Plan de Bolsonaro para el sistema penitenciario afecta la rehabilitación en Brasil


Artículo publicado originalmente por VICE Brasil.

Uno de los grandes lemas de la campaña presidencial de Jair Bolsonaro (PSL) fue la seguridad y el endurecimiento de las leyes contra las personas que han cometido delitos. Con propuestas que implican el final del derecho a salir de los presos y poner fin a la conmutación de las sentencias, el que fuera candidato de extrema derecha del PSL avanzó en su camino a la presidencia mediante discursos de fácil asimilación. En una sociedad que se diagnostica como asustada y que con frecuencia se informa sólo por los infames “memes zap“, la rigidez de las propuestas de seguridad pública podrían sonar agradables, pero, ¿es el camino correcto?

Con la bandera de que todos deben cumplir sus condenas de principio a fin y que nadie puede tener el derecho a salir de la prisión, incluso si cuenta con todos los requisitos exigentes para obtener el permiso de salida, Jair Bolsonaro se olvida de la función principal del sistema penitenciario: rehabilitar a los presos y hacer que, después de la cárcel, consigan reanudar sus vidas con normalidad.

Para entender mejor el otro lado de la historia y cómo impacta directamente la vida de personas que tratan con los problemas del sistema penitenciario, conversé con tres mujeres que actualmente son familiares de reos bajo custodia del Estado.

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“La imposición de la pena debe priorizar su rehabilitación, es decir, con la debida cautela castigar al condenado sin sobrepasar su dignidad, para que un día pueda reinsertarse en la sociedad”, explica María, madre de un detenido. Aline*, que visita mensualmente a su hijo en un presidio, ve la propuesta del presidente electo como problemática. “Creo que es un absurdo, porque la reclusión en sí no es una forma educativa de rehabilitación. El sistema penitenciario carcelario [brasileño] es indigno del peor ser humano imaginable”.

En el caso de que Bolsonaro consiga que se aprueben estas medidas ante la Cámara de Diputados y el Senado Federal, el impacto en la vida de los familiares de los presos será grave. El endurecimiento de esas leyes aumentará la frecuencia en que las madres y las esposas viajan para las visitas, además de generar un aumento en el costo de los productos llevados por las familias como alimentos, cigarrillos y productos de higiene personal. Actualmente, los tres familiares incluidos en este reportaje gastan en promedio 324 dólares por mes con los desplazamientos”.[La aprobación de esas medidas] sería fatal para nuestra vida, terminaría con nuestras esperanzas de tenerlos en casa nuevamente”, revela Samara Soares, esposa de un detenido, que visita a su marido cada 15 días.

En la opinión de María, retirar los derechos de conmutación de pena y de las salidas temporales obstaculizaría bastante la reinserción de esas personas en la sociedad. “Sería una escuela del crimen. En el proceso de rehabilitación (salidas, reducción, etc.) ellos sienten seguridad para conseguir volver a la sociedad, se sienten confiados. La breve convivencia con el mundo aquí es el punto de partida que tal vez los haga evitar seguir una vida de crimen.

La conversación sobre cómo Brasil comete fracasos desde el punto de vista de la rehabilitación de los presos no es novedad. Muchos creen que dentro de una penitenciaría los detenidos viven en una especie de spa, pero es equivocado. En Sao Paulo, según datos del sitio de la Secretaría de Administración Penitenciaria (SAP), varias prisiones operan en el hacinamiento, que para Jair Bolsonaro es “problema del que cometió el crimen“.


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Para María, la declaración sobre el hacinamiento es completamente desafortunada. “El problema es de todos nosotros, un día ese detenido va a salir, ¿cierto? La sobrepoblación también provoca otros problemas como mala higiene, enfermedades, intolerancia, etc”.

Sin embargo, mucha gente acaba abrazando el discurso punitivo de Bolsonaro. “En particular, creo que la criminalidad ha crecido, pero con la tolerancia de aquellos que deberían combatirlo. Las personas que creen que las leyes deben ser más rígidas no tienen la mínima noción de lo que es el sistema carcelario, si conocieran de verdad entenderían que el sistema es fallido, retrógrado, sin el mínimo de condiciones para rehabilitar a los individuos. Es muy diferente de cómo lo pintan los medios”, cuenta Aline.

Otro punto de la campaña de Jair Bolsonaro defendía el hecho de que la población debe armarse para combatir el crimen; nuevamente, el presidente electo al parecer intentará eximir al Estado del fiasco en la política de seguridad pública del país. “Bolsonaro está atribuyendo su responsabilidad a la sociedad, y por otro lado, intenta justificar una eventual masacre en masa. Es un retroceso, no puedo imaginar esa situación”, dice Aline. Samara concuerda: “Esto no puede suceder nunca. Piensen en la desgracia que va a suscitarse, muchos inocentes van a morir”.

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Sin embargo, los familiares concuerdan en que alimentar un sistema fallido no parece una buena idea. “La dignidad humana debe ser establecida independientemente del juicio, acto, carácter o índole de la persona. Creo que el sistema penitenciario tiene que ser capaz de mejorar su eficacia, poniendo en práctica la buena organización y adopción de los principios que rigen la Ley”, explica María.

En el campo de las hipótesis, Aline cuestiona lo que el nuevo presidente podría hacer para llevar a cabo mejoras. “Yo haría de las prisiones un lugar digno, donde todos tuvieran un oficio y estudiaran. No colocaría juntos a los presos por la Ley María da Penha, comerciantes de objetos robados, y reos como traficantes, ladrones y asesinos, no por discriminación de las personas, sino por los crímenes. Hay mucho tiempo inactivo y ellos acaban saliendo peor que como entraron”. A estas ideas, Samara añade otro gran problema: “Me gustaría que impartieran un entrenamiento mejor a los agentes penitenciarios, para que tengan un poco más de educación con los familiares”.

Ignoramos si todas las propuestas de Bolsonaro serán aprobadas, pero a veces es valioso escuchar a quienes conocen los problemas de las cárceles. Después de todo, vale la pena recordar que la mala gestión de las prisiones y la idea de que los presos no tienen valor es un ambiente propicio para tragedias como la masacre de Carandiru.

*A petición de las entrevistadas, sus nombres fueron modificados.

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