Los papeles falsos que lavan la madera ilegal en Bolivia


Artículo publicado por VICE México .

#MaderaSucia es una investigación periodística transnacional coordinada por OjoPúblico y Mongabay Latam en alianza con El Espectador, Semana, Connectas, El Deber, Revista Vistazo e InfoAmazonía en cuya primera entrega han participado 11 periodistas de investigación de la región.


La plaza principal de San Carlos, un pequeño poblado ubicado a 110 km de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, luce tranquila. Es mediodía de un martes de abril y hay poco movimiento en sus calles. El lugar está rodeado de abundante vegetación y desde allí se puede ver una parte del frondoso bosque que protege el Parque Nacional Amboró.

Los habitantes de esta comunidad dicen que la biodiversidad del parque no está a salvo. Desde hace décadas, se ha convertido en uno de las zonas predilectas de los traficantes de madera. San Carlos pertenece a la provincia de Ichilo y es uno de los siete municipios que rodean este área protegida.

Desde este lugar las comunidades campesinas que habitan la zona batallan para evitar el saqueo de sus árboles, principalmente de la mara (Swietenia macrophylla King), especie conocida también como caoba. Por eso demandan más acciones de control.

Los tres operativos que se realizan en el parque al año no son suficientes para controlar el problema. Víctor Hugo Chávez, director de Desarrollo Productivo y Medio Ambiente de la alcaldía de San Carlos, cuenta que los pobladores de las comunidades permanentemente “ven pasar por el río o en transporte pesado a los callapos o trozos de madera”.



El funcionario reconoce que no es sencillo realizar las intervenciones. Explica que muchas veces las acciones demandan hasta cinco días de caminata hasta el lugar donde los traficantes instalan sus campamentos. Es en esas zonas alejadas donde se talan los árboles de caoba, para luego transportar los ‘troncos’ desde el río Colorado hasta el río Yapacaní, al norte del área protegida.

“Lo que sucede con frecuencia, durante los operativos, es que los ilegales tienen espías y al ver la patrulla de guardaparques, hunden la madera en el río para que no sea descubierta”, dice Chávez.

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Operativo dentro del parque Amboró.

El presidente de la Cámara Forestal remarcó que la época de auge de Bolivia como un país importante en el mundo por sus bosques certificados quedó atrás. De los 2,2 millones de hectáreas de bosques certificados que tenía el país, ahora solo cuenta con 800 000 hectáreas, afirmó Ávila.

Esta reducción de bosques certificados perjudicó al sector maderero en sus exportaciones, porque sobre todo mercados como el europeo lo exigen.

Los principales destinos de la madera de Bolivia son China, Estados Unidos y Brasil. Pero si se observa con más cuidado, y se suma información del Instituto Nacional de Estadística, se evidencia la caída en el volumen y el monto percibido por la industria maderera del país. De 69 millones de dólares exportados en 2012, alcanzaron los 51 millones en 2017.

Jorge Ávila responsabiliza de este retroceso al Estado, no solo por la falta de apoyo al sector maderero sino también por el crecimiento del tráfico. “Ellos (los traficantes) producen a bajo costo y aprovechan la infraestructura que dejan las empresas, como las carreteras. Al informal no le importa si es un área con manejo. Aprovechan pocos volúmenes, pero son muchos”.

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