Bob Esponja definió políticamente a los Millenial y la Generación Z


Artículo publicado por VICE México.

Comencé a ver Bob Esponja cuando tenía 7 años. Como natural millenial y la generación Z que me precede, crecí viendo las aventuras de una esponja que vive en el fondo del mar. Hoy, un día después de que falleció Stephen Hillenburg, creador del programa, me doy cuenta de que, desde hace años, Bob Esponja dejó de ser una caricatura.

En algún extraño momento, entre el piloto y la doceava temporada en la que actualmente se encuentra, Bob Esponja —es imposible decirlo sin sonar ridículo—, hizo que todos conociéramos las bases de la inocencia infantil ancladas de la mano de poderosas lecciones morales con las que operamos hoy en día. Nunca hay que dar por sentado la influencia que tuvieron las caricaturas que vimos sobre nosotros. Sin ánimos de dar demasiado crédito, pero honrando el legado de Hillenburg, parece innegable conceder que esta caricatura representó la pluralidad de pensamiento, especie, género y maneras de ser a la perfección. Y eso, sin duda, se quedó con nosotros.

La vitalidad política de Bob Esponja radica en su representación de lo diferente, lo atípico y subnormal, no dentro de las aventuras que tenían los personajes principales, sino dentro de cómo pensaban y operaban cada uno de ellos. Recuerdo que una vieja teoría, cuando iba en la primaria, decía que cada uno de los personajes principales era un pecado capital: Plankton y su envidia, Don Cangrejo la avaricia, Arenita el orgullo, Bob Esponja la lujuria, Patricio la pereza, Calamardo la ira y Gary la Gula. Desconozco si, como tal, esto era verdad desde el buró de los escritores, pero de ser así estaría lejos de ser una mala noticia. Porque, en cualquier caso, haría al programa aún más impresionante de lo que parece con un simple esbozo. Lejos de ser una reivindicación, defensa o apología de dichas características de personalidad, sin usar el término cristiano de “pecado”, muestra cómo estos personajes íntimamente fallidos desde su propia psique logran salir adelante, una y otra vez, sobreponiéndose a sí mismos.

En el impresionante sentido de comunidad que permea en el Fondo de Bikini subyace una lección que tal vez todos aún no terminamos de aprender: está bien tener errores, graves, está bien no acertar a la primera, está bien ser inseguros, porque de la mano de los demás puedes superarte. Cada uno de los personajes, al menos durante los 5 años que vi con fervor la caricatura, se enfrentan en conjunto a los demonios que acechan cada una de sus personalidades. Seguido en equipo, pero en el momento de la verdad, solos para poder reconocer en qué momento se estaban fallando a sí mismos y a los demás. Poniendo por ejemplo, el capítulo donde Bob descubre que es gracioso romperse los pantalones para darle risa a los demás. Exprime el chiste al grado de fingir su muerte para encontrar que en algún punto había dejado de ser gracioso. En ese momento la escena se vuelve clara: Bob se queda solo en la playa. Postrado frente al peso de la soledad se da cuenta de una valiosa lección moral: no hay que vivir en la búsqueda de agradar a los demás y tampoco es necesario ser el centro de atención para ser apreciado. Después de eso regresa con Arenita y solamente reparando este error llega a la conclusión de que la amistad no es una competencia ni un concurso de popularidad. De cierta manera, Bob Esponja, desde uno de los primeros capítulos estaba preparando a los niños a los retos que la adolescencia presentaría pocos años después.

Desde los primeros capítulos de la caricatura queda claro que incluso hasta el villano Plankton es capaz de merecer perdón y, tiempo después, redención. El vistazo que da la caricatura frente a la comprensión de que todos tienen sus propios problemas, amplió de manera irreparable el concepto de entendimiento a lo extraño que, tal vez, generaciones anteriores no abrazaban por completo. La inclusión es un eje central de la narrativa del programa y, ahora, que tanto generación Z como millenial somos parte de una fuerza política viva e importante, a tan sólo unos años de tener los cargos más importantes de decisión política del mundo, hemos adoptado esos mismos valores —al menos en grandes mayorías, quiero creer— como el valuarte de las cosas que realmente importan para el planeta.

En Bob Esponja hay lecciones de ecología, economía, salud, bienestar físico, emocional y más. Sería demasiado obviar la concordancia entre lo que presentaron con el compás político o moral que manejamos, pero negar que no haya una relación entre ambos también sería demasiado. Ayer murió Stephen Hillenburg, creador de la caricatura más importante de los últimos 20 años. Su legado, a través de nosotros, los memes y los chistes inocentes, es inmortal.


Sergio vive en una piña debajo del mar en Instagram.

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