“Puedo estar marihuano y nadie lo nota”: Confesiones de meseros


Artículo publicado por VICE México.

Creo que una de las posiciones más poderosas que existen sobre la faz de la tierra es la del mesero. Piénsenlo. Traen nuestra comida. Podrían fácilmente meterse en algún lugar del restaurante y envenenarla o hacer lo que sea con ella. Cambiar el queso. O, por ejemplo, si somos alérgicos a un alimento en específico, tienen nuestra vida en sus manos. Los respeto demasiado. Mi lema de vida es: nunca te metas con meseros.

Trabajé como mesero durante un viaje sabático, de esos que te das cuando no tienes ni la más mínima idea de qué hacer con tu vida —o eres millonario—. En mi caso no soy millonario. Tengo más deudas que amigos. Pero, en ese viaje por Latinoamérica, me quedé más tiempo del que pensaba en Lima, y me tocó hacer dinero en un restaurante italiano siguiendo la recomendación de un amigo alemán que conocí en un hostal. Fue un desastre, a la semana renuncié y no pude con la actitud de muchísimos de los comensales. Quería joderles la comida. Que no saliera bien. Me sentí mal recompensado.

Después de pensar en esto, decidí platicar con varios meseros sobre qué les gusta de su chamba, qué odian, las situaciones más extrañas en las que se han encontrado y más, lee sus historias abajo.



Mentalmente es un trabajo agotador

He trabajado atendiendo a personas en varios lugares: una librería, en una tienda de discos y luego como mesero. Mi experiencia ha sido relativamente satisfactoria, tengo suerte de que en este café se presentan muchas bandas en vivo y el ambiente sea más relajado que el de un restaurante más serio.

Quizás no mucha gente entiende esto: ser mesero es estar en un constante va y viene que se puede convertir en una molestia para tu bienestar. Tienes que tratar con personas hambrientas, que vienen de su trabajo o de tener problemas personales y a veces se les olvida que nosotros también somos humanos y tenemos vida propia. No perdonan un error, y a veces se siente como una especie de superioridad que quizás pueda percibirse como clasismo.

El servir comida históricamente ha sido considerado como un trabajo propio de la clase baja, cuando actualmente no es el caso. Miren a su alrededor, la gran mayoría de los meseros son jóvenes —al menos en las ciudades más grandes— que están buscando compaginar sus estudios o trabajos de medio tiempo con un empleo, y siento que la gente sigue asociando el ser meseros con un trabajo penoso.

—Alberto, 28 años, 2 años trabajando como mesero

El salario es terrible, las propinas son necesarias

Mi trabajo me gusta, aunque no quiero pasar mucho tiempo ejerciendo como mesera. Mi intención es terminar siendo jefe o gerente de cocina, pero es obligatorio pasar un tiempo atendiendo a la gente para entender cómo piensan y así gerenciar mucho mejor una cocina.

Estudié gastronomía, me tocó emigrar y siento que es una buena opción. Pienso que es necesaria. Lo que sí es terrible son los salarios, básicamente ganamos más con las propinas que nos dan a todos que con el salario base, aunque eso también depende de la antigüedad que tengamos. Ojalá no se necesitaran propinas y solamente se vieran como una manera de premiar el trabajo. Lastimosamente, en la gran mayoría de restaurantes, son la base del salario de los meseros. Los salarios son terribles, las propinas son necesarias, diría que vitales, y esta es la parte que a nosotros también nos incomoda.

—Valeria, 26 años, 8 meses trabajando como mesera



Es ideal para quienes estamos en situaciones migratorias irregulares

Probablemente esta información la sabe mucha gente, pero ser mesero es una de las chambas más fáciles para personas con situaciones migratorias irregulares. Está la parte no chida: no hay prestaciones, seguro y te pagan en efectivo. Y como realmente no tengo otra opción para hacer dinero —y muchos migrantes en Estados Unidos tampoco—, nos toca correr este riesgo.

Trabajo a deshoras, normalmente 12 al día. La paga es buena, y las propinas ayudan a que el salario sea a veces mayor que en trabajos legales. Las horas extras las pagan bastante bien, y por eso regularmente nos quedamos más en el restaurante. Vivo en una zona un poco racista, pero por suerte no he sufrido ningún tipo de racismo porque desde siempre he hablado inglés. Pero sé que algunos de los otros meseros latinos sí lo han vivido. Pienso seguir con esto hasta que se solucione mi situación migratoria.

—Andrés, 28 años, 4 meses trabajando como mesero

Puedo estar marihuano y nadie lo nota

Si trabajas como mesero la gente solo espera algo de ti: que traigas su comida y esté bien servida y sepa rico. No hay otro tipo de expectativa. Así que es un trabajo relativamente fácil en cuestiones motoras. Puedo estar marihuano y nadie lo nota —solo si la dominas—. Además de que es un trabajo repetitivo, no requiere cierta concentración como trabajar en un banco o algo así.

Si puedes anotar la orden y recordar los platos de comida de la gente, todo va a estar bien, o al menos así ha sido mi experiencia. Ningún cliente me ha preguntando o dicho algo, uso gotas para los ojos y siempre estoy sonriendo y más bien esto hace que me traten mejor y den buena propina. El secreto está en reír, relajarse y tratarlos chido, y no creo que haya algo mejor para esto que la mota.

—Miguel, 30, 2 años trabajando como mesero



El servicio al cliente es de los trabajos más difíciles que existen

Es muy cansado tener que trabajar en cualquier cosa que tenga que ver con “servicio al cliente”. Como en call centers y cosas así. Pero creo que nada podía haberme preparado para la putiza que significa ser mesero: deshoras, malas caras, malos tratos, mala paga. Esta chamba solo funciona si no tienes otra habilidad, tu papá es el dueño del restaurante o estás llegando a un país o ciudad nueva.

¿Conocen a alguien que ame ser mesero? Yo no, sinceramente. Quizás sí existan meseros que tienen 10 o 15 años en el mismo restaurant y que han desarrollado una relación amorosa, nostálgica con el lugar; pero creo que en el caso de los meseros jóvenes esto no sucede. Trabajar en “servicio al cliente” siempre será de los trabajos más tediosos, difíciles y peor pagados que existen.

—Carlos, 29 años, 11 meses trabajando como mesero

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