Monsters Inc. sembró el marxismo en los millenials


Artículo publicado por VICE México.

Hemos hablado antes sobre series y películas como Friends y American Pie, quienes han tenido serios problemas en envejecer con el flujo de las ideas y movimientos sociales de la actualidad. Tan sólo en un par de décadas, nos podemos dar cuenta con claridad de que estos ya no son los 90 y que los paradigmas sociales han mutado de muchas maneras, a veces para bien y otras para mal. Con esa misma ola de cambios ideológicos, es pertinente preguntarnos dónde estamos parados y por qué muchos millenials —como yo— nos hemos ido acercando paulatinamente a la idea de que el socialismo no es inherentemente malo, como se nos pintó incontables veces durante nuestro crecimiento.

Analistas de todas las edades han querido apuntar hacia estos argumentos: “Los millenial tienen confundido el privilegio con los derechos”, como si querer igualdad económica y social fuera un privilegio arcaico al que no deberíamos apuntar; “No tienen idea de qué es el socialismo”, curiosamente, en ese mismo artículo, estableciendo inequívocamente que somos la generación más educada y preparada de la historia; “No quieren socialismo —solamente cosas gratis—”, en una búsqueda por ironizar las inclinaciones políticas, este artículo sugiere que sólo somos idiotas que no saben lo que están diciendo porque papá y mamá nos han dado todo lo que quisimos desde pequeños.

Podría seguir con este tipo de ejemplos, pero el punto es el mismo, no sabemos realmente lo que queremos. No sé por qué somos como somos, pero creo que se ha obviado mucho el influjo de las caricaturas y series con las que crecimos y las películas que nos formaron. En este caso, dudo que sea la única, pero propone un argumento muy convincente para creer que Monsters Inc. habla de una importante batalla social: la lucha de clases.

Héroes proletarios

Mentiras ideológicas e ineficiencia administrativa.

Desde el comienzo de la película se establece, de manera indirecta, que la compañía está en crisis. Por ello la necesidad de hacer anuncios en televisión que contrarresten los “periodicazos”, visibles desde el inicio de la película, en los que se dice “se esperan más apagones”. ¿Que quiere decir esto? El modelo de producción y explotación de la materia prima para sustraer energía —los gritos de los niños— por alguna razón, se ha vuelto insostenible.

El villano de la película, que se abordará después, CEO de la empresa, Mr. Waternoose, se afianza de la vieja sabiduría —cuasi religiosa— y les dice a los aprendices de asustadores que “no hay nada más tóxico que un niño”. Las mentiras de la ideología imperante, conocida en términos marxistas como superestructura, con la finalidad de manipular a los empleados y hacerlos trabajar con algo que sienten completamente alienado —véase el susto de los propios monstruos cuando escuchan el grito de los niños—. Alejándose de la realidad social económica que subyace detrás de esta manera de producir bienes materiales, recalcando que su trabajo es necesario.

Hay un trecho enorme entre la producción de gritos y la energía que crean, es evidente que no tienen idea de cómo funciona, sólo se acepta porque esa es la narrativa social imperante. Como es claro, los héroes de la historia son trabajdores comunes pero destacados, Mike y Sully, quienes, sin saberlo, gestionan una revolución proletaria frente a los medios de producción. Esta inconsciencia sobre la revolución, de hecho, es completamente concordante con la teoría marxista y el debacle del modelo capitalista de Monsters Inc: Marx precisamente creía que la revolución era una inevitabilidad histórica que se daría cuando el modelo socioeconómico ya no fuera sustentable para la sociedad ni los medios de sobreproducción, efectivamente se establece que la empresa no está rindiendo, a pesar de que los asustadores como Sully, Randall y compañía están rompiendo, literalmente, récords de producción durante la película. Hay producción exitosa, lo que está fallando catastróficamente es el modelo de negocio.

El señor Waternoose se refiere al trabajo de los trabajadores como “el botín”. Poco después, un monstruo traumatizado sale del cuarto de un niño, llorando, porque el niño casi lo toca. El capitalismo rampante de esta economía obliga al proletariado —aunque sea una mentira— a arriesgar su vida, literalmente, con tal de mantenerlo asustado, al igual que los niños. Otro ejemplo de esto es cuando Sully, después de que se establece con Boo en su casa, angustiado, le dice a Mike: “¿Qué hice? Esto destruirá la compañía”. A lo que Mike responde: “¿La compañía? ¡Vamos a morir! ¡Esa cosa es venenosa!”. Haciendo un claro ejemplo de que Sully, siendo cercano el jefe y modelo estrella de la empresa, está más sumido que los demás en la narrativa impuesta por la burguesía.

Las mentiras de la burguesía llegan a afectar profundamente todos las esferas del tejido social de monstruópolis:

Los villanos

Burgueses o proletarios que traicionan su clase social.

Veamos ahora a los villanos de la historia: Randall y el Sr. Waternoose. Sobra decir hasta qué punto Waternoose es el perfecto burgués que no tiene idea de cómo manejar la empresa que ha estado en su familia por tres generaciones. Siguiendo los modelos de explotación antiguos, él continúa con el monopolio capitalista —nunca se hace mención a la competencia por lo que es fácil asumir que es inexistente— que está llegando a su fin por ser insostenible, no obstante los números de producción del trabajador. Como Marx señala con el advenimiento de la revolución industrial, la sobreproducción de bienes con una gestión únicamente enfocada al mayor bien económico de la empresa, no al valor humano de ésta.

