Para entender lo que pasa en Gaza, hay que empezar por la comida


Artículo publicado originalmente por MUNCHIES Estados Unidos.

Las dos hermanas palestinas de Gaza rogaron para pasar la bandeja de postres por el retén israelí. “Por favor”, rogaron, “nuestra hermana está embarazada y lo único que quiere es olerlos”.

El hombre en el primer tramo del puesto de control de seguridad, un palestino también, se negó. Las leyes de Israel sobre lo que se permite entrar desde Gaza en ocasiones parecen arbitrarias: ese día en noviembre, después de una nueva normativa, su bandeja de comida era prohibida. Poco después, el tipo agitó su mano a las mujeres para que pasaran al siguiente tramo en el paso fronterizo de Erez —el único punto de entrada y salida para personas entre Israel y la Franja de Gaza— mientras los postres de las mujeres, junto con otros objetos prohibidos encontrados en sus bolsos, como regalos de maquillaje y ollas de barro para cocinar, fueron devueltos a la asediada Gaza.

Esta escena es solo una degustación de cómo la comida aquí se ha politizado —en algunas formas, incluso se ha vuelto un arma— y se ha convertido en un microcosmos de las fuerzas e intereses que forman la violencia y crisis humanitaria de Gaza. Desde los asaltos israelíes y las restricciones sobre lo que entra y sale, la división política de Gaza y la norma represiva de Hamas, hasta la debilidad de una economía dependiente de ayuda… para entender lo que está sucediendo en Gaza, solo falta preguntarle a alguien qué está comiendo y por qué.


Consideremos el caso de Warda de 31 años, una chef afable y madre divorciada de tres, atascada con su familia abusiva y muy conservadora en la Ciudad de Gaza (MUNCHIES solo usa su primer nombre por razones de privacidad). La comida es una fuente de muchos de sus placeres de vida—así como un síntoma de muchos de sus dolores y presiones.

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Sabah Abdul Kareem Jarbewa y su hijo.

Sabah Abdul Kareem Jarbewa, de 50 años, vive en una casa de cemento desmoronada sin puertas o techos en un callejón empobrecido de la Ciudad de Gaza. Ella y su esposo, que está discapacitado, están luchando para pagar el alquiler y mantener a sus siete hijos.

“A veces le vendo cosas a UNRWA por dinero para un paquete de zaatar [una mezcla de especias] o tomates”, me dijo. Su comida favorita es maftoul, una especie de cuscús más grande, pero no puede costear la carne que tradicionalmente se cocina con él. Ahora, con el dinero y la ayuda cada vez más ajustados, cada vez necesita más dinero y tiene menos artículos que puede vender por un poco de dinero.

“Quiero pollo, quiero tomates…” dijo ella, con voz apagada.


Sin embargo, hubo un momento en el que se podía obtener casi cualquier cosa a través de la economía del túnel de Gaza, incluso pollo frito de KFC entregado como recién hecho de Egipto (aunque por un precio elevado). Entre 2008 y 2013, hubo alrededor de 1.000 túneles en uso, dijo Shaban, economista de Gaza, que servían como una solución lucrativa para el bloqueo de Israel por tierra y mar.

“Hasta 2013, tal vez el 95 por ciento de la comida estaba llegando a través de los túneles”, dijo Shaban. “Porque era mucho más barato, la gente prefería los túneles”.

La industria del túnel permitió a Hamas seguir importando armas y combatientes. Pero también sirvió como una fuente principal de financiamiento para su gobierno asediado. “El presupuesto exacto del gobierno no está claro”, dijo Shaban, pero él y otros han estimado que Hamas aportaba 500 millones de dólares anuales en impuestos para los túneles.

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Durante un tiempo, funcionó en gran medida: Hamas podía luchar contra Israel y contrarrestar a su rival ANP en Cisjordania, mientras mantenía todos los elementos básicos y luego algunos disponibles. Pero luego, en 2013, los militares de Egipto retomaron el control del gobierno y tomaron medidas enérgicas contra los movimientos islamistas. Mientras una insurgencia en el Sinaí de Egipto se enfurecía, los militares inundaron y bombardearon los túneles en un esfuerzo por cortar a Hamas y otros islamistas.

