Por fin escribí la carta que debí haberles enviado a todos mis ex


Artículo publicado por VICE Colombia.


He decidido escribirle una pequeña carta a los amores que se fueron y me hicieron sufrir. He querido decirles lo que no les dije. Supongo que lo que escribo se parece mucho a lo que ustedes alguna vez no les dijeron a sus amantes, a sus novios no enamorados, a ese que desapareció. Porque sí, supongo también que hay algo universal y humano en la manera en que vivimos el abandono, en la manera en la que nos narramos las historias del fracaso amoroso más apegado al artificio y a la novela que al verdadero recuento de los hechos.

Querido J:
Me quedé con las llaves de tu casa, esas que me diste a semanas de conocerme. Mientras para ti no eran más que unas dentadas láminas metálicas que hacían más sencilla la logística amorosa, para mí significaban el acceso a una intimidad posible contigo, un paso más cerca al mundo que se tejía entre tu cama y tu baño, entre tu cocina y el mantel de la mesa del comedor. Por qué me diste las malditas llaves. Sin ellas en mi bolsillo yo me habría dado menos permiso de amarte. Me habría equivocado tal vez de puerta y te habría sido menos fiel. Pero me las diste, me las diste temprano y sin titubear y entonces pensé que estabas dispuesto. No le des las llaves a nadie, mejor no se las des. Las llaves de una casa en una historia amorosa son todo menos las llaves de la puerta de una casa.

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Querido R:
Me partiste el corazón y no te lo dije. Te dejé ir suavemente como si el peso de tu vida en mi vida fuera ligero. Pero no lo fuiste, pesas aún en mis días. Te dejé ir sin decir nada, te hice pensar que no importabas porque si no lo hacía así, sabía que nunca ibas a irte. Me partiste el corazón porque nunca fuiste exactamente lo que soñé y a pesar de tu bondad y tu disposición nunca lograste seducir (¿domar?) mi ego, mi vanidad, mi ambición. Me partiste el corazón porque quise con todas mis fuerzas enamorarme de ti, pero no, no lo conseguiste.

Para G, (sin el querido):
Me enamoré de ti en un instante, entraste a la casa de una amiga a alimentar una tortuga que ella tenía de mascota y en ese mismo instante supe lo fatídico de nuestro encuentro. Luego me dejaste solo porque yo ya te había dejado cinco veces. Me dejaste porque yo fui la más fuerte, la que estaba dispuesta a transformar el mundo para que este amor cupiera, tú tenías pereza, y preferías que el mundo se echara a perder. Me dejaste porque por fin entendiste que las maneras de tu amor nunca me iban a hacer feliz y decidiste que no podías cargar con otro fracaso. Lo peor de tu abandono, sin embargo, es que me dejaste abierta, vulnerable, enternecida y lista para que llegara otro a enamorarme.

Querido JM
A ti nunca te dije que estuve muerta de miedo desde el principio. Nunca supiste quién era en verdad esta ‘Chica Polvo’ porque decidí esconderme, tratarte con distancia, borrarte, bloquearte, no llamarte, no contestarte. Me parecías demasiado, al punto de dudar si yo estaba a tu altura, pero sobre todo, creía que tú no parecías listo para el amor y que lo que necesitabas era una mujer ruda, independiente, poco romántica y muy segura de sí que te diera la certeza de que ese peligro de enredarte en una relación amorosa no lo corrías conmigo. Por eso cuando me reclamaste al final, cuando ya te estabas yendo, que por qué te había convertido en mi ocasional compañero de fin de semana, me quedé conmovida. Triste. Había jugado tu juego, pero tú también estabas jugando con miedo, jugabas a defenderte, a borrarme, a bloquearme, a no llamarme, porque pensabas que yo no estaba lista para el amor. No pudimos ninguno de los dos con el miedo.

Estimado y casi olvidado A:
Tú eras el rompecorazones profesional, el chacho, el cantante de la banda. A ti solo voy a darte las gracias porque tú me enseñaste a que en el amor todos somos delincuentes: a todos nos han robado, todos hemos robado o robaremos. Cómo reclamar justicia si todos, sin excepción, hemos roto un corazón. Lo hiciste bien, después de tu paso por mi vida tuve un poco menos de culpa cuando no me enamoré.

Amado C
A ti lo que no te puedo perdonar es que hayas decidido no solo abandonarme sino eliminarme, no hablarme nunca más y obligarme a tu silencio. Me castigas todos los días con tu apatía como si el delito del abandono amoroso no prescribiera. Tu falta de interés me duele casi más que tu falta de amor. Hacerme una extraña es tu mayor traición, la ruta más efectiva para hacerme ver qué poco signifiqué en tu vida. Vuelve a mí de alguna manera. Quisiera importarte. Fantaseo que nos encontramos de nuevo en la calle y te tambaleas por dentro al verme. Quisiera que me espiaras en Instagram y me vieras triunfar. Pero sé que me olvidaste, porque como los romances que no se convierten en amor, fui pasajera, prescindible, insignificante. No puedo con eso, como me gustaría equivocarme y que alguna vez me mandaras una de esas cartas que nunca te atreviste a enviar.

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