A Banksy no le importa el arte, sólo quiere el reflector


Artículo publicado por VICE México.

Banksy trituró una de sus propias piezas dentro de la casa de subastas de Sothebys en Londres hace unos días. Según numerosos testimonios un individuo sospechoso entró y salió sin mayor problema rumbo al final de la subasta, donde se pudo haber accionado el mecanismo interno del marco del cuadro que trituraría la mitad de Girl with Balloon, una de las obras más afamadas del artista, que minutos antes había sido subastada por $1.4 millones de dólares —una de las ventas más altas de la historia del artista— convirtiéndolo, probablemente, en el artista urbano mejor cotizado del mundo.

Banksy ha cosechado su estatuto de leyenda viviente debido al performance que ha hecho de su persona. Una mítica identidad que no descansa —es anónima— en la que un grupo de pocas personas colaboran para mantener vigente la polémica. Gran parte de su figura reposa en términos del show que revuelve alrededor de él, es decir, sabe dónde estar y en qué momento aparecer para buscar el mayor shock de los medios y el público en general.

Sus murales suelen tomar referencias de otros artistas como Blek le Rat o C215 que llevan mucho más tiempo en la escena y años de producción artística, en los cuales se dio una revolución al uso de la técnica del esténcil y el aerosol como nunca antes se había hecho. A su vez, normalmente, se afianza de una coyuntura global o local para lanzar nuevas obras en el espacio público, se puede pensar en el mural en Dover, Inglaterra, poco tiempo después del referendum del Brexit, el hotel en Palestina, el mural en Nueva York para protestar el arresto de la artista Zehra Dogan en Turquía o los murales hechos para una exhibición de Basquiat en Londres. Pero, ¿cuál es la crítica exactamente? Porque se le ve como un personaje “anti-sistema” y hay pocos elementos para defenderlo. Su obra, en realidad, se nutre de un discurso que pocas veces ha tenido que llevar a cabo por él mismo, pues ya no tiene necesidad, sino que simplemente es el discurso público que se le ha asignado. Un rol de artista forajido que vende obras en millones de dólares. Al final, hay que recordar que viajar por todo el mundo haciendo instalaciones artísticas puede llegar a ser, muy, muy caro.

A diferencia de otros artistas urbanos como Shepard Fairey o Vhils, Banksy sabe perfectamente que su juego no se encuentra en la proeza de la técnica o en la renovación de la misma —como en el caso de Blek le Rat o C215—, su juego y su maestría es en el show, el performance mediático que es su figura desde hace 10 o 15 años. La exhibición de Barely Legal del 2006 en Los Ángeles donde hubo un elefante pintado y a la que asistió la crema y nata de la sociedad hollywoodense, incluyendo estrellas como Jude Law, Angelina Jolie y Brad Pitt, para aprender una “lección sobre pobreza global e injusticia”, es la perfecta representación de los ángulos que suele bordear con su obra. Sí, crítica social en cuanto a la temática de su obra, pero no hay que perder de vista lo inocua que ésta llega a ser. Pareciera que lo único anti-sistema de Banksy es que a veces pinta ilegalmente, aunque me cuesta mucho trabajo concebir que las paredes de un museo, como el Barbican en Londres, sean accesibles para vandalizar con tanta facilidad.

Hace unos días platiqué con Buster Duque, uno de los artistas urbanos especializados en lettering y freestyle más famosos de México. Eso me puso a pensar directamente en este último performance de Banksy, Buster es un hombre que nace y crece a partir de las calles y hace un reflejo estético de lo que estas tienen, recuerdo que me dijo que su misión de pintar todos los estados de la república es una afrenta social e incómoda sobre éste sector de la población vulnerable donde el estilo tipográfico representa una identidad normalmente rezagada, callada u oprimida, un grito que dice: “¡Aquí estamos y no nos vamos!”

El grito de Banksy es el de un discurso tan generalizado que no representa a nadie. A todos y a nadie o, tal vez, solamente a él. Ha hablado sobre la injusticia en Turquía, sobre la Bahía de Guantánamo poniendo un dummy vestido de reo en Dinseyland Anaheim y la pobreza a los círculos más acaudalados de Hollywood, pero dudo que eso sea realmente su preocupación más grande. No hay que obviar, tampoco, que sus obras han tenido repercusiones filatrópicas como una pintura vandalizada por él que, por el mero valor de su firmas, pudieron conseguir mucho dinero; aunque no fue un gesto propiamente suyo, sino de los que vieron el potencial de usarlo. Es notable, aunque no estoy seguro si admirable. Su preocupación, me parece, radica en una cosa y solo una: el reflector. Él es un mago como los de Las Vegas, un David Copperfield que hace aparecer cosas y todos nos regocijamos en la maravilla de la ilusión que existe alguien allá afuera que lucha por la injusticia con sus murales. No perdamos de vista que éste no es un artista visual y los cuadros no son su terreno, sino la gente es con quien juega y a todos nos encanta que nos hipnotice.

