Así es como mirar una pantalla afecta al cerebro humano en desarrollo


Artículo publicado originalmente por Tonic Estados Unidos.

Muchos padres desean saber cuánto tiempo deberían pasar sus hijos frente a las pantallas de los diversos dispositivos, ya sean teléfonos inteligentes, tabletas o la TV. Por años, la Academia Americana de Pediatría había sugerido un límite de dos horas diarias de televisión para niños y adolescentes.

Pero después de que el tiempo de visualización de una pantalla comenzó a incluir teléfonos y tabletas, estas pautas requirieron de una actualización. Así que el año pasado, la Academia Americana de Pediatría cambió sus recomendaciones: no más de una hora de visualización de una pantalla para niños de 2 a 5 años; para niños mayores y adolescentes, hacen una advertencia contra pasar demasiado tiempo viendo una pantalla, pero no fijan un límite de tiempo específico.

Esto podría dar la idea de que los preescolares son los únicos que necesitan límites específicos para la visualización de una pantalla, con un monitoreo menos estricto para niños mayores y adolescentes. Luego, salió un estudio el año pasado que sugiere que el imperativo de monitorear el tiempo de visualización de una pantalla para los niños en edad preescolar puede ser exagerado. Sin embargo, una nueva investigación realizada por mí y mi coautor, Keith Campbell, cuestiona la idea de que un monitoreo menos estricto y las pautas flexibles sean el mejor enfoque.

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Este estudio no solo sugiere que los límites específicos para el tiempo de visualización de una pantalla están justificados para los niños en edad preescolar, sino que también justifica que haya restricciones del mismo tipo para niños en edad escolar y adolescentes. De hecho, los niños mayores y adolescentes pueden ser aún más vulnerables al tiempo excesivo de visualización de una pantalla.

Varios estudios han revelado que los niños y adolescentes que pasan más tiempo visualizando las diferentes pantallas son menos felices, más propensos a tener sobrepeso y están más deprimidos. Pero un estudio publicado el año pasado enturbió las aguas. Haciendo uso de una gran encuesta nacional realizada en Estados Unidos entre 2011 y 2012, se encontró poca asociación entre el tiempo frente a la pantalla y el bienestar entre los preescolares. Esto llevó a algunos a concluir que los límites de tiempo de visualización de una pantalla no eran importantes.

“Tal vez estás siendo demasiado estricto con el tiempo de visualización de pantalla de tus hijos”, sugería un titular. Sin embargo, este análisis tomó en cuenta solo cuatro elementos que medían el bienestar: la frecuencia con la que el niño era cariñoso, sonreía o reía, mostraba curiosidad y resiliencia, características que podrían describir a la gran mayoría de los niños en edad preescolar. Este estudio tampoco incluyó niños en edad escolar o adolescentes.

Afortunadamente, una versión de esa gran encuesta realizada en 2016 por la Oficina de Censos de los EU incluyó 19 mediciones diferentes de bienestar para los niños de hasta 17 años, lo que le brindó a los investigadores una visión más completa del bienestar en un rango de grupos de diferentes edades. En nuestro artículo recién publicado que utiliza esta encuesta ampliada, encontramos que los niños y adolescentes que pasaron más tiempo visualizando pantallas obtuvieron un puntaje más bajo en bienestar en 18 de los 19 indicadores.

Después de una hora de uso al día, los niños y adolescentes que pasaron más tiempo visualizando pantallas tenían menos bienestar psicológico: eran menos curiosos y se distraían más fácilmente, y tenían más dificultades para hacer amigos, manejar su enojo y terminar sus deberes y tareas. Los adolescentes que pasaron demasiado tiempo visualizando pantallas tenían el doble de probabilidades de ser diagnosticados con ansiedad o depresión.

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Eso es un problema, porque esta generación de adolescentes, a quienes llamo “iGen“, pasa una cantidad extraordinaria de tiempo frente a las pantallas (hasta nueve horas al día en promedio) y también es más propensa a sufrir depresión. De hecho, encontramos que el tiempo excesivo de visualización de pantalla esta fuertemente vinculado con un menor bienestar en los adolescentes más que en los niños más pequeños.

Eso podría deberse a que los niños pasan más tiempo en la pantalla viendo programas de televisión y videos. Este tipo de uso de pantalla no está tan fuertemente vinculado a un nivel bajo de bienestar como lo están las redes sociales, los juegos electrónicos y los teléfonos inteligentes, que es lo que más usan los adolescentes. Estos resultados sugieren que son los adolescentes, no los niños pequeños, los que más necesitan límites en el tiempo de visualización de una pantalla.

Esta investigación es correlacional. En otras palabras, no está claro si más tiempo de visualización de pantalla conduce a que haya depresión y ansiedad, o si es más probable que una persona deprimida o ansiosa pase más tiempo delante de una pantalla. De cualquier manera, el tiempo de visualización excesivo de pantalla es una posible señal de alerta para la ansiedad, la depresión y los problemas de atención entre niños y adolescentes.

Si tenemos incluso la más ligera sospecha de que un tiempo mayor de visualización de pantalla se relaciona con el padecimiento de depresión y un menor bienestar, como lo demuestran varios estudios longitudinales, tiene sentido hablar de límites. En este momento, la Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que el tiempo de visualización de pantalla de los niños en edad escolar y los adolescentes no interfiera con sus horas de sueño, sus actividades extracurriculares o sus tareas. Los padres deberían sumar la cantidad de tiempo que los adolescentes dedican a estas otras actividades, dicen, y lo que reste de tiempo después de eso, lo podrían pasar frente a una pantalla.

Esta sugerencia es problemática por varias razones. Primero, ¿cómo se puede esperar que un padre calcule, cada día, cuántas horas dedican sus hijos a estas actividades? ¿Qué pasa con el cambio de horarios y los fines de semana?

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Segundo, impone pocos límites a los adolescentes que no dedican mucho tiempo a sus tareas u otras actividades, e incluso podría motivar a los niños a abandonar esas otras actividades si creen que eso podría significar más tiempo, por ejemplo, jugando videojuegos.

Incluso si las horas de sueño y de actividades extras no se ven afectadas, es seguro decir que no es saludable jugar Fortnite durante ocho horas al día o revisar las redes sociales en cada momento libre. Los padres necesitan consejos claros, y los límites específicos de tiempo de visualización de pantalla son la forma más sencilla de proporcionarlos.

Las investigaciones con respecto al bienestar, incluido este nuevo estudio, apuntan a un límite de aproximadamente dos horas diarias de tiempo libre frente a una pantalla, sin contar el tiempo dedicado a los trabajos escolares. En mi opinión, la Academia Estadounidense de Pediatría debería ampliar su recomendación de límites de tiempo frente a la pantalla a niños en edad escolar y adolescentes, dejando claro que dos horas al día es una guía con flexibilidad para circunstancias especiales. Algunos padres pueden querer establecer un límite de una hora, pero dos horas parecen más realistas como guía general dado el uso actual que tiene las pantallas.

Dos horas al día también permiten que los niños y adolescentes gocen de muchos de los beneficios del tiempo frente a la pantalla: hacer planes con amigos, ver videos educativos y mantenerse en contacto con la familia, sin dejar fuera el tiempo para otras actividades que brindan un impulso al bienestar, como dormir, interactuar socialmente cara a cara y hacer ejercicio. La tecnología llegó para quedarse; pero los padres no tienen porqué permitir que domine las vidas de sus hijos.

The Conversation

Jean Twenge es profesor de psicología en la Universidad Estatal de San Diego. Este artículo se ha tomado de The Conversation bajo una licencia de Creative Commons. Lee el artículo original aquí.

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