¿Realmente se puede quebrar el Grupo Aval si sus clientes se retiran de los bancos?


Artículo publicado por VICE Colombia.


Durante el fin de semana pasado empezaron a circular por Twitter videos de personas que cortaban y destruían sus tarjetas de crédito y débito vinculadas al Grupo Aval. Otros tantos escribían sus intenciones de sacar su dinero y cerrar sus cuentas en el Banco de Bogotá, Banco Av Villas, Banco de Occidente y Banco Popular, los principales bancos que hacen parte del grupo económico del que es dueño Luis Carlos Sarmiento Angulo.

La razón de esa indignación son las recientes acusaciones realizadas en el Congreso de la República por Gustavo Petro, Angélica Lozano y Jorge Robledo en contra del Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, quienes la semana pasada mostraron pruebas que lo vinculan presuntamente al caso de corrupción de Odebrecht, junto con el Grupo Aval. Según estas últimas pruebas, algunas dependencias del grupo estarían supuestamente involucradas en pagos de sobornos y otras actividades ilícitas relacionadas con Odebrecht y sus obras, como la Ruta del Sol, por las cuales hoy la empresa brasileña se encuentra en proceso de investigación en la Fiscalía General.

En resumen, uno de los grupos bancarios más grandes del país habría presuntamente pagado sobornos y el Fiscal, que era antes abogado del Grupo Aval, estaría protegiendo este grupo de bancos, y de paso a Luis Carlos Sarmiento Angulo, de ser investigados y sancionados.

Ante esas acusaciones fue que #NoAlGrupoAval se volvió tendencia en Twitter durante todo el fin de semana. Con el paso de las horas, tanto políticos, líderes de opinión y particulares, fueron uniéndose a la conversación virtual. Muchos pasaron de las redes sociales a las acciones concretas y cortaron sus tarjetas, fueron a los bancos de este grupo a cancelar sus cuentas y pensiones de los bancos del Grupo Aval.

Varios usuarios de Twitter afirmaban que estos actos iban a llevar a una quiebra inminente al Grupo Aval. Algunos incluso dieron pequeñas clases de economía, en donde explicaban que el Grupo Aval, y muchos otros bancos, no tenían la suficiente liquidez para sostenerse si sus clientes retiraban su dinero.

Lo peor vendría poco después, cuando este mismo fin de semana que acaba de pasar, la Superintendencia Financiera presentó una denuncia ante la misma Fiscalía en contra de varias cuentas de Twitter que, según la entidad, estarían creando “pánico financiero” al cuestionar al Grupo Aval. Ahora los criminales, según la dependencia del Estado, eran los usuarios de Twitter que hablaban mal de los bancos. Era a ellos a quienes había que investigar.

¿Pero qué tan cierto es que la tendencia en Twitter a destruir las tarjetas y retirar la plata de los bancos es una forma de sembrar “pánico financiero”? ¿De verdad con que unos cuantos ciudadanos del común retiren su dinero y sus productos financieros del Grupo Aval basta para que este se quiebre?

“Yo dudo que el escándalo que hay por redes sea suficiente como para que haya un boicot económico que afecte al Grupo Aval”, asegura el periodista económico Juan Vega. “Tendrían que salirse decenas de miles de personas de los bancos para que haya algún impacto fuerte para ellos, y creo que hasta el momento es muy poca la gente que se ha salido o ha sacado sus productos del banco”, explica.

Hablémoslo con números.

Según los reportes del Grupo Aval, a 2018 el grupo tiene un total de 14,7 millones de clientes, de los cuales 11,3 millones están en Colombia. Sin embargo, para medir el impacto que podría tener el retiro de cuentas y de plata no sirve saber el número de clientes.

“Usted podría imaginarse que de esos 14 millones de clientes, 10 millones tengan unos depósitos muy pequeños y eso podría no tener efecto. Pero si hay unos 4 millones de clientes, por ejemplo, con depósitos grandes, clientes corporativos, es posible que si se salen cuatro o un millón de esos clientes el efecto pueda ser más grande”, explica por su parte Andrés Álvarez, doctor en economía y profesor de la Universidad de los Andes.

