Una profesora de retórica explica cómo ganar una discusión por internet


Artículo publicado originalmente por VICE Italia.

Lo opuesto al auto-cuidado es involucrarse en una discusión con un extraño en redes sociales. Sin embargo, hay momentos en los que, a pesar de tus mejores intenciones, simplemente no puedes dejar que esos que están equivocados se queden sin ser desafiados; y si decides meterte en esa madriguera de conejos, es mejor que llegues preparado.

Elisabetta Matelli es una profesora de retórica clásica en la Universidad Católica de Milán. Hablé con ella para averiguar por qué los trolls de internet pueden ser tan efectivos, cómo combatir los discursos de odio, y si es correcto, cuando todo lo demás falla, simplemente decirle a alguien que se vaya a la mierda.

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Presidente Obama y Jack Dorsey organizando un Q&A de Twitter. Foto cortesía de los Archivos de la Casa Blanca

VICE: Como una experta en retórica, ¿por qué crees que las personas usualmente hablan con categóricos y frases de cajón?
Elisabetta Matelli: El concepto de eslóganes y frases de cajón datan hasta los griegos antiguos en Sicilia. Existía un esfuerzo creciente en la época para que la democracia reemplazara las monarquías y dictaduras predominantes. Sin embargo, la diferencia con hoy en día, era que estos eslóganes fueron creados para difundir sabiduría; máximas como “conócete a ti mismo” o “quien ríe de último, ríe mejor”. Estas expresiones pueden aplicarse a muchas situaciones y están pensadas para fortalecer nuestras conclusiones porque resumen cualquier tema que uno acaba de argumentar. Las máximas eran y son pensadas como figuras retóricas que todo el mundo reconocía que tenían un valor más alto que los discursos regulares.

¿Qué ha cambiado?
Críticamente, nuestra cultura contemporánea de alguna forma ha disminuido el nivel de sabiduría, así que lo único que necesitamos es que alguien popular diga una frase que sea pegajosa y muchas personas la van a repetir. El problema que tenemos ahora es con las personas a quienes les hemos dado la autoridad. En el pasado, éramos capaces de reconocer el valor de una persona—citábamos a un filósofo o a un gran poeta, sabiendo que estaban más cerca de la verdad. Hoy, no solemos siquiera cuestionar si ciertas afirmaciones son ciertas. Estamos presenciando una caída en nuestro reconocimiento del valor societario.

¿Qué hace a un eslogan exitoso?
Para que un eslogan sea efectivo, no solo tiene que venir de un lugar de autoridad, sino que necesita ser universal, dado que puede aplicarse en cualquier momento.

Empecemos desde ahí. Digamos que tenemos a dos sujetos hablando de un tema controversial, como la inmigración, y uno de ellos dice, “Deberían quedarse en sus casas, no deberían venir aquí porque van a robar nuestros trabajos” ¿Cuál es una buena respuesta para una afirmación como esa?

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La suposición general en un argumento es que tanto tú como yo creemos que tenemos dos verdades, que mantenemos en un nivel racional, emocional, y sensitivo. Y creemos en ellas tan fuertemente que estamos dispuestos a luchar por ellas. Pero también necesitamos considerar la intención: ¿Estamos debatiendo para ganar y mostrarle a la otra persona que somos superiores, o para buscar juntos una verdad que está por encima de nuestro entendimiento colectivo? Una parte efectiva de la persuasión retórica usualmente sucede cuando las personas están intentando resolver un conflicto honestamente, de otra manera, lo único que uno está haciendo es pelear—cosa que vemos muy fácilmente en nuestra sociedad.

Yo intentaría apuntar a un acercamiento empático; una forma de entender mejor los miedos de la otra persona. Básicamente, si yo quiero contradecirte, no es suficiente para mí decir lo opuesto. Necesito buscar la premisa dominante. Es como cavar en nuestro conocimiento mutuo y descubrir que la verdad está a medio camino entre lo que tú crees y lo que yo creo.

