Hablamos con dos CSI mexicanos


Si algún día te suicidas, te asesinan a balazos, te roban tu hogar o intentan matarte a puñaladas, un equipo de investigadores de la escena del crimen, también llamados CSI ―Crime Scene Investigation,―, hará presencia en el lugar de los hechos con la finalidad de recabar pruebas físicas que relaten y expliquen científicamente lo sucedido.

Estos personajes forenses son aquellos que miras en las noticias y series de televisión ―portando un cubre bocas y un traje blanco que los cubre de pies a cabeza― localizando huellas dactilares, fotografiando evidencias físicas, estableciendo la trayectoria de una bala desde su origen hasta su impacto y recorriendo con una lámpara de luz azul un colchón en búsqueda de semen, saliva y sangre. Debido al anonimato con que suelen presentarse públicamente estos investigadores decidimos platicar con dos agentes de la Procuraduría General de Justicia de Baja California para conocer sus experiencias dentro de esta labor que con la implementación del Sistema de Justicia Penal Acusatorio en México, se ha ido profesionalizando y visibilizando.

Claudia Romo

VICE: ¿Cómo te conviertes en CSI?
Claudia Romo: Estudié odontólogía y al terminar quise conocer otro ámbito que no fuera el de la práctica privada. Supe que en servicios periciales de la procuraduría de justicia en Tijuana podía realizar odontogramas a cadáveres para identificación posmortem. Apliqué al trabajo y me aceptaron. Me inicié en el área de AFIS ―Automated Fingerprint Identification System ― y con el tiempo recibí capacitación como CSI para el procesamiento de escenas del crimen. No era mi sueño trabajar con cadáveres pero es divertido e interesante. Estoy adscrita al área de criminalística de campo, acudo a la escena del crimen a procesar un robo, un homicidio o una persona lesionada.

¿Llegas a una escena del crimen y qué pasa?
Llego al área con mi traje de bioseguridad colocado y me entrevisto con el policía ministerial que me dará acceso a la escena. Verifico el acordonamiento y lo amplío o disminuyo según sea el caso. Observo el área en busca de un indicio que me dé pistas y me relate qué fue lo que sucedió en la escena. Señalizo los indicios que pueden ser: una prenda, un vestigio, una mancha que parece sangre sobre el sillón, una lata de cerveza a medio terminar o una cartulina [con un narcomensaje]; siempre en busca de huellas y detalles. Después fotografío cada indicio para ubicarlo topográficamente ya que podría necesitarse para recrear la escena. Una vez que trabajé con los indicios procedo a trabajar con el cuerpo, todo depende de si la escena es en la vía pública o en un lugar cerrado, de si hay personas que transitan por el área o no. Al final los indicio se remiten al laboratorio y el cuerpo a SEMEFO.

¿Puedes compartir la escena del crimen que mayor impacto te ha provocado?
Me tocó el caso de una persona que fue atacada en la calle con bastantes disparos, más de 50 balazos. El cuerpo quedó bastante deteriorado por la violencia ejercida por el arma de fuego; había desprendimiento de piel, de carne, desfiguración de la cara; una imagen muy cruda, era como carne molida, la gente que pasaba se asustaba. En ese tipo de escenas piensa: “¿Qué me hubiera pasado de haber estado ahí en el momento del ataque?” Este trabajo impone y te lleva a pensar que esa persona minutos atrás tenía una vida, una familia. Lo único que queda es tratar de recabar información para darle justicia a esa persona.

¿Qué miedos te han surgido a partir de tu trabajo como procesadora de escenas del crimen?
Me da miedo la tortura, el abuso sexual, pero el miedo más grande es que me desaparezcan. Que me maten y que jamás encuentre mi familia mi cuerpo; pensar que mi mamá no tendrá un cuerpo del cual despedirse, que no sabrá nunca qué pasó conmigo por la falta de certeza y que vivirá sin poder cerrar [el duelo]. Sé de casos en los que pasan los años y las personas siguen desaparecidas y sus familiares preguntándose qué pasó realmente. En una ocasión llegamos a una casa en donde se presentó una supuesta privación de la libertad. Las identificaciones y pertenencias del propietario estaban en orden y la televisión perdida como si la persona estuviera presente. Realicé una fijación fotográfica y una recolección de objetos: hallé dos cinchos tirados que presumen que la persona fue sometida. La familia jamás supo qué pasó con esa persona.

Me han comentado que el olor a putrefacción de un cadáver llega a ser tan fuerte que optan por orinarse en un trapo para cubrir su nariz y soportar. ¿Es cierto?
No he llegado a ese punto pero hace unas semanas un policía ministerial me ofreció Vicks VapoRub ―pomada de mentol y eucalipto― para ponerme en la nariz, pero salió contraproducente porque me ardieron los ojos, aunque honestamente sí disminuyó el aroma del cadáver. Para ese tipo de casos usamos el teletubi ―traje de protección― y mascarillas anti-putrefacción, aunque cuando el calor del desierto está a más de 50 grados es asfixiante y uno prefiere soportar el olor. No faltará quien haga reflejo de arqueo ―vómito― o tenga estómago de acero porque con los años se curte.

