María Conejo, ilustradora de ‘nudes’ femeninos


Este artículo fue hecho en colaboración con Vans.

La primera vez que vi una ilustración de María Conejo (México, 1988) sentí una familiaridad casi inmediata, y poco a poco comprendí que dicha relación surgía porque cada obra encapsulaba sentimientos y experiencias intensas que, si bien partían de la vida de la artista, al trasladarse al dibujo se convertían en la historia de otras y otros. El trabajo de Conejo le habla a las mujeres, pero también a otras identidades, de cuerpo a cuerpo. En una visita a su estudio, platiqué con María para conocer más sobre su trabajo, sus intereses y la manera en que busca un giro artístico y un sentido diferente a las representaciones del cuerpo femenino para resignificarlas.

Conejo habló de los artistas a quienes admira, como Pía Camil, artista conceptual; Eric Gill, creador de la tipografía Gill Sans; y John Wesley, quien hace piezas pop y también dibuja cuerpos de mujeres. Para María es muy importante poder trabajar con la libertad de un freelance, porque sólo así logra producir obra en la que de verdad cree. Aunque de vez en cuando ha tenido que aceptar trabajos de diseño por dinero, en realidad prefiere pasar hambre antes que dibujar sin inspiración.

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VICE: ¿Por qué has elegido el dibujo para realizar tu trabajo artístico?
María Conejo: Dibujar es algo que he hecho toda mi vida. Desde que estaba muy chiquita estuve involucrada en actividades artísticas, y mi mamá siempre me fomentó eso. Desde siempre quise ser artista, y siento que esa ha sido mi manera para expresarme –quizá la más práctica, porque siempre tengo papel y lápiz para dibujar, pero también porque me gusta pensar que el dibujo es una manera para aterrizar ideas, para representar cosas que siento.

¿Cómo es tu proceso creativo?
La mayoría de mis cosas parten de procurarme experiencias, porque soy bien intensa y mis relaciones también lo son. Supongo que mi personalidad siempre atrae personas así, y siempre procuro conocer gente interesante o que esté igual de loca que yo; como que casi todas mis obras parten de cosas que escribo en mi diario. No sé si lo que escribo son poemas o sólo ideas, pero de repente empieza a generarse en mi cabeza el dibujo y ya, me siento a dibujar y sale de mis manos. También leo un chingo, escribo y procuro los espacios para dibujar, porque luego es muy difícil empezar a trabajar; tengo que estar frente a la hoja en blanco para hacer algo, y también creo que me gusta mucho explorar diferentes soportes. Lo que siempre hago son tintas sobre hojas en blanco, pero también me gusta la serigrafía o hacer estampados en tela –incluso he mandado a hacer mis ilustraciones en madera o metal.

¿Crees que la intención del dibujo se modifica dependiendo del material que trabajas?
Sí, cambia. Pienso que las piezas que hice en madera, por ejemplo, parten del dibujo, pero cuando empiezas a sacarlas de su contexto, pueden insertarse en otros medios. Por ejemplo, hace unos años se expusieron en la Galería de Arte Mexicano (GAM) y este año se expusieron en Salón ACME. que son espacios para arte, más alejados de la ilustración. Y cuando los hago estampados o así es con fines comerciales, para hacer colaboraciones con diseñadores de marcas. Y no sé, esta T-shirt que traigo la hice para el proyecto de Pussypedia, y también es como una postura política: surge del dibujo, pero también tiene un mensaje por el hecho de poder ponerte la camiseta y salir a la calle y exhibirla en todas las partes en que te mueves.

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¿Quién es o de dónde surge el cuerpo sin cabeza que protagoniza muchas de tus obras?
El cuerpo sin cabeza ha sido un proceso muy largo. Mi proyecto ha cambiado con el tiempo, y casi siempre ha ido de la mano con el momento que estoy viviendo; cuando era más joven trabajaba otros temas y los abordaba de una manera más inmadura. No sé. En 2012, por ejemplo, dibujaba puras niñas, y estaba muy clavada con la idea de la memoria y la nostalgia y el estar triste y melancólica, pero desde una perspectiva más infantil, y ahí bordaba y hacía cosas con florecitas. Después conocí a alguien que me volvió loca y exploré una parte de mi sexualidad, pero también mi manera de percibir mi cuerpo, y como con este güey tenía una relación súper tóxica y eso me provocó muchas cosas, empecé a desarrollar este personaje, que es una chica que un día pierde la cabeza. Y yo creo que en el momento en que apareció este personaje, que era un cuerpo sin cabeza, reconocí la necesidad de hablar del cuerpo que he tenido toda mi vida. Aunque antes no era tan importante para mí, porque eran cosas que pensaba que eran normales, fue hasta después que pude procesar lo que pasaba.

