Capitalismo salvaje o el arte de vender disfraces de rappitenderos


Artículo publicado por VICE Colombia.


Precarización laboral, calles y avenidas reventadas de gente de anaranjado en bici, quejas de servicio por todos lados y unos dueños tetra-millonarios: Bienvenidos al mundo de Rappi.

El mes pasado, este monstruo nacido en Colombia y que comenzó como un startup, fue tasada en la módica cifra de $1,000 millones de dólares. Ahora hay Rappi desde México hasta Argentina y mientras su modelo de negocios sigue creciendo y creciendo, sus domiciliarios, los famosos rappitenderos, están cada vez más jodidos y exigiendo unas mejoras básicas en sus condiciones de trabajo. Una realidad que nos consta a todos los que vivimos en las ciudades y que, a raíz de los problemas que han surgido con la app en Argentina, inspiró una crónica en primera persona publicada en la Revista Anfibia que cuenta la experiencia de trabajar entregando domicilios para la app anaranjada.

Los rappitenderos -muchos de ellos migrantes venezolanos- se han convertido en otro elemento común del paisaje urbano y llueve o relampaguee, están ahí, pegados a su celular esperando a que les llegue el siguiente domicilio y aglomerandose en andenes por toda la ciudad. Es gente que la lucha literalmente por ganarse el pan y seguramente muchos de nosotros no quisiéramos estar en sus zapatos.

Pero Rappi es Rappi y si algo sabe, es vender.

En su última gran idea de mercado, decidieron que era buena idea que por una noche, todos pudiéramos jugar a ser Rappitenderos. Por eso, en su app están ofreciendo disfraces -con todo y la maleta anaranjada- para que bebés, niños, mujeres, hombres y hasta el perrito de la casa, se puedan sentir como uno de sus empleados durante este Halloween. Todo el glamour de utilizar al uniforme amarillo fosforescente desde tu fiesta de elección y sin las molestias de, no sé… Aguantarse clientes emputados, recibir órdenes de una aplicación o meterse en algún accidente de tránsito un martes en la noche.

Genios.

Pero señores de Rappi, ¿cómo sería para el disfraz de explotación laboral moderna? ¿O el de capitalismo desatado en la era de las apps?

Descarados.

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