“Pinché los ojos de mi ex”: Personas nos cuentan lo más agresivo que han hecho


Artículo publicado por VICE México.

Somos humanos. Hay momentos en los que nuestras emociones pueden más que nosotros y mandamos todo al carajo. Tenemos ciertos lugares y límites que, si los tocan bien, podemos sacar o mostrar una parte de nosotros que no sabíamos que teníamos. Sale la agresividad. Por mi parte, tiendo a ponerme agresivo cuando estoy defendiendo algo que me interesa: ya sea una persona o un ideal.

Hubo situaciones en mi escuela en las que perdí el control y terminé entrándome a madrazos. Imagino que todos pasamos por ese tipo de encuentros. Sigmund Freud dijo a partir de su última teoría de las pulsiones, que “la agresión se vincula a la pulsión de muerte, innata, dirigida al exterior y al otro o contra sí mismo como autoagresión”. Para otros autores, como Donald W. Winnicott, “no existe el instinto de muerte innato ni se equipara al sadismo como un impulso con finalidad destructiva. La agresión es una fuerza que manifiesta la vitalidad totalmente desvinculada del concepto de frustración”.

Le preguntamos a algunas personas qué es lo más agresivo que han hecho en sus vidas, lee sus historias abajo.


Pinché los ojos de mi ex

Sofia, 25

A veces se me han salido de las manos los celos. Lo acepto, pero normalmente no soy una persona agresiva. Siempre trato de mantener la calma en situaciones donde siento que el estrés va a ganarme. Aunque hubo una vez en la que no di para más. Las cosas con mi ex no estaban bien, nos peleábamos a diario porque sentía que me estaba engañando. Y cuando uno siente que lo están engañando probablemente es porque es así.

Para hacer el cuento corto: sí me estaba engañando, pero eso no fue todo. Tenía una relación paralela. Cuando no comía conmigo, comía con ella, y cosas por el estilo. Pero recuerdo el momento donde se me fue la rabia a la cabeza: vi que la chava con la que mi ex tenía una relación empezó a dejarle comentarios como “te amo” en sus redes sociales. Y el pinche güey no los borraba ni nada, solo me decía “ella está loca”. Una tarde mi hermana me llamó, vio a mi ex tomado de la mano con esa morra. Lo esperé en mi casa, apenas llegó y una fuerza indescriptible entró a mi cuerpo. Le pinché los ojos con mis dedos y todas las ganas del mundo. Fue bien violento, pero sentía que necesitaba hacerlo para poder seguir con mi vida.

Luego le di una cachetada, empecé a llorar y le dije que jamás quería verlo en mi vida. Lloró y me gritó que pude haberlo dejado ciego.

Golpeé a mi padre en la cara

Rodrigo, 29

La relación de mis padres fue un desastre total: engaños, peleas diarias y gritos adornaban los pasillos de mi hogar en la infancia. Nunca los vi felices y jamás entendí por qué estaban juntos. No se abrazaban, besaban, o cosas por el estilo. Yo crecí pensando que este tipo de comportamientos en las parejas era normal.

Mi padre fue una terrible persona con mi madre. Era de ese tipo de relaciones en las que uno de los dos sabía de los engaños del otro pero no hacía nada. Mi mamá dependía económicamente de mi padre. Crecí con mucha rabia acumulada hacia mi padre. Un día desapareció por casi dos días, yo tenía 19 años. Cuando apareció no dijo nada, hizo como si hubiese “estado de viaje”. Apenas mi madre le preguntó dónde había estado porque estuvimos todos preocupados, la insultó y la mandó a callar. Yo no aguanté más, cerré mi puño y lo golpeé. Mi padre no hizo nada y mi mamá sufrió una crisis de nervios.

Mi padre se fue de la casa unos meses después, la situación tocó fondo. Actualmente solo nos hablamos en cumpleaños familiares.