¿Te da momentos de satisfacción tu trabajo?
Sí, por ejemplo, he podido darle nombre a cuerpos a partir de sus huellas dactilares con lo cual su familia ha podido reclamarlos; eso me da satisfacción, darle justicia a las personas y a la sociedad. En el caso de los robos, a partir de la búsqueda de huellas he logrado que las víctimas obtengan una remuneración económica por el daño.

¿Ha cambiado tu cotidianidad ahora que trabajas como CSI?
Ha cambiado todo, en mi casa siempre estoy encerrada; tengo una puerta de acero con muchos candados, aparte de cerco y rejas. Trato de no visitar ciertas zonas de la ciudad y cuando voy a un centro comercial y voy de regreso al auto siempre traigo las llaves en la mano para no tener que buscarlas en el bolso estando sola afuera del auto. Son pequeñas cosas pero después de que ver tanto robo y homicidio trato de ser más precavida. Aparte me he vuelto más firme y fría con respecto a la muerte.

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Héctor Ayala

VICE: ¿Cuáles son los ejercicios básicos para procesar una escena del crimen?
Héctor Ayala: Realizar un mapa aéreo de los elementos importantes de la escena, si es una casa o un cuarto; en qué lugar estaba localizado el cuerpo o los cuerpos y en qué lugar los indicios físicos para que el juez o el ministerio público que lea el informe sepa cómo era la escena. Para esto nos valemos de lo escrito, lo fotográfico y la muestra de evidencias. Nuestra función principal es auxiliar al ministerio público en la escena del crimen, solamente acudimos bajo su solicitud. Si una persona de 80 años fallece mientras duerme y la familia muestra documentos clínicos que explican que estaba enferma lo más probable es que no seamos requeridos, pero si en una reunión familiar explota un tanque de gas y hay muertos sí se nos llamará porque es un hecho violento, es decir, ajeno a la causas naturales de muerte de una persona. En este caso se nos pedirá que expliquemos pericialmente cómo es que pasó y que confirmemos científicamente que el tanque fue lo que provocó las muertes; obviamente se determinará con la participación también de otros expertos como un médico legista y bomberos.

¿Cómo fueron esas primeras experiencias con la muerte?
En ocho años de trabajo he visto más de 800 muertos. Mis papás son médicos y mis primeras experiencias con la muerte fueron normales, atípicas diría yo ya que nunca me provocaron conflicto. Soy psicólogo y en la clase de psicofisiología el maestro tenía un cerebro y me acostumbré a ver ese tipo de imágenes. En este trabajo inicié un jueves y el sábado ya estaba en SEMEFO manipulando la mano de un cuerpo al que había que tomarle fotografías. Solamente una vez me he sentido incomodo emocionalmente al trabajar con un cuerpo.

¿Qué provocó esa incomodidad emocional?
Al trabajar una escena trato de que mi cerebro utilice la parte científica. Me concentro en la trayectoria que siguió una bala, en cuántas entraron y cuántas salieron del cuerpo, en si la cantidad de orificios corresponde con la cantidad de casquillos tirados. Siempre dejando a un lado las emociones, pero esa vez las me desconcerté porque se trataba de un bebé; aclaro que ya había trabajado con cuerpos de niños y no había sentido incomodidad, hasta que tuve un hijo que en aquel momento tenía año y medio, la misma edad del niño del que hablo. Me acerqué a la plancha, levanté la sábana, vi el cuerpo y me frené, me costó trabajo continuar, sentí compasión, tristeza y me pregunté: “¿Por qué se murió si le quedaba una vida por delante? Sólo pude despedirme diciéndole: “Vas a estar bien a donde quiera que vayas”. Respiré profundamente y durante un minuto trabajé mis emociones. Luego seguí en la búsqueda de fenómenos cadavéricos que aparecen después de la muerte y que se asocian a distintos tipos de ahogamiento y que pueden o no coincidir con la que se presume fue su muerte; ese niño había muerto ahogado al caer a una cubeta de agua pero podría haber tenido marcas en el cuello de ahorcamiento. Yo no determino ni supongo nada, solamente trabajo con indicios físicos que demuestro científicamente.

¿Cómo ha cambiado tu concepción de la vida este trabajo?
En ocasiones las jornadas laborales son de más de 24 horas y llega un momento en que el cansancio se comienza a sentir, como es normal, y es cuando reflexiono y pienso que soy yo quien está procesando la escena del crimen y no me están procesando a mí; afortunadamente no soy el cuerpo tirado en el pavimento al que su familia trata de abrazar. Por eso cuando llego a casa y veo a mi familia agradezco poder aprovechar esos momentos junto a ellos. A diferencia de otros servidores públicos nosotros tenemos menos tiempo libre para poder estar con la familia, tenemos hora de entrada pero no de salida ya que en ocasiones trabajamos hasta 40 horas seguidas procesando una escena; porque quien la inicia la termina, nada de que se acabó mi turno y después continuo.