Según Álvarez, lo importante a la hora de saber si un retiro masivo de clientes podría volverse una crisis para el Grupo Aval es saber la cantidad de plata que tiene el banco y la cantidad de plata que pueden sacar sus clientes de él. En términos técnicos, la diferencia entre lo que en economía se denomina activos líquidos y pasivos líquidos.

En este momento, según un reporte de 2018 del Grupo Aval, la relación entre esas dos cosas es del 13,9 por ciento. Es decir que los bancos del grupo solo tienen capacidad para cubrir un poco más del 10 por ciento del dinero que pueden sacar sus clientes. Si por alguna razón hubiera suficientes clientes pequeños del Grupo Aval, o varios clientes grandes, que sacaran su plata de los bancos del grupo y sumaran entre todos el 20 o 30 por ciento del dinero acumulado en cuentas corrientes y de ahorro, el Grupo Aval enfrentaría una crisis de liquidez. Es decir, no tendría plata a la mano, física, con la qué pagar y sus clientes tendrían que esperar a que los bancos pudieran conseguir ese dinero cobrando deudas, préstamos y echando mano de otros activos.

Aún así, aunque el Grupo Aval solo pueda responder en caso de retiro masivo por el 10 por ciento del dinero de sus clientes, para Álvarez la presunta crisis y “pánico económico” están muy lejos de convertirse en una realidad.

“Cuando un número suficientemente grande de clientes se retira, el problema es que se contagien otros. Que otras personas se preocupen, crean que el banco no va a tener cómo responder ante ese retiro masivo y empiecen a irse ellos también (…). Yo lo que creo es que es muy poco probable que llegue a niveles tan grandes como para que haya un pánico de ese estilo y haya contagio”.

Porque además, asegura Álvarez, hay que recordar que las cuentas corrientes y de ahorros son apenas una parte de lo que constituye el Grupo Aval: el Banco Popular, el de Bogotá y AV Villas son solo una de las caras del grupo. Por otro lado hay fondos de pensiones y bancos que no están relacionados con clientes individuales y que reciben su nómina en cuentas de ahorro, sino otras formas bancarias que se relacionan con cliente más grandes, como Corficolombiana, la entidad que está más directamente relacionada con el escándalo de Odebrecht.

Sin embargo, el escándalo del Grupo Aval, en el caso de Odebrecht, sí le ha traído consecuencias financieras al grupo económico, aunque no directamente por el retiro de dineros y de cuentas. “Cualquier pérdida de clientes en este momento, aunque no les cree ese pánico en términos de una crisis de liquidez, creo que sí afecta sus precios accionarios y seguramente les va a reducir las ganancias. Porque efectivamente el mercado accionario va a reaccionar, y ya está reaccionando un poco”, afirma Álvarez.

Y de hecho, mucho antes de que la tendencia en Twitter se desatara y la Superintendencia saliera a hablar de “pánico financiero” por personas que están filmando cómo cortan sus tarjetas, el Grupo Aval ya había perdido 1.000 millones de dólares solo en el último mes. La razón es la devaluación de las acciones, una respuesta de los inversionistas frente a las primeras noticias que vincularon al grupo con el escándalo de corrupción de Odebrecht.

Esto quiere decir que lo que más le ha hecho perder plata al Grupo Aval y lo que más ha sembrado el famoso “pánico económico” no son los clientes que retiran su dinero, sino el escándalo mismo que ha hecho mella en la confianza de los inversionistas que compran y venden acciones de los bancos del grupo.

“Esto es más una cosa de susto y de imagen que puede tener efectos sobre las acciones. Es ridículo pensar que por Twitter se va a producir un pánico financiero de ese estilo”, sentencia el profesor. “Es totalmente absurdo que la Superintendencia se ocupe del caso. Me parece una cosa ridícula” opina.

¿Y entonces por qué es que todo el escándalo se ha enfocado en las acciones de los ciudadanos y de los clientes del banco? ¿Por qué se ha acusado que lo que puede poner en riesgo a los bancos son los ciudadanos y no el escándalo de corrupción en el que se están viendo implicados?

Y, lo más importante, ¿irse de un banco y publicarlo en redes explicando las razones que sea, es una acción tan grave como el Estado quiere hacerlo ver? ¿Es un crimen hablar mal de un banco?

¿A la final no estamos hablando de libre albedrío y libertad de expresión?

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