Los flamencos son rosas por culpa de los camarones


Artículo publicado por VICE México.

Primero: son flamencos, no flamingos, a menos que intencionalmente estés diciéndolo en inglés. Con esto sobre la mesa podemos continuar con la historia: hace un mes fui al Cine Tonalá de la CDMX para ver una película mexicana, Tiempo Compartido, dirigida por Sebastián Hoffman y protagonizada por Luis Gerardo Méndez. La locación era en un enorme hotel de Acapulco y retrataba los altibajos y perfiles de las personas que suelen disfrutar sus vacaciones a través de este modelo colectivo.

Había suspenso, situaciones familiares, ansiedad, albercas y algo que llamó mucho mi atención: un flamenco que solía hacer apariciones espontáneas en lugares inesperados, anunciándose como presagio de algo; como un amuleto o tótem. Fue ahí donde me surgió la duda.

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Captura de pantalla del tráiler de Tiempo Compartido.

En el reino animal hay una enorme cantidad de especies con colores y tonalidades de fantasía, y los más exóticos suelen vivir en lugares remotos y en una cantidad de ejemplares muy limitada, como es el caso de los cuervos alvinos o los grillos arcoíris, u otros animales que suelen deber su tonalidad al camuflaje o aposematismo, un mecanismo de defensa que mantiene alejados —o confundidos— a sus depredadores. Pero, ¿con qué podría camuflarse un flamenco en la playa? ¿Quién lo persiguió? ¿Un atole de fresa? ¿Un pepto?



La razón por la que los flamencos son rosas es por su alimentación. Porque sí, literalmente eres lo que comes. Estos animales viven en pantanos, lagos y zonas húmedas; por esta razón suelen alimentarse de larvas, insectos, moluscos y crustáceos pequeños, como los camarones. Y junto con las algas rojas y azules que consumen, llenan su cuerpo de una sustancia llamada beta caroteno —también encontrada en los camarones—, un químico orgánico que contiene un colorante natural naranja-rojizo que el sistema digestivo de estas espigadas aves extrae para disolverlo en su propia grasa, misma que se deposita en las nuevas plumas del animal y, poco a poco, lo va pintando de rosa naranjoso.

Esto quiere decir que si retiráramos de su dieta los camarones y las algas que vienen cargadas con caroteno, el color de los flamencos cambiaría drásticamente. Un ejemplo son los especímenes del Caribe, quienes suelen ser más naranjas e intensos, mientras que, en Kenia, en el Lago Nakuru, debido a su menor humedad, estos animales son de un rosa más pálido y menos saturado.

Luis vive obsesionado con los camarones, síguelo en Instagram.

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