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Con cada vez menos dinero, Hamas intauró impuestos a todas las partes de la vida diaria y el comercio. Para Wadia, el fundador del fabricante de comida más grande de Gaza, todo esto significó que tuvo que pagar tres capas de impuestos cuantiosos por todo lo que importó.

“Pagamos impuestos a Israel”, dijo. “Pagamos impuestos a Fatah. Pagamos impuestos a Hamas. Tenemos tres gobiernos. Todos nos disparan… Estamos muy oprimidos”.

La falta de acuerdos entre Hamas e Israel, o entre Hamas y Fatah, “vuelve muy difícil producir”, dijo. Estaba harto, explicó. Pero tenía una fábrica y un sueño para mantener vivos. El hombre robusto pasó con ilusión paquetes de las papas de su compañía, dando alarde de su sabor, su mayor fuente de orgullo.

Hamas es notoriamente hermético y nada transparente, así que es básicamente imposible cuantificar la proporción de corrupción y despilfarro de fondos gubernamentales, dijo Shaban.

La división de 2007 entre Hamas y Fatah polarizó todas las partes de la sociedad palestina, incluyendo el bienestar: los gazatís acusaron a Hamas de proveer servicios solo para sus simpatizantes, no para sus oponentes.

“Es imposible acceder a la transparencia de la distribución [de ayudas], por muchas razones”, dijo Shaban, cuando se le preguntó cómo Hamas había usado o abusado de los alimentos como medio para obtener apoyo público. Eso es en parte, dijo Shaban, es porque “esta es la cultura de los partidos políticos en Palestina… Darán prioridad a sus miembros”. Continuó, “uno podría preguntarse lo mismo acerca de la ANP cuando reciben alimentos. ¿Se lo mandaron a todos? No. Conozco a muchas personas pobres que no están afiliadas y no reciben [ayuda]. No ahora, y no recibieron [antes cuando la ANP estaba en el poder]”.

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Israel acusa a Hamas de usar su dinero y sus recursos para construir más túneles para el contrabando de armas y para crear violencia, y no para ayudar a su población afectada por un estado de desarrollo. Dentro de Gaza, muchos palestinos me dijeron que están enojados de que los funcionarios de Hamas están viviendo a lo grande, mientras que las personas luchan por comer y tener un lugar donde dormir. Pero, mientras vivan bajo el asedio, la gente dice que la frustración no tiene ningún lugar productivo a dónde ir. En cambio, los problemas de Gaza siguen alimentándose unos de otros.

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“Uno puede mejorar un poco la condición de la prisión, pero sigue siendo la prisión, dijo Shaban.

Los recortes de UNRWA son solo el último golpe en las entrañas de la economía y sociedad ya hambrienta de Gaza. Después de todo, para entender la insensatez de armar las políticas alimenticias, solo falta preguntarle a alguien en Gaza qué está comiendo y por qué.

Ghazi M. Mushtaha, de 45 años, es el dueño de una de las compañías de helado más populares de Gaza, Eskimo el Arousa. A excepción de los últimos dos veranos, me dice que ha tenido prácticamente que detener la producción: los generadores que mantienen la fábrica en funcionamiento cuestan demasiado, mientras las personas no pueden costear la electricidad para mantener el helado fresco. Antes de Hamas y el asedio, vendía ocasionalmente en Cisjordania y visitaba negocios contacto en Israel. En su oficina todavía tiene una fotografía de sí mismo hace 25 años, entonces luciendo un bigote negro, sonriendo en Tel Aviv.

“Hemos enfrentado problemas como estos antes durante las últimas tres guerras, pero esta vez es más duro y más difícil”, dijo. “Ahora cuando estoy sediento y alguien me alcanza un pequeño vaso de agua, pienso que es demasiado”.

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