Rompí los vidrios del auto de mi pareja

Fernanda, 27

La persona que más ha sacado lados oscuros de mí fue mi expareja. Las peleas con ella llegaban a lugares e insultos que jamás pensé que era capaz de decir. Puedo concluir que nos odiábamos, y no entiendo cómo no terminamos antes de hacernos tanto daño. Por cualquier situación teníamos la pelea del siglo. Un fin de semana, teníamos agendado ir a un hotel para pasar la noche ahí. Una hora antes, ella me llama y me cancela porque su mamá le había “encargado hacer unas cosas”. Yo estaba realmente emocionada por la noche en el hotel. Quería divertirme y tratar de olvidar la terrible relación que teníamos.

Apenas me canceló, sentí como si los ojos se me llenaran de lágrimas y quise mandar todo a la mierda. Fui a su casa, esperé a que llegara de donde estaba y subiera a su departamento. Tomé unas piedras bastante grandes que estaban por su estacionamiento, las metí en mi mochila y las usé para romperle todos los vidrios de su auto. Nunca antes alguien había logrado sacar esa faceta de mí. Lo peor es que luego de hacerlo no me sentí mal. Me sentí liberada.

Fracturé mi mano por golpear una pared luego que me corrieran del trabajo

Adrián, 30

Las injusticias siempre me han sacado de quicio. Generalmente no tengo problemas con nadie, pero ver cómo muchísimas personas salen favorecidas en el ámbito laboral por amiguismos es algo que no tolero. Estuve casi cinco años en mi chamba anterior, era de esos empleados que no decían que no, y hacía horas extras casi todas las semanas sin levantar la voz. Quería que mis supervisores vieran que me importaba hacer las cosas bien. Pero en esa empresa importaba más si eras amigo de los que conformaban los puestos directivos que hacer bien tu trabajo. En una época se estuvo hablando de la posibilidad de ascenderme.

Llevaba 4 años en el mismo puesto y y me sentía estancado. Meses atrás, había llegado una persona que le caía bien a todos, prácticamente hacía lo mismo que yo. Se abrió la vacante que yo había estado esperando y, por lógica; pensé que era mía, ya que nadie tenía más experiencia para ese puesto que yo. Para mi sorpresa, el puesto se lo llevó la persona nueva. Y la única explicación que me dieron fue que “él tenía más capacidades sociales y eso era importante en esa empresa”. Apenas salí de mi junta con RRHH, golpeé una pared con toda mi fuerza, estaba descargando casi cinco años de frustraciones. Terminé renunciando y con una mano fracturada por cuatro meses.

Le rompí rodilla a un amigo jugando futbol

Héctor, 28

Siempre me ha gustado el futbol, y con mis amigos de la escuela tenemos un grupo de WhatsApp para armar partidos. El futbol ha sido una parte importante de mi vida y es una costumbre que quiero mantener hasta que ya no pueda caminar. Me tomo los partidos en serio, así sean con los amigos de siempre o algún torneo. En una de esas oportunidades, recuerdo que estábamos jugando contra un equipo que tenía un jugador súper pesado. Era realmente bueno, pero su arrogancia era insoportable. Daban ganas de patearlo.

Mi novia estaba viendo el juego en las gradas, y este tipo me humilló con un recorte. Lo dejé pasar. Pero volvió a hacerlo y fui la burla de todos por unos segundos. Podía ver a lo lejos cómo mi novia veía todo, fue bastante penoso y perdí la cordura. En la siguiente jugada, le entré a este güey con los talones arriba, directo a la rodilla. Yo sabía lo que estaba haciendo. El grito que dio por mi entrada aún lo recuerdo, tuvieron que sacarlo en camilla y directo al hospital: el diagnóstico fue que le rompí la rodilla. No me sentí bien por hacerlo, pero la verdad es que la rabia que sentía en mi cuerpo por haber sido humillado frente a mi novia, nubló mi sentido común. No lo volvería a hacer, no se siente bien romper una rodilla siendo un futbolista amateur.

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