Coca, vómito y llanto: Testimonios de personas que trabajan en baños de la CDMX


Artículo publicado por VICE México.

Tú los conoces. Son quienes te acercan papel higiénico apenas te ven; quienes te salvan con un peine o una pastilla de menta cuando más los necesitas; quienes cuando estés pasado de copas y te mires en el espejo te preguntarán si “¿Todo bien?”. Son los vigilantes, encargados del mantenimiento y custodios silenciosos a los que todos ven, pero a los que casi nadie observa.

Hacerse cargo de un sanitario y todo lo que esto significa no es algo que alguien de forma voluntaria haga con tanto gusto. No sólo implica volverse agente de limpieza, sino también de orden, hacerla de consejero del corazón, de surtidor de frituras, chocolates y chicles a medianoche.

Después de imaginar todas las situaciones por las que deben pasar, decidimos hablar con algunos de ellos para que nos contaran un poco de cómo transcurre su vida —de lunes a viernes, o sólo en fines de semana—, mientras todos están de fiesta afuera.


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En fines de semana el servicio termina a las cinco o cinco y media de la madrugada y siempre tengo que esperarme a que abra el metro para poder irme. Vivo en Azcapotzalco —a unos 40 minutos de distancia del sitio—.

El trabajo no se me dificulta porque estoy acostumbrada a la limpieza, pero no me gusta que las señoras sean desconsideradas y no me dejen nada. Me da mucha pena tener que pedirles monedas, pero pues este es mi trabajo.


Valentín Soria

Cervecería de Barrio

Yo he visto de todo. Como me toca atender a hombres y a mujeres, puedo decir que a veces escucho y presencio tantas cosas y tan locas, que me saturo y prefiero no poner atención a nada. Hay días en que tengo mucho tiempo libre y casi no hay gente en el restaurante y otros en los que no me doy abasto. Pero siempre escucho historias.


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De lo que me he dado cuenta es que el baño es un lugar que, además de servir para nuestras necesidades fisiológicas, también es un sitio donde todos se reconfortan. O por lo menos intentan que así sea. Aquí vienen a chillar, a hablar por teléfono con gente a la que quieren, a mentarle la madre a sus novios cuando tienen unas copas de más, a platicar conmigo. Muchos vienen y se quedan contándome sus cosas. Todos tenemos que desahogarnos en algún momento.

Llevo dos años en esto y sí me gusta. Como le decía, a veces me saturo un poco por todo lo que pasa, pero siempre aprendo cosas. Por lo menos, a saber escuchar a los demás.

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