De la marginalidad a la fama: el presente de la champeta según El Rey de Rocha


Artículo publicado por VICE Colombia.


En muchas partes del país, lejos de la costa y del constante burbujeo sonoro de Cartagena, muchos ignoramos que la champeta tiene más de 30 años de existencia. Sabemos de El Sayayín y sabemos ahora de los nuevos como Mr. Black o Kevin Flórez, pero de todo lo que ha pasado en la mitad, o incluso antes, conocemos apenas fragmentos.

Leonardo Iriarte ha estado ahí en todo. Él es una de las casi 50 personas de la familia Iriarte que hacen parte de El Rey de Rocha, el picó más famoso de Cartagena que ha ido creciendo a la par con la champeta. Él ha visto y hecho parte de un legado larguísimo de cantantes y fiestas de champeta que inició, en parte, gracias a su mamá.

Entonces vivían en Rocha, una comunidad rural de Cartagena, y su mamá, para amenizar y aumentar su venta de cerveza, compró dos cajas de música, dos bafles, que venían contramarcadas con el nombre “El Rey de Reyes”. Pronto el nombre cambiaría al que hoy reconocen todos los cartageneros: “El Rey de Rocha”. De Rocha la familia se fue para Cartagena y empezaron a competir con los otros picós que había en la ciudad. Un apoyo masivo de la gente de Rocha, sumado al oído de los hermanos Iriarte que compraban los LP, Noraldo y Leonardo, le fueron dando popularidad a El Rey de Rocha hasta convertirse en lo que es hoy: el picó que llena calles de barrios, Plazas de Toros y teatros.

Desde entonces, El Rey de Rocha, que desde hace 15 años es también una productora, lleva más de 30 años viendo crecer a artistas en su propio escenario: Luis Tower, Charles King, El Sayayín, El Afinaíto, Mr Black. También ha sido testigo de las críticas que le caen a la champeta y de los momentos por los que ha atravesado. Desde el rechazo por considerarlo un ritmo vulgar que se bailaba en los barrios marginados, pasando por la vez que un concejal quiso censurarla, hasta su renovada popularidad en los últimos años.

La fuerza de la champeta en tiempos recientes, encabezada por canciones como “El serrucho” y “La invité a bailar”, es producto de un nuevo sonido que se ha conocido como la “champeta urbana” y que, a su vez, se ha acompañado de una nueva estética en la que los artistas le apuntan a un look “más internacional” y las productoras a videos más producidos. El Rey de Rocha es uno de los que le han apostado a esas nuevas formas del ritmo.

“Ahora lo que se mira más es un tema comercial, que de pronto vaya a pegar y se aparte un poco de lo ofensivo. Hace muchos años la champeta, como el reggaeton, tenía mucha cosa vulgar y siempre fue señalada. Ahora lo que tenemos en cuenta es que la canción vaya a pegar, que sea comercial y que no tenga el manejo eso de lo vulgar”, dice Leonardo Iriarte sobre el trabajo de producción que hacen con El Rey de Rocha.

Sin embargo, esa reinvención del género también ha sido criticada por algunos que consideran que la champeta ha sacrificado aspectos de su propia identidad con el fin de llegarle a otros públicos y ser más comercial.

“Creo que los productores necesitaban elevar las ventas de su discografía, pero en vez de tonificar la champeta criolla con mejores composiciones, cantantes y arreglos, se les ocurrió suplantarla con una sonoridad que nada tiene que ver con ella”, dice Rubén Darío Álvarez, periodista de El Universal, en un artículo sobre la nueva ola de la champeta. Según él, esa decisión ha confundido a los no conocedores sobre aquello que sí es champeta y, además, le ha echado tierra a los esfuerzos de los precursores que intentaron difundir y hacer sonar un ritmo, tal como era, más allá de los barrios cartageneros.

Y hay otros que en esa transformación también ven un “blanqueamiento” del género. Un giro que abandonó las cosas que ataban la champeta a los barrios marginales —un cierto uso del lenguaje, la presencia de ciertas temáticas, los saludos a la gente del barrio— con el fin de volver la música más amable para personas de otras clases sociales y de otros contextos.

