Mocos, braguetas y caricaturas: el plus libertad de expresión cuando tratamos asuntos públicos


Acabo de leer la noticia sobre la indemnización de SETENTA MIL EUROS que recibirá Irene Montero por este poema:

“Cuentan que en España un rey/ De apetitos inconstantes/ Cuyo capricho era ley/ Enviaba a sus amantes/ A ser de un convento grey./ Hoy los tiempos han cambiado/ Y el amado timonel/ En cuanto las ha dejado/ No van a un convento cruel/ Sino a un escaño elevado./ La diputada Montero/ expareja del ‘coleta’/ ya no está en el candelero/ por una inqueta bragueta/. Va con Tania al gallinero”.

La cuantía me ha dejado de piedra, pues en los casos más graves de acoso laboral que he visto (donde el trabajador se ha tirado un año de baja por el terrible sufrimiento emocional derivado del maltrato) la indemnización nunca ha superado los quince mil o como mucho veinte mil euros. Y eran casos donde el daño tangible conforme a un parámetro tan claro como la enfermedad.

Pero, siendo sincero, la condena en sí me ha parecido injusta. El texto denuncia que las parejas de Iglesias, gracias a su endogámica y omnímoda influencia, ascienden en el partido. Es una crítica política legítima (aunque las formas puedan ser groseras). Y no tiene por qué ser machismo, pues el enchufe de las parejas es una triste práctica que ejecutan por igual hombres y mujeres (conozco a varios novios y esposos de mujeres poderosas que han trepado gracias a su relación).

En el texto no hay insultos desnudos, sólo ironía con un toque algo chabacano. Igual que en las portadas de El Jueves donde miembros de la saga borbónica realizan el coito y, a través de esa sátira, se destacan sus defectos (inutilidad, parasitismo, vicios carnales, amor por la succión de dinero público…). Igual que en los mocos de Dani Mateo sobre la bandera española. Igual que en los Cristos vestidos de drag queen. Es LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

Y la libertad de expresión, como viene diciendo el Tribunal Constitucional, resulta especialmente amplia cuando se proyecta sobre los asuntos públicos. Tenemos un plus de libertad cuando hablamos de política y criticamos a sus protagonistas, y ello por cuanto el ciudadano nunca debe sentirse coartado a la hora de denunciar las miserias de sus representantes y del resto de personajes públicos. Es tremendamente sano, representa un flujo de ideas clave para que las conciencias se formen, y por tanto no debe tener más restricciones que la prohibición del insulto desnudo (llamar “cerdo cabrón” a alguien es innecesario para criticarle y representa un claro ataque a su honor).

Pienso que Irene Montero ha gozado del enchufe de Iglesias. Igual que el marido de Cospedal se ha beneficiado de la influencia de su mujer, e igual que cientos de parejas poderosas han enchufado al cónyuge por ser él. Y tengo derecho a decirlo, sea en prosa o en verso. Igual que tengo derecho a dibujar a un banquero sodomizando a un magistrado del Tribunal Supremo tras su última sentencia. Es el debate público libre que debe caracterizar a toda democracia. Soltar setenta mil euros por un poema o ir a la cárcel por un rap. es propio de otros regímenes, y atemoriza a quienes quieren denunciar lo que no les parece justo. Y sin esa libertad para denunciar, sólo nos quedan las mordazas (que no por ser políticamente correctas resultan menos infames).

etiquetas: artículo

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