¿Entonces debería preguntarle a la otra persona cuáles son los miedos que lo han llevado a pensar que los inmigrantes vienen a robar su trabajo?
Yo no hablaría tan explícitamente de los miedos porque puede que se pongan a la defensiva. En cambio, yo intentaría entender sus motivaciones al preguntarles por qué creen eso. Si explican que están desempleados y se preocupan de que les van a quitar las oportunidades de trabajo, entonces eso es algo que uno tiene que considerar. Si uno no tiene en cuenta esa experiencia, se arriesga a simplificar su realidad y no será capaz de fortalecer realmente el argumento y alcanzar una solución compartida.

¿Qué pasa si yo sé que simplemente se trata de alguien xenofóbico?
En ese caso, yo presentaría datos y hechos para intentar lograr que la otra persona entre en razón. Pero igual tendría que entender la raíz de esa xenofobia. Si es un impulso irracional, quizás tendría que empezar por las experiencias que lo motivaron. Hay muchas conversaciones sobre los neo-nazis hoy en día. En cuanto a todas las ideologías, comienzan con y esconden los signos de inseguridad social—y la gente se adhiere a ello porque de alguna manera encuentran una comida preparada que pueden comer fácilmente porque creen que obtendrán seguridad a cambio.

¿Qué tan importante es la proximidad física entre las dos partes?
La comunicación no solo es verbal o racional, también puede ser no verbal. Así que en general, el resultado de un diálogo donde no es necesario ser un completo ganador será más probable que sea positivo si estamos hablando juntos con un café, y no en un estudio de televisión donde la distancia entre nosotros es exagerada a propósito, o en internet, donde ni siquiera nos vemos en persona.

¿Entonces qué haría uno si la persona simplemente se niega a escuchar razones, o dice algo básico como, ‘¿Por qué no te metes tus palabras donde sabes?’, repitiendo un dicho popular, pero infundado?
Yo contestaría que nuestro sistema de migración no requiere que tengamos huéspedes refugiados en la casa. Es una premisa falsa. Estaría haciendo preguntas sobre un contexto que no existe. Yo le diría que es tan relevante como si yo preguntara por qué los elefantes no nadan en el océano.

Si veo que la persona está realmente atascada en su punto de vista y no es abierta al diálogo, ¿puedo simplemente decirle que se vaya a la mierda?
No abusaría verbalmente de la persona porque un insulto lo rebaja a uno a un estado de debilidad. La manera correcta de decirles que se vayan a la mierda es dejar de hablar y terminar la conversación.

¿Tienes alguna recomendación para las personas que quieren estudiar el arte de la argumentación?
Creo que la retórica debería ser enseñada en todas las escuelas porque enseña lo básico para distinguir las mentiras de la verdad. Aristóteles explicó que la aparición de la verdad no se trata necesariamente de manipular la verdad, sino de nuestro intento de acercarnos a una verdad que no conocemos.

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Sugeriría leer la Retórica de Aristóteles y el Institutio Oratoria de Quintillian. Sus aplicaciones prácticas han estado detrás de algunos de los discursos más efectivos de la historia. Más recientemente, está el trabajo de Marshall Rosenberg, quien explica que las palabras pueden ser ventanas o paredes, dependiendo de cómo son usadas. A partir de eso, podemos extrapolar el acercamiento empático, que trata de la apertura hacia el otro, no del abuso de poder.

Somos pobremente educados en esto en nuestro lenguaje actual cultural, que busca, fraudulentamente, hacer que algo parezca maravilloso que no es exactamente cómo se ve. El hombre contemporáneo está siendo explotado por ejemplos extremadamente malos de “comunicación comercial” en el sentido más amplio. Si reducimos la comunicación de preguntas existencialmente importantes al nivel de las publicidades, nos adjuntamos a una pequeña dimensión y nos volvemos incapaces de lidiar con la complejidad del presente.

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