Para Leonardo, que es promotor de El Rey de Rocha, manager de varios artistas y que bien puede considerarse uno de los pioneros, estas críticas no tienen sentido y, sobre todo, ignoran el proceso normal de la industria musical en la que los ritmos crecen y se transforman y buscan vender. Incluso acepta, aunque con algo de reticencia, que esos costeños que están en Bogotá y que frente al auge de la champeta se ponen a hacer grupos y a tocarla también son parte de la evolución del género.

“Si analizas el reggaeton de antes y lo comparas con el de ahora te das cuenta de que ha cambiado. El vallenato también ha cambiado. El reggaeton de Don Omar que tú escuchabas es distinto al de ahora, al de Bad Bunny: son cosas diferentes. En general, de toda la música en el mundo la gente busca la parte comercial. La esencia de la champeta no se está perdiendo, sigue siendo la champeta del barrio. De hecho los dichos que se utilizan, la forma de expresión de las canciones, pegan en los barrios. De pronto lo que estamos quitando es el doble sentido”, dice Leonardo cuando le pregunto sobre el “blanqueamiento” del género.

De hecho, una de las críticas fuertes que recibió la champeta hace unos años era el fuerte lenguaje sexual que en algunos casos resultaba machista y violento hacia las mujeres. Leonardo, dice, prefiere una champeta que sus hijos de siete y cuatro años puedan escuchar y que, a diferencia de las canciones de Bad Bunny, me cuenta, no tenga que andar preocupado por oír a sus hijos cantarlas.

Por otro lado, Leonardo acepta que han cambiado cosas en la estética de la champeta y de sus artistas y que probablemente resultado de eso es el hecho de que han llegado nuevas personas y nuevos espacios en los que ahora la champeta se escucha y se baila. En los últimos tres años, por ejemplo, en Cartagena se ha venido realizando Champetú, una fiesta de champeta que se ubica en el centro de Cartagena, lejos de los barrios, y que convoca a otras personas de la ciudad: extranjeros, gente de otras clases sociales. Y mientras algunos ven en esa fiesta una exportación de la champeta a ambientes en los que no se tenga que lidiar con todo lo que implica la fiesta de picó de barrio, para Leonardo es simplemente la oportunidad de que la champeta se escuche más.

“Yo pienso que ha entrado a muchos sitios donde antes no la escuchaban. Ha sido duro, no ha sido fácil, porque la champeta viene del barrio, pero creo que hoy día la están consumiendo más los de la alta que ya gozan su fiesta. Cualquier fiesta contratan a un artista de champeta o están colocando champeta, y yo creo que eso es debido a todo el cambio que se le ha dado”.

Me cuenta que El Rey ha tocado en el Centro de Convenciones de Cartagena, en Europa y que incluso hicieron una fiesta con Champetú que salió muy bien. Me dice que eso le alegra porque el género se está expandiendo y que en el fondo es lo mismo: la misma canción que suena en el barrio es la canción que suena en el teatro. Y agrega que incluso los artistas, los grandes que hoy suenan en todo el país, como Mr. Black, también tienen sus raíces en el barrio, en el Olaya, y que el hecho de que ahora se vistan distinto o vivan en otro lado no hace que se pierda en su música la esencia barrial de la champeta.

Y la popularidad y el acogimiento de los cartageneros por El Rey sigue siendo el mismo aunque el sonido y los escenarios hayan variado. Eso fue evidente en el III Foro Jóvenes Protagonistas del Cambio, organizado por la Cámara de Comercio de Cartagena, al que fue invitado Leonardo Iriarte y recibido por una multitud de jóvenes de distintas clases sociales que gritaron y aplaudieron cuando su presencia fue anunciada.

En Cartagena, así el sonido haya cambiado y las fiestas ya no se hagan solo en el barrio, El Rey de Rocha sigue siendo eso, un rey de la champeta.

“Ya El rey hay que traerlo de allá para acá. Eso es lo que estamos haciendo, traerlo a una parte diferente para que la gente pueda venir, al que le da miedo el barrio y eso, ya también pueda gozárselo. La champeta siempre sale del pueblo, sale del barrio, de Cartagena. Yo pienso que la champeta siempre va a ser del barrio asñi como yo siempre voy a ser de mi pueblo”, termina Leonardo.

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