Llama mucho la atención como la figura de autoridad de Waternoose se acompaña de una cierta sabiduría que tiene en cómo se mueve, instruye y habla con los trabajadores, e incluso con el título de “Sr.” siempre cuando se le menciona, como si se tratara de un título nobiliario. La realidad, sin embargo, es que él está viviendo de usar a sus empleados como máquinas y no tiene problema en intercambiarlos por robots automatizados que exploten el medio ambiente de manera insostenible, cruel e inconsciente.

Los trabajadores proletarios son hechos competir entre sí como modelo básico de competencia interna, pensemos en el concurso por romper el récord, todo esto para desviar la atención del verdadero villano: el jefe. De hecho, con éxito distraen la atención hacia Randall, villano circunstancial al inicio por tan solo parecer un tipo engreído y egoísta que quiere el reconocimiento de los demás. La competencia no tiene ninguna estimulación económica más que una estimulación del ego de los trabajadores, sumiéndolos ultimadamente más en la alienación propuesta en la empresa.

Randall, por su parte, es el proletario que traiciona su clase con tal de colarse a la burguesía. Sabe que no puede ganarle a Sully en el juego del reconocimiento y los sustos por lo que busca convertirse en su jefe o, si tiene que hacerlo, asesinarlo en el intento. Claramente, él es la facción trágica de la historia, la realidad más trágica de la ideología capitalista, pues en una manera de salir de la presión y dolor que le causaba el sistema no fue lo suficientemente consciente para detectar que era la persona más sumida en la narrativa. Incluso más que el propio Sully, para él, la compañía se vuelve lo único que importa. Randall quiere revolucionar la industria a través de una sobreexplotación de la materia prima, recordando bastante a esos senadores estadounidenses que niegan el cambio climático porque podría dañar la industria de la que partieron. Randall, como ellos, también es un perfecto capitalista. La desgracia está en que él no es un individuo de acciones propias, sino que actúa reactivamente a partir de las preocupaciones burguesas que asimila como propias —la comunidad de asustadores es irrelevante, solamente la producción y estabilidad de Monsters Inc.—, el villano omnipresente que incluso jala las cuerdas del propio Waternoose es tan grande y poderoso que maneja a los dos sin siquiera aparecer en escena más que en un comentario: “la junta de administradores” que tanto teme Waternoose.

Cerdo capitalista, Sr. Waternoose

El gran final

Retomar los medios de producción, la agencia del estado arresta al empresario y la reconexión con la materia prima.

Un poco antes del final, en la caverna de hielo, se revierten los roles establecidos y Sully toma consciencia de que su trabajo no lo hace feliz: es incapaz de explicarlo, pero en realidad encontró una faceta de su trabajo que no es alienante: generar contacto con la materia prima, el medio ambiente del que se le había alejado para mantenerlo asustado y en producción, quitando así el lastre de no tener relación entre su trabajo y el producto comercializado del mismo. Con esto se da el giro más importante de la historia: el proletariado se hace consciente de que ha estado viviendo una mentira ideológica perpetuada por la burguesía y no tiene que seguir con las leyes sociales anteriormente dictadas. Ahora, puede generar las propias.

Todos conocemos bien el final feliz de esta historia: Mike se convierte en el hazmerreír estrella de la renovada empresa en la que ahora los proletarios de manera sindicalizada manejan sin la presión de una figura autoritaria. Se dieron cuenta de que no era necesario prescindir con la automatización de los procesos de los trabajadores, cosa que al final sería lo menos deseable para todos, sino que puede existir un modelo de producción en el cual no se tenga que explotar ni al medio, ni al trabajador. Es así como llega la justicia en forma de un sindicato de trabajadores que manejan la empresa.

No quiero dar un brinco innecesario, pero después de que Waternoose es detenido por la agencia del estado —recordemos que Rozz estuvo dos años de encubierta en la empresa—, la silla del poder queda vacía. Es pertinente preguntarse qué sucedió con el vació generado a partir de esto, pues si bien “la junta administrativa” pudo haber posicionado un nuevo jefe, esto no parece ser así, probablemente porque ellos también fueron llevados ante la ley. El estado también es héroe de la historia porque detiene las prácticas antiéticas que ya estaban investigando desde mucho tiempo atrás, llevando a los culpables a pagar por sus acciones.

De manera literal, queda expreso que el proletariado toma los medios de producción de la cadena de poder, liberándose de la explotación a la que estaban sometidos. Las sonrisas de todos los monstruos y los niños al final de la película son evidencia de esto. Se conectan todos, como Sully, con el medio o materia prima, y se crea una nueva narrativa en la que el sometimiento al poder ya no es necesario, todos son el poder que crean en conjunto.


“Monstruos de Monstruópolis, únanse, no tienen nada que perder más que sus cadenas”, pudo haber escrito Marx, de haber sido académico de la Universidad de Monstruos. Faltará analizar si algunas de estas ideas fueron exploradas en la precuela, pero me siento con confianza para asumir que, de alguna manera, por ahí fueron sembradas, como lo hicieron con nosotros, los Millenials.

Sergio enciende las llamas de la revolución proletaria en Instagram.

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