Háblanos de los suicidios en los que has trabajado la escena. ¿Cuáles son los típicos y cuáles los atípicos?
En los suicidios por arma de fuego los típicos serían por disparo en la sien y los atípicos aquellos en que una persona se mete el cañón de una escopeta en la boca y atraviesa el gatillo con un palo para accionarlo con los pies, eso es algo singular. En el caso de los suicidios por ahorcamiento están las personas que se suben a un bote o una silla de la cual se avientan para que el peso del cuerpo los ahorque, eso sería lo típico. Pero también me ha tocado casos en donde el suicida está semidesnudo y tiene cuerdas y bandas de auto enredadas en el cuerpo; uno sabe que eso no es algo común. Esta escena que describo, luego de revisarla con minuciosidad, la investigué en internet en cuanto al porqué de los amarres. Supe que ese tipo de suicidios tiene connotación sexual, es decir, la persona se estaba auto-infligiendo placer mediante la asfixia ―la falta de oxígeno potencia el orgasmo debido a una liberación de adrenalina― y por accidente se ahorcó. Si te cortas el oxígeno repentinamente el cerebro manda la orden de solamente dejar trabajando las funciones básicas como respirar, pero corta las funciones de movimiento; la persona tal vez quiera levantarse pero el cerebro ya no puede mandar la señal de movimiento y mueres asfixiado poco a poco.

En el caso de las escenas de asesinato por arma de fuego, ¿cuáles serían las típicas y atípicas?
Una escena típica: la persona tiene dos disparos y hay dos casquillos, listo. Pero hay momentos en que te vas de la escena con dudas porque el número de casquillos no corresponde con el número de impactos en la persona y esto puede ser por varias razones: se utilizó un revolver y una escuadra, un familiar llegó a la escena y pateó un casquillo y se perdió, el asesino juntó dos pero olvidó uno; si era en la calle, un auto pasó y se llevó en el dibujo de la llanta un casquillo. Son muchas las variables por las que puede haber una escena atípica. A veces no queda claro por dónde entraron a la casa ni tampoco si era uno o varios los homicidas; y para eso habrá que documentar una mesa que tiene vasos con cerveza y restos de saliva [la cual ayudará a detectar el grupo sanguíneo de cada persona]. Todo esto servirá para que en su momento junto con las declaraciones y el trabajo ministerial, el ministerio público pueda atar cabos y reunir elementos que irán armando un caso.

¿Cuál es la importancia de tu trabajo en el Nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio?
En el Nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio tomó fuerza la prueba física pericial. Antes si una persona se declaraba culpable de un homicidio era suficiente para que el caso se cerrara. Ahora hay que demostrarlo, ya no basta con una confesión sino que hay que buscar los indicios físicos que corroboren que tuvo participación; porque puede tratarse de una mamá que está echándose la culpa de su hijo. Nuestro trabajo se ha vuelto más observable por la ciudadanía, por el ministerio público y por la defensa. Antes solamente emitías un dictamen y un informe, que era lo que realmente valía. Todavía se emite un informe pero tu trabajo termina cuando participas en el juicio y desahogas lo que el informe dice. En un juicio ya no basta con decir: “Ratifico lo que está en el dictamen”. Ahora habrá alguien que te contradiga, en este caso el abogado defensor, por eso son juicios orales. Siempre habrá alguien que pueda contradecir lo que declaras ya que de esa manera surgirá la verdad.

Supongo que ves los programas de televisión tipo CSI con una mirada distinta. ¿Qué dirías que es falso y qué es verdad?
Lo de las huellas es verdadero. Digamos que hay un asesinado dentro de una casa. Es posible que el criminal haya dejado una huella en una caja de pizza que está sobre la mesa. A partir de esa huella se puede ligar a una persona, que no precisamente establece que fue el asesino pero sí que estuvo en la escena; tendrá que explicar por qué su huella está en la caja. También es cierto que los criminales limpian con cloro o algún otro químico la sangre de las escenas y hasta pintan las paredes donde quedó salpicada. Pero también es verdad que si vamos a la escena y aplicamos ciertos químicos y reactivos podremos visibilizar la sangre que trató de borrarse y con ello extraer el perfil genético y saber a quién pertenecía dicha sangre.

Lamentablemente también es verdadero es que si el criminal utilizó guantes no dejará huellas excepto de la textura de los guantes y eso puede ser frustrante ya que será muy difícil ligar las huellas de un guante a alguien en concreto. Las huellas se encuentran utilizando con polvo negro en superficies fijas, no porosas, como vasos, cristales, espejos.

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