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¿Qué experiencias han marcado la manera en la que piensas tu cuerpo?
Este tema del cuerpo es algo que he tenido presente desde que era niña, desde los seis años en que tuve una crisis existencial al verme en el espejo de cuerpo completo y ver o pensar en el espacio que ocupa mi cuerpo en comparación con el universo, y darme cuenta de que es insignificante. Es una crisis que ahí se quedó y afectó toda mi vida.

Luego pasó el tiempo, y cuando tenía 9 años tuve una experiencia de acoso en la calle muy cabrona, y fue en un momento en el que sigo sin entender por qué: yo estaba súper niña, ni siquiera tenía chichis, ni siquiera había entrado en mí esa onda de mi sexualidad o de ver mi cuerpo como algo sexual, y un día cualquiera salí a la calle y un tipo se me pegó y empezó a decirme que me quería lamer la vagina. Me quedé en shock, fue algo que no quise contarle a mi familia porque para mí fue bastante vergonzoso y aparte provocó un replanteamiento en la relación de mi cuerpo con el resto del mundo, y me empezó a entrar una onda de pudor de “me quiero tapar, no quiero volver a salir de mi casa y que nadie vea mi cuerpo de esa manera” y esa fue otra experiencia que se sumó a la onda del cuerpo.

Y creo que la última fue cuando entré a la secundaria a una escuela de monjas, y ahí estaba más desarrollada y pues sí, soy nalgona y pues ya, las monjas empezaron a tratarme de una manera muy especial porque decían que yo provocaba a mis compañeros, entonces yo no podía jugar con ningún hombre porque parecía que lo estaba seduciendo, y todo el tiempo me mandaban a comprarme uniformes de tallas más grandes de las que necesitaba porque querían ocultar mi cuerpo. Eso me llenó de muchísimo rencor, porque me hicieron pasar por experiencias que me hacían cuestionar por qué me tenía que tapar, por qué tenía que sentir eso.

¿Cómo buscas la reapropiación del cuerpo a través del dibujo?
Cuando surge este personaje sin cabeza me hizo todo el sentido del mundo por esas experiencias, y también porque ahora que estoy más clavada en temas de feminismo y diversidad. Siento que la representación del cuerpo femenino en la historia del arte siempre ha estado a cargo de artistas que se identifican como hombres o a cargo de instituciones como la Iglesia o el Estado, o no sé, y en realidad la representación que se hace de los cuerpos de las mujeres siempre es en posiciones pasivas o sumisas, o para contemplarse como si fueran musas o hipersexualizadas. Para mí la mayor motivación que tengo para dibujar, dibujar y dibujar cuerpos de mujeres es esa: reclamar esa representación. Si en la historia el 90% de las representaciones son hechas por hombres, ¿por qué no empezar un nuevo capítulo en el que ahora las representaciones de los cuerpos estén hechas por mujeres o por otras perspectivas distintas? Creo que eso hace falta.

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¿En qué proyectos estás trabajando ahorita?
Estoy trabajando en tres proyectos en este momento. Uno es Pussypedia, que es un proyecto de esfuerzos colaborativos, un proyecto hecho por una comunidad, porque muchas personas con diferentes identidades que nos hemos sentido excluidas estamos trabajando para generar una plataforma en la que haya contenido que no existe en otros medios sobre nuestros cuerpos y nuestra sexualidad y pues nada, se trata de hacer alianzas con otras artistas. Ahí estoy haciendo el arte del sitio y algunas ilustraciones para artículos importantes, también cosas que representen a toda la diversidad de expresiones sexuales y de identidad de género.

También estoy preparando dos exposiciones individuales para noviembre. Una se va a llamar Paisajes corporales, y es abordar el tema del paisaje, pero desde mi temática del cuerpo, entonces estoy haciendo unas cosas súper abstractas al usar la metáfora del cuerpo como montañas o como paisaje. La otra se llama Lenguaje corporal, o algo así, y quiero hacer como un alfabeto a partir de abstracciones del cuerpo humano, y con eso generar textos que nadie nunca va a saber qué dicen, así como de cosas íntimas mías o de cosas que aún no sé en qué van a terminar, pero va a ser en Vértigo.

Con el estudio lleno de dibujos en las paredes, un calendario con pendientes interminables para el cierre de año y un cigarro electrónico sobre el escritorio, nos despedimos. Seguramente ahora mismo está buscando nuevas e intensas experiencias para seguir resignificando las emociones a través de un cuerpo que ha perdido la cabeza.

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