Ésta última maniobra sagaz del artista inglés, se convirtió en un fenómeno global. Tal y como me decía un colega del trabajo, “un hito en la historia del arte, pues nunca se había hecho antes” y sí, es un hito como en su momento lo fue la “crítica” de Dechamp con un mingitorio que ni siquiera hizo él. Al igual que el orinal de Dechamp, si le damos mucho crédito a futuro a los curadores, historiadores y exhibicionistas que escriben la historia del arte, éste pasará a ser un suceso que todos recordarán.

¿Hay algo detrás del revuelo causado por las acciones de Banksy con esta obra? Por un lado, la crítica “anti-sistema” de una obra que se autodestruye, dentro de las mismas instalaciones de la casa de subastas parece, en cualquier caso, ridícula. Como es visible y dándole mucho crédito a Banksy de que, en efecto, la obra se autodestruyó parcialmente, los cuidadores de la subasta toman la obra de manera inmediata y la resguardan, según haciéndose responsables de la obra pues estaba dentro de sus instalaciones. Hoy se confirmó que la casa de subastas le dará la obra a la compradora original, misma que se encuentra alegre por tener una pieza absolutamente única de la historia del arte.

Como es presumible y según la investigación de Artsy con coleccionistas y vendedores de arte, la obra, aunque esté cortada, ahora podría “llegar a valer entre 2 y 4 millones de dólares, lo cual es una locura”, dijo el vendedor Stephan Keszler y los mayores beneficiados de esto son Sothebys y la coleccionista, quienes lejos de sufrir la pérdida de una obra irremplazable por la trituración, se regocijan de formar parte de la historia del arte con una obra que duplicó o triplicó su valor de un segundo a otro. Alex Branczik, director de arte contemporáneo en Sothebys Europa, dijo: “Banksy no destruyó una obra en la subasta, creó una. Después de su intervención sorpresa en la noche, estamos contentos de confirmar la venta de la ahora titulada ‘Love is in the Bin’, la primera obra de arte de la historia creada durante una subasta”.

Ahora, por otro lado, es absurdo creer las declaraciones oficiales de Sothebys donde decían que no tenían idea alguna de que esto se llevaría a cabo. ¿De verdad esperan que creamos que no tienen la más mínima idea de inspección de una obra que, sabían, se vendería arriba de medio millón de libras esterlinas? ¿Se trata de una de las instituciones comerciales más grandes del mundo del arte y no inspeccionan una obra de este calibre acordemente? No hay que engañarnos: ellos lo sabían y de sobra. Cito las palabras el artículo que sacamos al respecto:

“Banksy nos acaba de jugar una broma”, dijo Alex Branczik, director senior de Sotheby’s, según The Art Newspaper. “Podría decirse que es el mejor artista urbano británico, y esta noche vimos una pequeña pieza de la genialidad de Banksy”.

Branczik dijo que “no había formado parte del truco”. The Art Newspaper informó que “un hombre vestido con lentes de sol negros y un sombrero fue visto discutiendo con los guardias de seguridad cerca de la entrada de Sotheby’s poco después del incidente”.

No hay que darle crédito a la institución comercial que es Sothebys y tampoco a la institución mediática que es Banksy. Esto es un performance y nada más. Un truco de magia apuntado a solamente alzar miradas, pero no a hacer una crítica ética, estética o filosófica del estado actual del mundo del arte, de la industria. Sin darle crédito a Banksy, han surgido muchos análisis, tremendamente justificados, sobre cómo no podría ser posible, según el propio video publicado por Banksy que la obra hubiese sido triturada de la manera que se llevó. Incluso, hubo quien propuso que se trataba de una artimaña clásica según la cual un mecanismo de rotación haría que una copia del cuadro fuera triturada, mientras la original fuera enrollada en la parte detrás del marco. Lejos de establecer si cualquiera de estas propuestas son verdaderas, lo importante aquí es preguntarnos si queremos seguir bailando al son de la balada de Banksy. Es el más famoso, el más mediático y el más elusivo artista de reciente memoria, pero no único en términos de estética y tampoco el más profundo en términos de narrativa. Su show, figura y leyenda descansa en el nivel de atención que siga logrando equiparar, pero me gustaría pensar que tenemos derecho a una exigencia estética que pueda sobrepasar el shock, aunque, también, sin duda eso es un reflejo del estado actual de nuestra sociedad. Queremos los fuegos artificiales, pero no la sangre de la revolución que viene antes.


Sergio ama el arte urbano en Instagram .

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