en legislación noruega”, siendo ésa la temática de la tesis del candidato de la casa.

Este tipo de conductas siempre son mezquinas y miserables, pero mucho más si se dan en una institución pública pagada con el dinero de todos. La institución se pervierte desde el momento en que quienes la conciben como su prostíbulo particular, sacrifican los principios de mérito y capacidad para convertirla en arma, palangana de las deposiciones o casa de muñecas según convenga.

-Tráfico de influencias: Se produce cuando un profesor usa su ámbito de poder (convocatorias de plazas de asociados, calificaciones que él puede regalar directa o indirectamente…) para agradar a gente influyente que posteriormente le devuelva el favor en forma de subvenciones, recomendaciones a altos políticos y dádivas de cualquier tipo.

Normalmente, los profesores más implicados en esta clase de conductas suelen ser tremendamente mediocres y vagos, aunque también hay docentes que, desde un punto de vista técnico, saben enseñar y poseen abundantes conocimientos, pero simultanean sus buenas clases con la natación por el fango para promocionarse.

Y, finalmente, están los profesores que aúnan honestidad y calidad docente. Por desgracia son muy pocos, y se dividen entre quienes luchan activamente por limpiar la universidad y quienes, simplemente, investigan y enseñan apartándose de las inmensas piscinas de lodo que abundan por la universidad, pero sin intentar vaciarlas.

Yo siempre he sido un outsider. Por ese motivo me ha costado lo indecible entrar en la universidad como asociado con un 3+3 (voy a cumplir 4 años como docente) y hoy, pese a estar acreditado por la ANECA, sigo con el mismo contrato exiguo. Aspiro a poder dedicarme algún día a la docencia en exclusiva sin tener que ponerme de rodillas ni participar en ninguna de las malas prácticas que he descrito arriba. Eso alarga tremendamente el camino, pues la posibilidad de que te inviten a un congreso o grupo de investigación es nula, y lo mismo pasa con las publicaciones (aunque yo ya he conseguido publicar 10 artículos en buenas revistas ajenas a mi universidad). Pero todos los años intento publicar 2 o 3 cosas y acumular más docencia.

Ahora mismo tengo 34 años, y espero que para los 40 haya logrado alguna plaza de ayudante doctor porque mis méritos sean abrumadoramente más elevados que los del resto del candidatos y no quede más remedio que dármela. Mientras tanto, seguiré dedicándome a la abogacía que, aunque no me guste tanto como enseñar, me ha dado satisfacciones tan intensas como la sentencia del Supremo sobre el pago del verano a los funcionarios interinos. Sin duda, es una alegría personal mucho más grande que ser ponente en un congreso de amiguetes al que asisten ellos mismos y unas cuantas decenas de alumnos a quienes imparten clase.

Todos los escándalos sobre TFM y másteres que estamos viendo, son fruto de las dinámicas que os he contado. Es el problema de confundir autonomía universitaria (derecho de las universidades a enseñar libremente o elegir a sus responsables) con la creación de Reinos de Taifas sin control donde los enchufes, la endogamia y la prostitución de lo público en aras de intereses bastardos se generalizan. Necesitamos una universidad mucho más regulada, fiscalizada y protegida frente a los males que se reproducen en ella, y donde toda autoridad que quiera usar su poder para intercambiar dádivas, se vea atada por los controles y exigencias de la ley. Para eso la estamos sosteniendo con nuestros impuestos.

A modo de ejemplo, es clave objetivizar los baremos, para impedir que la apreciación discrecional de un mérito como “relevante para el área” permite al tribunal evaluador multiplicar por dos la puntuación del enchufado. Lo mismo sucede con los perfiles de las plazas, que permiten aumentar considerablemente la puntuación del candidato cuyas publicaciones “vayan en la línea del perfil”, que curiosamente siempre coincide con la línea del candidato de la casa.

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